viernes 21 de noviembre de 2008

POESÍA DE RAFAEL ALBERTI

Rafael Alberti
Antología
poética


RAFAEL ALBERTI
ANTOLOGÍA POÉTICA


Rafael Alberti
Antología poética


ÍNDICE
A Federico García Lorca ........................................... 9
A galopar .................................................................... 10
A la acuarela............................................................... 12
A Luis Cernuda, aire del Sur buscado en
Inglaterra ............................................................... 13
A Miss X, enterrada en el viento del Oeste ............. 15
A Rosa de Alberti, que tocaba, pensativa, el arpa
(siglo XIX) ................................................................. 18
A un capitán de navío ................................................ 19
Al claroscuro .............................................................. 20
Al color ........................................................................ 21
Alguien........................................................................ 22
Amaranta .................................................................... 24
Asombro de la estrella ante el destello ................... 25
Campo de batalla ....................................................... 26
Can de llamas ............................................................. 27
Canción 8 .................................................................... 29
Canción a Altair ......................................................... 30
Canción de amor ........................................................ 31
Canto río con tus aguas ............................................. 32


6
Corrida de toros ......................................................... 34
Cuba dentro de un piano ........................................... 36
Cúbreme, amor, el cielo de la boca .......................... 38
Desahucio ................................................................... 39
Diálogo entre Venus y Príapo .................................. 40
Dime que sí ................................................................. 50
El aburrimiento ......................................................... 52
El alba denominadora ............................................... 54
El ángel ángel............................................................. 55
El ángel avaro ............................................................ 56
El ángel bueno............................................................ 58
El ángel de los números ............................................ 59
El ángel del carbón .................................................... 61
El ángel desconocido ................................................. 63
El cuerpo deshabitado............................................... 64
El farolero y su novia ................................................ 65
El mar. La mar ........................................................... 66
El niño de la palma (Chuflillas) ............................... 67
El tonto de Rafael ...................................................... 69
Elegía a Garcilaso ...................................................... 71
En el día de su muerte a mano armada ................... 73
Gimiendo por ver el mar ........................................... 75
Grumete...................................................................... 76
Guerra a la guerra por la guerra ............................. 77
Huele a sangre mezclada con espliego .................... 78
Invitación al aire ........................................................ 79
La niña rosa, sentada ................................................ 80
La paloma ................................................................... 81
Lloraba recio, golpeando, oscuro ............................. 82
Lo que dejé por ti ....................................................... 83
Los ángeles muertos .................................................. 84
Los ángeles sonámbulos ............................................ 86
Luna mía de ayer, hoy de mi olvido ......................... 88
Madrigal al billete de tranvía................................... 89


7
Malva-luna de yelo .................................................... 90
Me digo y me retedigo ............................................... 91
Mi corza ...................................................................... 92
Mi lira ......................................................................... 93
Mito ............................................................................. 94
Muerte y juicio ........................................................... 95
Nocturno ..................................................................... 98
Nocturno ..................................................................... 100
Pamplinas ................................................................... 101
Paraíso perdido .......................................................... 103
Peñaranda de Duero.................................................. 105
Pirata .......................................................................... 106
Por allí, hondo, una humedad ardiente ................... 107
Por amiga .................................................................... 108
Pregón ......................................................................... 109
Retornos del amor ante las antiguas deidades ...... 110
Retornos del amor en la noche triste ...................... 112
Retornos del amor en las arenas.............................. 114
Retornos de amor en los vívidos paisajes ............... 116
Retornos del amor en una azotea ............................. 118
Retornos del amor en una noche de verano ............ 120
Retornos del amor recién aparecido ....................... 122
Retornos del amor tal como era ............................... 124
Retornos del ángel de sombra .................................. 125
Retornos del otoño .................................................... 127
Sabes tanto de mí ....................................................... 129
Salas de los infantes (pregón del amanecer) .......... 130
San Rafael (Sierra de Guadarrama) ........................ 131
Se despertó una mañana ........................................... 132
Si Garcilaso volviera ................................................. 133
Si mi voz muriera en tierra ...................................... 134
Si yo nací campesino.................................................. 135
Sixtina ......................................................................... 136
Soneto ......................................................................... 137


8
Tal vez, oh mar... ........................................................ 138
Te digo adios, amor ................................................... 139
Tirteo .......................................................................... 140
Tres recuerdos del cielo ............................................ 141
Un papel desvelado en su blancura ......................... 144
Vaivén ......................................................................... 145
Ven .............................................................................. 147
Vuela la noche antigua de erecciones ..................... 148



9
A FEDERICO GARCÍA LORCA
Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
en largo ciervo de agua convertido,
hacia el mar de las albas claridades,
del martín-pescador mecido nido;
que yo saldré a esperarte, amortecido,
hecho junco, a las altas soledades,
herido por el aire y requerido
por tu voz, sola entre las tempestades.
Deja que escriba, débil junco frío,
mi nombre en esas aguas corredoras,
que el viento llama, solitario, río.
Disuelto ya en tu nieve el nombre mío,
vuélvete a tus montañas trepadoras,
ciervo de espuma, rey del monterío.


10
A GALOPAR
Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.



11
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.
¡A galopar,
a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!




12
A LA ACUARELA
A ti, límpida, inmácula, expandida,
jubilosa, mojada, transparente.
Para el papel, su abrevadora frente
agua primaveral, lluvia florida.
A ti, instántanea rosa sumergida,
líquido espejo de mirar corriente.
Para el pincel, su cabellera ardiente,
fresca y mitigadora luz bebida.
A ti, ninfa de acequias y atanores,
alivio de la sed de los colores,
alma ligera, cuerpo de premura.
Llorada de tus ojos, corres, creces,
feliz te agotas, cantas, amaneces.
A ti, río hacia el mar de la Pintura.


13
A LUIS CERNUDA, AIRE DEL SUR BUSCADO EN
INGLATERRA
Si el aire se dijera un día:
—Estoy cansado,
rendido de mi nombre... Ya no quiero
ni mi inicial para firmar el bucle
del clavel, el rizado de la rosa,
el pliegecillo fino del arroyo,
el gracioso volante de la mar y el hoyuelo
que ríe en la mejilla de la vela...
Desorientado, subo de las blandas,
dormidas superficies
que dan casa a mi sueño.
Fluyo de las paradas enredaderas, calo
los ciegos ajimeces de las torres;
tuerzo, ya pura delgadez, las calles
de afiladas esquinas, penetrando,
roto y herido de los quicios, hondos
zaguanes que se van a verdes patios
donde el agua elevada me recuerda,
dulce y desesperada, mi deseo...


14
Busco y busco llamarme
¿con qué nueva palabra, de qué modo?
¿No hay soplo, no hay aliento,
respiración capaz de poner alas
a esa desconocida voz que me denomine?
Desalentado, busco y busco un signo,
un algo o alguien que me sustituya
que sea como yo y en la memoria
fresca de todo aquello, susceptible
de tenue cuna y cálido susurro,
perdure con el mismo
temblor, el mismo hálito
que tuve la primera
mañana en que al nacer, la luz me dijo:
—Vuela. Tú eres el aire.
Si el aire se dijera un día eso...



15
A MISS X, ENTERRADA EN EL VIENTO DEL OESTE
¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!
Blusas en las ventanas,
los peluqueros
lloran sin tu melena
—fuego rubio cortado—.
¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero,
alba sin colorete,
sola,
tan libre,
tú,
en el viento!
No llevabas pendientes.
Las modistas, de blanco, en los balcones,
perdidas por el cielo.
—¡A ver!
¡Al fin!
¿Qué?
¡No!
Sólo era un pájaro,
no tú,


16
Miss X niña.
El barman, ¡oh, qué triste!
(Cerveza.
Limonada.
Whisky.
Cocktail de ginebra.)
Ha pintado de negro las botellas.
Y las banderas,
alegrías del bar,
de negro, a media asta.
¡Y el cielo sin girar tu radiograma!
Treinta barcos,
cuarenta hidroaviones
y un velero cargado de naranjas,
gritando por el mar y por las nubes.
Nada.
¡Ah, Miss X! ¿Adónde?
S. M. el Rey de tu país no come.
No duerme el Rey.
Fuma.
Se muere por la costa en automóvil.
Ministerios,
Bancos del oro,
Consulados,
Casinos,
Tiendas,
Parques,
cerrados.
Y, mientras, tú, en el viento
—¿te aprietan los zapatos?—,
Miss X, de los mares
—di, ¿te lastima el aire?—.
¡Ah, Miss X, Miss X, qué fastidio!
Bostezo.


17
Adiós...
Good bye...
(Ya nadie piensa en ti. Las mariposas
de acero,
con las alas tronchadas,
incendiando los aires,
fijas sobre las dalias
movibles de los vientos.
Sol electrocutado.
Luna carbonizada.
Temor al oso blanco del invierno.
Veda.
Prohibida la caza
marítima, celeste,
por orden del Gobierno.
Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.)


18
A ROSA DE ALBERTI, QUE TOCABA, PENSATIVA, EL ARPA
(SIGLO XIX)
Rosa de Alberti allá en el rodapié
del mirador del cielo se entreabría,
pulsadora del aire y prima mía,
al cuello un lazo blanco de moaré.
El barandal del arpa, desde el pie
hasta el bucle en la nieve, la cubría.
Enredando sus cuerdas, verdecía,
alga en hilos, la mano que se fue.
Llena de suavidades y carmines,
fanal de ensueño, vaga y voladora,
voló hacia los más altos miradores.
¡Miradla querubín de querubines,
del vergel de los aires pulsadora.
Pensativa de Alberti entre las flores!


19
A UN CAPITÁN DE NAVÍO
Sobre tu nave —un plinto verde de algas marinas,
de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar,
capitán de los vientos y de las golondrinas—,
fuiste condecorado por un golpe de mar.
Por ti los litorales de frentes serpentinas
desenrollan, al paso de tu arado, un cantar:
—Marinero, hombre libre que los mares declinas,
dinos los radiogramas de tu estrella Polar.
Buen marinero, hijo de los llantos del norte,
limón del mediodía, bandera de la corte
espumosa del agua, cazador de sirenas;
todos los litorales amarrados del mundo
pedimos que nos lleves en el surco profundo
de tu nave, a la mar, rotas nuestras cadenas.
Homme libre, toujours
tu chériras la mer.
C. BAUDELAIRE



20
AL CLAROSCURO
A ti, nocturno, por la luz herido,
luz por la sombra herida de repente;
arrebatado, oscuro combatiente,
claro ofensor de súbito ofendido.
A ti, acosado, envuelto, interrumpido,
pero de pie, desesperadamente.
Si el día tiembla, tú, noche valiente;
si la noche, tú, día enardecido.
A ti, contrario en busca de un contrario,
adverso que al morder a su adversario
clava la sombra en una luz segura.
Tu duro batallar es el más duro:
claro en la noche y por el día oscuro.
A ti, Rembrandt febril de la Pintura.


21
AL COLOR
A ti, sonoro, puro, quieto, blando,
incalculable al mar de la paleta,
por quien la neta luz, la sombra neta
en su transmutación pasan soñando.
A ti, por quien la vida combinando
color y color busca ser concreta;
metamorfosis de la forma, meta
del paisaje tranquilo o caminando.
A tí, armónica lengua, cielo abierto,
descompasado dios, orden, concierto,
raudo relieve, lisa investidura.
Los posibles en ti nunca se acaban.
Las materias sin términos te alaban.
A ti, gloria y pasión de la Pintura.



22
ALGUIEN
Alguien barre
y canta
y barre
(zuecos en la madrugada).
Alguien
dispara las puertas.
¡Qué miedo,
madre!
(¡Ay, los que en andas del viento,
en un velero a estas horas
vayan arando los mares!)
Alguien barre
y canta
y barre.
Algún caballo, alejándose,
imprime su pie en el eco
de la calle.
¡Qué miedo,
madre!



23
¡Si alguien llamara a la puerta!
¡Si se apareciera padre
con su túnica talar
chorreando!...
¡Qué horror,
madre!
Alguien barre
y canta
y barre.



24
AMARANTA
Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados
pórticos de limones desviados
por el canal que asciende a tu garganta.
Rojo, un puente de rizos se adelanta
e incendia tus marfiles ondulados.
Muerde, heridor, tus dientes desangrados,
y corvo, en vilo, al viento te levanta.
La soledad, dormida en la espesura
calza su pie de céfiro y desciende
del olmo alto al mar de la llanura.
Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende,
y gladiadora, como un ascua impura
entre Amaranta y su amador se tiende.



25
ASOMBRO DE LA ESTRELLA ANTE EL DESTELLO
Asombro de la estrella ante el destello
de su cardada lumbre en alborozo.
Sueña el melocotón en que su bozo
Al aire pueda amanecer cabello.
Atónito el limón y agriado el cuello,
Sufre en la greña del membrillo mozo,
Y no hay para la rosa mayor gozo
Que ver sus piernas de espinado vello.
Ensombrecida entre las lajas, triste
De sufrirlas tan duras y tan solas,
Lisas para el desnudo de sus manos,
Ante el crinado mar que las embiste,
Mira la adolescente por las olas
Poblársele las ingles de vilanos.



25
ASOMBRO DE LA ESTRELLA ANTE EL DESTELLO
Asombro de la estrella ante el destello
de su cardada lumbre en alborozo.
Sueña el melocotón en que su bozo
Al aire pueda amanecer cabello.
Atónito el limón y agriado el cuello,
Sufre en la greña del membrillo mozo,
Y no hay para la rosa mayor gozo
Que ver sus piernas de espinado vello.
Ensombrecida entre las lajas, triste
De sufrirlas tan duras y tan solas,
Lisas para el desnudo de sus manos,
Ante el crinado mar que las embiste,
Mira la adolescente por las olas
Poblársele las ingles de vilanos.


27
CAN DE LLAMAS
Sur.
Campo metálico, seco.
Plano, sin alma, mi cuerpo.
Centro.
Grande, tapándolo todo,
la sombra fija del perro.
Norte.
Espiral sola mi alma,
jaula buscando a su sueño.
¡Salta sobre los dos! ¡Hiérelos!
¡Sombra del can, fija, salta!
¡Únelos, sombra del perro!
Riegan los aires aullidos
dentados de agudos fuegos.



28
¡Norte!
Se agiganta el viento norte...
Y huye el alma.
¡Sur!
Se agiganta el viento sur...
Y huye el cuerpo.
¡Centro!
Y huye, centro,
candente, intensa, infinita,
la sombra inmóvil del perro.
Su sombra fija.
Campo metálico, seco.
Sin nadie.
Seco.



29
CANCIÓN 8
Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!
Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, a caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.
Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme agua.



30
CANCIÓN A ALTAIR
Cuando abre sus piernas Altair
en la mitad del cielo,
fulge en su centro la más bella noche
concentrada de estrellas
que palpitan lloviéndose en mis labios,
mientras aquí en la tierra,
una lejana, ardiente
pupila sola, anuncia la llegada
de una nueva; dichosa,
ciega constelación desconocida.
Altair:
Oh, soñar con tus siempre apetecidas
altas colinas dulces y apretadas,
y con tus manos juntas resbaladas,
en el monte de Venus escondidas...



31
CANCIÓN DE AMOR
Amor, deja que me vaya,
déjame morir, amor.
Tú eres el mar y la playa.
Amor.
Amor, déjame la vida,
no dejes que muera, amor.
Tú eres mi luz escondida.
Amor.
Amor, déjame quererte.
Abre las fuentes, amor.
Mis labios quieren beberte.
Amor.
Amor, está anocheciendo.
Duermen las flores, amor,
y tú estás amaneciendo.
Amor.



32
CANTO RÍO CON TUS AGUAS
Canto, río, con tus aguas:
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no lloran.
Yo nunca seré de piedra.
Lloraré cuando haga falta.
Lloraré cuando haga falta.
Lloraré cuando haga falta.
Canto, río, con tus aguas:
De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan.
Yo nunca seré de piedra.
Gritaré cuando haga falta.


33
Reiré cuando haga falta.
Cantaré cuando haga falta.
Canto, río, con tus aguas:
Espada, como tú, rio.
Como tú también, espada.
También, como tú, yo, espada.
Espada, como tú, río,
blandiendo al son de tus aguas:
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan.



34
CORRIDA DE TOROS
De sombra, sol y muerte, volandera
grana zumbando, el ruedo gira herido
por un clarín de sangre azul torera.
Abanicos de aplausos, en bandadas,
descienden, giradores, del tendido,
la ronda a coronar de los espadas.
Se hace añicos el aire, y violento,
un mar por media luna gris mandado
prende fuego a un farol que apaga el viento.
¡Buen caballito de los toros, vuela,
sin más jinete de oro y plata, al prado
de tu gloria de azúcar y canela!
Cinco picas al monte, y cinco olas
sus lomos empinados convirtiendo
en verbena de sangre y banderolas.
Carrusel de claveles y mantillas
de luna macarena y sol, bebiendo,
de naranja y limón, las banderillas.



35
Blonda negra, partida por dos bandas,
de amor injerto en oro la cintura,
presidenta del cielo y las barandas,
rosa en el palco de la muerte aún viva,
libre y por fuera sanguinaria y dura,
pero de corza el corazón, cautiva.
Brindis, cristiana mora, a ti, volando,
cuervo mudo y sin ojos, la montera
del áureo espada que en el sol lidiando
y en la sombra, vendido, de puntillas,
da su junco a la media luna fiera,
y a la muerte su gracia, de rodillas.
Veloz, rayo de plata en campo de oro
nacido de la arena y suspendido,
por un estambre, de la gloria, al toro,
mar sangriento de picas coronado,
en dolorosa grana convertido,
centrar el ruedo manda, traspasado.
Feria de cascabel y percalina,
muerta la media luna gladiadora,
de limón y naranja, remolina
de la muerte, girando, y los toreros,
bajo una alegoría voladora
de palmas, abanicos y sombreros.



36
CUBA DENTRO DE UN PIANO
Cuando mi madre llevaba un sorbete de fresa por
sombrero
y el humo de los barcos aun era humo de habanero.
Mulata vuelta bajera.
Cádiz se adormecía entre fandangos y habaneras
y un lorito al piano quería hacer de tenor.
Dime dónde está la flor que el hombre tanto venera.
Mi tío Antonio volvía con su aire de insurrecto.
La Cabaña y el Príncipe sonaban por los patios del
Puerto.
(Ya no brilla la Perla azul del mar de las Antillas.
Ya se apagó, se nos ha muerto).
Me encontré con la bella Trinidad.
Cuba se había perdido y ahora era verdad.
Era verdad, no era mentira.
Un cañonero huido llegó cantándolo en guajiras.
La Habana ya se perdió. Tuvo la culpa el
dinero...



37
Calló, cayó el cañonero.
Pero después, pero ¡ah! después...
fue cuando al SÍ lo hicieron YES.


38
CÚBREME, AMOR, EL CIELO DE LA BOCA
Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.
Alóquemelo, amor, su sal, aloca
Tu lancinante aguda flor suprema,
Doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que la desboca.
¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,
para mirar cómo tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!



39
DESAHUCIO
Ángeles malos o buenos,
que no sé,
te arrojaron en mi alma.
Sola,
sin muebles y sin alcobas,
deshabitada.
De rondón, el viento hiere
las paredes,
las más finas, vítreas láminas.
Humedad. Cadenas. Gritos.
Ráfagas.
Te pregunto:
¿cuándo abandonas la casa,
dime,
qué ángeles malos, crueles,
quieren de nuevo alquilarla?
Dímelo.



40
DIÁLOGO ENTRE VENUS Y PRÍAPO
Príapo:
...Despierta, sí, cerrada
caverna de coral. Voy por tus breñas,
cabeceante, ciego, perseguido.
Ábrete a mi llamada,
al mismo sueño que en tu gruta sueñas.
Tus rojas furias sueltas me han mordido.
¿Me escuchas en lo oscuro?
sediento, he jadeado las colinas
y descendido al valle donde empieza
el caminar más duro,
pues todo, aunque cabellos, son espinas,
montes allí rizados de maleza.
¿Duermes aún? ¿No sientes
cómo mi flor, brillante y ruborosa
la piel, extensa y alta se desnuda,
y con labios calientes
—coral los tuyos y los míos rosa—
besa la noche de tus labios muda?



41
¡Despierta!...
Venus:
¿Quién me nombra?
¿quién persigue mis óleos seminales,
quién mi gruta de sombra
y navegar oculto mis canales?
Príapo:
Quien solamente puede y se desvela,
levantado por ti, de noche y día,
se atiranta en candela
y no se dobla hasta que el mar lo enfría
¡Deja que te contemple!
Venus:
Que te mire
déjame a mí también. ¡Siempre eres bello!
Príapo:
¡Déjame que en tus selvas te respire!
Venus:
¡Que me despeine en tu robusto cuello!
Príapo:
¿Por qué dormías?
Venus:
Todo era fingido.
Mi dormir no era más que desearte.
Tú alzas mi sueño cuando estás dormido.
Nací tan sólo para levantarte.


42
Príapo:
¡Oh noche clara!
Venus:
¡Oh clara luna llena!
¡Rayo directo que me inundas!
Príapo:
Eres taza de espuma azul,
concha marina,
alga abierta en la arena,
paraíso de sal de las mujeres
secreto erizo que en la mar trasmina.
Golfo nocturno, ábrete a mí, bañadas
del más cálido aliento tus riberas.
Sabes a mosto submarino, a olas
en vivientes moluscos despeñadas,
a tajamares, soles de escolleras
ya rumor de perdidas caracolas.
Sabes también...
Venus:
Repósate un momento...
Príapo:
El reposar es mi mayor tristeza.
Venus:
También yo quiero repetir al viento
toda mi admiración por tu grandeza.
Príapo:
Hincho las velas. Habla.


43
Venus:
Eres trinquete,
palo mesana, torre indagadora
y, ardido del más rojo gallardete,
cresta de gallo al despuntar la aurora.
Sales de un bosque, lanza o jabalina.
Redondos aramboles, de espejuelos
te alumbran cuando cazas.
Pende en los dos la gloria masculina.
Llenas las nubes, los cargados cielos
rebosan de sus tazas.
Príapo:
¡Oh, ven más cerca! ¡Ven!
Venus:
¡No! No me riegues,
amor, de blancos copos todavía.
Guarda, mi bien, esas nevadas flores
hasta que al fin me llegues
a lo más hondo de mi cueva umbría
con tus largos y ocultos surtidores.
Príapo:
¿Qué quieres más?
Venus:
Anhelo que me cantes
cosas que faltan. Mis alrededores
prometen sima al sur y al norte cumbres.
Príapo:
Hacia ellas van mis rayos penetrantes,
su flor certera, sus certeras lumbres.



44
Venus:
¿Qué ves, qué me iluminas?
Príapo:
¡Oh precipicio, oh noche bordeada
de oscuridad también! ¡Despeñadero
que hacia las sombras sólo me encaminas!
Te miro y más se hunde mi mirada.
si la dicha es redonda, está en tu cero.
Venus:
Pasa a los altos, sube a los alcores...
¿qué ves ahora, dime?
Príapo:
Un baluarte
de clavel y de nieve a cada lado.
¡Oh fortalezas! ¡Claros miradores
para clavar en ellos mi estandarte
y descender al bosque enamorado!
Venus:
Dime si escondes para mi ventura
cosas que acaso yo no sepa.
Príapo:
Escondo,
también allá en lo hondo
de una caverna oscura,
de blancas y mordientes
almenas vigiladas,
una muy dulce y de humedad mojada
cautiva...



45
Venus:
Yo prosigo. Son los dientes
los que fijos la rondan y dan vela.
También yo otra cautiva
como la tuya aguardo. ¿No la sientes?
A navegar sobre su propia estela
mírala aquí dispuesta, siempre viva.
Príapo:
¡Oh encendido alhelí, flor rumorosa!
Deja que tu saliva
de miel, que tu graciosa
corola lanceolada de rubíes
mojen mi lengua, ansiosa
de en la tuya mojar mis carmesíes.
Venus:
¡Flor contra flor!
Príapo:
¡Qué blandos oleajes
ya por mis flancos tu alhelí resbala!
Venus:
Gira la noche...
Príapo:
Cantan los cordajes...
Venus:
Cambia el viento... Dan vuelta los paisajes...



46
Príapo:
Y hace en tus labios mi navío escala,
mientras tu fuente oculta, prisionera
de mi boca, entreabriendo
su dócil ya y sumisa enredadera,
dulce y quejosamente va fluyendo.
Venus:
¡Oh bonanza!
Príapo:
¡Oh tranquilo
descanso ahora! ¡Calmas, aunque plenas,
nuncios ya de los hondos y más duros
combates!
Venus:
¡Desflecadas, hilo a hilo,
tus espumas descienden mis almenas.
Príapo:
Tus arroyos y peces más oscuros
me corren por los labios todavía.
Venus:
Un sabor a jazmín me permanece
ya tallo donde nada antes crecía.
Príapo:
A tallo que por ti de nuevo crece.
Venus:
¡Oh asombro! ¡Prodigiosa,
mágica fuerza!



47
Príapo:
¡Abismo que me atrae!
Venus:
¡Oh cima misteriosa!
Príapo:
¡Cima que sólo en ese abismo cae!
Venus:
Qué mármol jaspeado!
¡Pálida, arquitectónica belleza!
¡Qué alto fuste estriado
de azules ríos! ¡Capitel armado
para elevar el mundo en su cabeza!
Príapo:
Avanzo ya.
Venus:
La noche abrasa.
Príapo:
Gotas
de esperma verde tiemblan los luceros.
Venus:
Las dehesas remotas
de la luna, sus albos ventisqueros
se llenan de bramidos.
Del cielo penden signos genitales.
La Vía Láctea rueda sus henchidos
torrentes de amorosos sementales


48
Príapo:
Gruta sagrada, toco tus orillas.
Abre tus labios ya, siénteme dentro.
Venus:
¡Oh maravilla de las maravillas!
¡Luz que me quema el más profundo centro!
Príapo:
Se confunden los bosques, las lianas
se juntan y conmueven.
en el pomar revientan las manzanas
y en el jardín copos de nardos llueven.
Venus:
¡Qué bien cubres mis ámbitos! Sus muros
¡cómo me los ensanchas y los llenas!
¡Qué pleamar, qué viento acompasados!
Príapo:
Jaca y jinete, unísonos, seguros,
galopan de corales y de arenas
y de espumas bañados.
Venus:
Detente, amor. No infundas ese aliento
tan rápido a las brisas. Aminora
un poco el paso. Da a tu movimiento
un ritmo nuevo ahora.
Príapo:
Pondré en mis alas un volar más lento.



49
Venus:
¡Dulce vaivén! rezuman mis paredes
las más blandas esencias.
Príapo:
Desasidas de sus más hondas redes,
ya mis médulas saltan encendidas.
Venus:
Ten más el freno.
Príapo:
¿El freno? Querencioso,
mi caballo se pierde a la carrera.
Venus:
Sigo también su galopar furioso,
antes que derramado en mí se muera.
Príapo:
¡Amor!
Venus:
¡Amor! La noche se desvae.
Nos baña el mar. ¡Oh luz! El mundo canta.
Cae la luna... El viento...
Príapo:
Todo cae
cuando el gallo del hombre se levanta.



50
DIME QUE SÍ
Dime que sí,
compañera,
marinera,
dime que sí.
Dime que he de ver la mar,
que en la mar he de quererte;
compañera,
dime que sí.
Dime que he de ser el viento,
que en el viento he de quererte;
marinera,
dime que sí.
Dime que sí,
compañera,
dime,
dime que sí.


51
Del barco que yo tuviera,
serías tú la costurera.
Las jarcias, de seda fina;
de fina holanda, la vela.
—¿Y el hilo, marinerito?
—Un cabello de tus trenzas.


52
EL ABURRIMIENTO
Me aburro.
Me aburro.
Me aburro.
¡Cómo en Roma me aburro!
Más que nunca me aburro.
Estoy muy aburrido.
¡Qué aburrido estoy!
Quiero decir de todas las maneras
lo aburrido que estoy.
Todos ven en mi cara mi gran aburrimiento.
Innegable, señor.
Es indisimulable.
¿Está usted aburrido?
Me parece que está usted aburrido.
Dígame, ¿adónde va tan aburrido?
¿Que usted va a las iglesias con ese aburrimiento?
No es posible, señor; que vaya a las iglesias
con ese aburrimiento.



53
¿Que a los museos —dice— siendo tan aburrido?
¿Quién no siente en mi andar lo aburrido que estoy?
¡Qué aire de aburrimiento!
A la legua se ve su gran aburrimiento.
Mi gran aburrimiento.
Lo aburrido que estoy.
Y sin embargo... ¡Oooh!
He pisado una caca...
Acabo de pisar —¡Santo Dios!— una caca...
Dicen que trae suerte el pisar una caca...
Que trae mucha suerte el pisar una caca...
¿Suerte, señores, suerte?
¿La suerte... la... la suerte?
Estoy pegado al suelo.
No puedo caminar.
Ahora sí que ya nunca volveré a caminar.
Me aburro, ay, me aburro.
Más que nunca me aburro.
Muero de aburrimiento.
No hablo más...
Me morí.



54
EL ALBA DENOMINADORA
A embestidas suaves y rosas,
la madrugada te iba poniendo nombres:
Sueño equivocado,
Ángel sin salida,
Mentira de lluvia en bosque.
Al lindero de mi alma,
que recuerda los ríos,
indecisa, dudó, inmóvil:
¿Vertida estrella,
Confusa luz en llanto,
Cristal sin voces?
No.
Error de nieve en agua, tu nombre.



55
EL ÁNGEL ÁNGEL
Y el mar fue y le dio un nombre
y un apellido el viento
y las nubes un cuerpo
y un alma el fuego.
La tierra, nada.
Ese reino movible,
colgado de las águilas,
no la conoce.
Nunca escribió su sombra
la figura de un hombre.



56
EL ÁNGEL AVARO
Gentes de las esquinas
de pueblos y naciones que no están en el mapa
comentaban.
—Ese hombre está muerto
y no lo sabe.
Quiere asaltar la banca,
robar nubes, estrellas, cometas de oro,
comprar lo más difícil:
el cielo:
Y ese hombre está muerto.
Temblores subterráneos le sacuden la frente.
Tumbos de tierra desprendida,
ecos desvariados,
sones confusos de piquetas y azadas,
los oídos.
Los ojos,
luces de acetileno,
húmedas, áureas galerías.



57
El corazón,
explosiones de piedras, júbilos, dinamita.
Sueña con las minas.



58
EL ÁNGEL BUENO
Un año, ya dormido,
alguien quien no esperaba
se paró en mi ventana.
—¡Levántate Y mis ojos
vieron plumas y espadas.
Atrás, montes y mares,
nubes, picos y alas,
los ocasos, las albas.
—¡Mírala ahí! Su sueño,
pendiente de la nada.
—¡Oh anhelo, fijo mármol,
fija luz, fijas aguas
movibles de mi alma!
Alguien dijo: ¡Levántate!
Y me encontré en tu estancia.



59
EL ÁNGEL DE LOS NÚMEROS
Vírgenes con escuadras
y compases, velando
las celestes pizarras.
Y el ángel de los números,
pensativo, volando,
del 1 al 2, del 2
al 3, del 3 al 4.
Tizas frías y esponjas
rayaban y borraban
la luz de los espacios.
Ni sol, luna, ni estrellas,
ni el repentino verde



60
del rayo y el relámpago,
ni el aire. Sólo nieblas.
Vírgenes sin escuadras,
sin compases, llorando.
Y en las muertas pizarras,
el ángel de los números,
sin vida, amortajado
sobre el 1 y el 2,
sobre el 3, sobre el 4...



61
EL ÁNGEL DEL CARBÓN
Feo, de hollín y fango.
¡No verte!
Antes, de nieve, áureo,
en trineo por mi alma.
Cuajados pinos. Pendientes.
Y ahora por las cocheras,
de carbón, sucio.
¡Te lleven!
Por los desvanes de los sueños rotos.
Telarañas. Polillas. Polvo.
¡Te condenen!
Tiznados por tus manos,
mis muebles, mis paredes.



62
En todo,
tu estampado recuerdo
de tinta negra y barro.
¡Te quemen!
Amor, pulpo de sombra,
malo.



63
EL ÁNGEL DESCONOCIDO
¡Nostalgia de los arcángeles!
Yo era...
Miradme.
Vestido como en el mundo,
ya no se me ven las alas.
Nadie sabe cómo fui.
No me conocen.
Por las calles, ¿quién se acuerda?
Zapatos son mis sandalias.
Mi túnica, pantalones
y chaqueta inglesa.
Dime quién soy.
Y, sin embargo, yo era...
Miradme.



64
EL CUERPO DESHABITADO
Yo te arrojé de mi cuerpo,
yo, con un carbón ardiendo.
—Vete.
Madrugada.
La luz, muerta en las esquinas
y en las casas.
Los hombres y las mujeres
ya no estaban.
—Vete.
Quedó mi cuerpo vacío,
negro saco, a la ventana.
Se fue.
Se fue, doblando las calles.
Mi cuerpo anduvo, sin nadie.


65
EL FAROLERO Y SU NOVIA
—Bien puedes amarme aquí,
que la luna yo encendí,
tú, por ti, sí, tú, por ti.
—Sí, por mí.
—Bien puedes besarme aquí,
faro, farol farolera,
la más álgida que vi.
—Bueno, sí.
—Bien puedes matarme aquí,
gélida novia lunera
del faro farolerí.
—Ten. ¿Te di?


66
EL MAR. LA MAR
El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?



67
EL NIÑO DE LA PALMA (CHUFLILLAS)
¡Qué revuelo!
¡Aire, que al toro torillo
le pica el pájaro pillo
que no pone el pie en el suelo!
¡Qué revuelo!
Ángeles con cascabeles
arman la marimorena,
plumas nevando en la arena
rubí de los redondeles.
La Virgen de los caireles
baja una palma del cielo.
¡Qué revuelo!
—Vengas o no en busca mía,
torillo mala persona,
dos cirios y una corona
tendrás en la enfermería.
¡Qué alegría!
¡Cógeme, torillo fiero!
¡Qué salero!



68
De la gloria a tus pitones,
bajé, gorrión de oro,
a jugar contigo al toro,
no a pedirte explicaciones.
¡A ver si te las compones
y vuelves vivo al chiquero!
¡Qué salero!
¡Cógeme, torillo fiero!
Alas en las zapatillas,
céfiros en las hombreras,
canario de las barreras,
vuelas con las banderillas.
Campanillas
te nacen en las chorreras.
¡Qué salero!
¡Cógeme, torillo fiero!
Te digo y te lo repito,
para no comprometerte,
que tenga cuernos la muerte
a mí se me importa un pito.
Da, toro torillo, un grito
y ¡a la gloria en angarillas!
¡Qué salero!
¡Que te arrastran las mulillas!
¡Cógeme, torillo fiero!


69
EL TONTO DE RAFAEL
Por las calles, ¿quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tonto llovido del cielo,
del limbo, sin un ochavo.
Mal pollito colipavo,
sin plumas, digo, sin pelo.
¡Pío-pic!, pica, y al vuelo
todos le pican a él.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tan campante, sin carrera,
no imperial, sí tomatero,
grillo tomatero, pero
sin tomate en la grillera.
Canario de la fresquera,
no de alcoba o mirabel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tontaina tonto del higo,
rodando por las esquinas
Autorretrato burlesco



70
bolas, bolindres, pamplinas
y pimientos que no digo.
Mas nunca falta un amigo
que le mendigue un clavel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Patos con gafas, en fila,
lo raptarán tontamente
en la berlina inconsciente
de San Jinojito el lila.
¿Qué runrún, qué retahíla
sube el cretino eco fiel?
¡Oh, oh, pero si es aquél
el tonto de Rafael!


71
ELEGÍA A GARCILASO
Hubierais visto llorar a las yedras
cuando el agua más triste
se pasó toda una noche
velando a un yelmo ya sin alma,
a un yelmo moribundo sobre una rosa
nacida en el vaho que duerme
los espejos de los castillos
a esa hora en que los nardos más secos
se acuerdan de su vida
al ver que las violetas difuntas
abandonan sus cajas
y los laúdes se ahogan
por arrollarse a sí mismos.
Es verdad que los fosos inventaron el sueño
y los fantasmas.
Yo no sé lo que mira en las almenas
esa inmóvil armarnadura vacía.
¿Cómo hay luces que decretan
tan pronto la agonía de las espadas
si piensan en que un lirio es vigilado
...antes de tiempo y casi en flor cortada.
GARCILASO DE LA VEGA



72
por hojas que duran mucho más tiempo?
Vivir poco y llorando es el sino
de la nieve que equivoca su ruta.
En el sur siempre es cortada
casi en flor el ave fría.



73
EN EL DÍA DE SU MUERTE A MANO ARMADA
Decidme de una vez si no fue alegre todo aquello
5 x 5 entonces no eran todavía 25
ni el alba había pensado en la negra existencia de los
/malos cuchillos.
Yo te juro a la luna no ser cocinero,
tú me juras a la luna no ser cocinera,
él nos jura a la luna no ser siquiera humo de tan
/tristísima cocina.
¿Quién ha muerto?
La oca está arrepentida de ser pato,
el gorrión de ser profesor de lengua china,
el gallo de ser hombre,


74
yo de tener talento y admirar lo desgraciada
que suele ser en el invierno la suela de un zapato.
A una reina se le ha perdido su corona,
a un presidente de república su sombrero,
a mí...
Creo que a mí no se me ha perdido nada,
que a mí nunca se me ha perdido nada,
que a mí...
¿Qué quiere decir buenos días?



75
GIMIENDO POR VER EL MAR
Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera!
Siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera.



76
GRUMETE
¡No pruebes tú los licores!
¡Tú no bebas!
¡Marineros, bebedores,
los de las obras del puerto,
que él no beba!
¡Qué él no beba, pescadores!
¡Siempre sus ojos despiertos,
siempre sus labios abiertos
a la mar, no a los licores!
¡Que él no beba!



77
GUERRA A LA GUERRA POR LA GUERRA
Guerra a la guerra por la guerra. Vente.
Vuelve la espalda. El mar. Abre la boca.
Contra una mina una sirena choca
Y un arcángel se hunde, indiferente.
Tiempo de fuego. Adiós. Urgentemente.
Cierra los ojos. Es el monte. Toca.
Saltan las cumbres salpicando roca
Y un arcángel se hunde, indiferente.
¿Dinamita a la luna también? Vamos.
Muerte a la muerte por la muerte: guerra.
En verdad, piensa el toro, el mundo es bello
Encendidos están, amor, los ramos.
Abre la boca. (El mar. El monte.) Cierra
Los ojos y desátate el cabello.



78
HUELE A SANGRE MEZCLADA CON ESPLIEGO
Huele a sangre mezclada con espliego,
Venida entre un olor de resplandores.
A sangre huelen las quemadas flores
Y a súbito ciprés de sangre el fuego.
Del aire baja un repentino riego
De astro y sangre resueltos en olores,
Y un tornado de aromas y colores
Al mundo deja por la sangre ciego.
Fría y enferma y sin dormir y aullando,
Desatada la fiebre va saltando,
Como un temblor, por las terrazas solas.
Coagulada la luna en la cornisa,
Mira la adolescente sin camisa
Poblársele las ingles de amapolas.



79
INVITACIÓN AL AIRE
Te invito, sombra, al aire.
Sombra de veinte siglos,
a la verdad del aire,
del aire, aire, aire.
Sombra que nunca sales
de tu cueva, y al mundo
no devolviste el silbo
que al nacer te dio el aire,
del aire, aire, aire.
Sombra sin luz, minera
por las profundidades
de veinte tumbas, veinte
siglos huecos sin aire,
del aire, aire, aire.
¡Sombra, a los picos, sombra,
de la verdad del aire,
del aire, aire, aire!


80
LA NIÑA ROSA, SENTADA
La niña rosa, sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
abierto, un atlas.
¡Cómo la miraba yo
viajar, desde mi balcón!
Su dedo, blanco velero,
desde las islas Canarias
iba a morir al mar Negro.
¡Cómo la miraba yo
morir, desde mi balcón!.
La niña, rosa sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
cerrado, un atlas.
Por el mar de la tarde
van las nubes llorando
rojas islas de sangre.


81
LA PALOMA
Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.
Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.
Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.
Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.


82
LLORABA RECIO, GOLPEANDO, OSCURO
Lloraba recio, golpeando, oscuro,
las humanas paredes sin salida.
Para marcarlo de una sacudida,
Lo esperaba la luz fuera del muro.
Grito en la entraña que lo hincó, futuro,
Desventuradamente y resistida
Por la misma cerrada, abierta herida
Que ha de exponerlo al primer golpe duro.
¡Qué desconsolación y qué ventura!
Monstruo batido en sangre, descuajado
De la cueva carnal del sufrimiento.
Mama la luz y agótala, criatura,
Tabícala en tu ser iluminado,
Que mamas con la leche el pensamiento.


83
LO QUE DEJÉ POR TI
Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.
Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.
Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.
Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.


84
LOS ÁNGELES MUERTOS
Buscad, buscadlos:
en el insomnio de las cañerías olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las
basuras.
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,
unos ojos perdidos,
una sortija rota
o una estrella pisoteada.
Porque yo los he visto:
en esos escombros momentáneos que aparecen en las
neblinas.
Porque yo los he tocado:
en el destierro de un ladrillo difunto,
venido a la nada desde una torre o un carro.
Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los
/zapatos.
En todo esto.
Mas en esas astillas vagabundas que se consumen sin
/fuego,


85
en esas ausencias hundidas que sufren los muebles
desvencijados,
no a mucha distancia de los nombres y signos que se
enfrían en las paredes.
Buscad, buscadlos:
debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un
/libro
o la firma de uno de esos rincones de cartas
que trae rodando el polvo.
Cerca del casco perdido de una botella,
de una suela extraviada en la nieve,
de una navaja de afeitar abandonada al borde de un
/precipicio.



86
LOS ÁNGELES SONÁMBULOS
l
Pensad en aquella hora:
cuando se rebelaron contra un rey en tinieblas
los ojos invisibles de las alcobas.
Lo sabéis, lo sabéis. ¡Dejadme!
Si a lo largo de mí se abren grietas de nieve,
tumbas de aguas paradas
nebulosas de sueños oxidados,
echad la llave para siempre a vuestros párpados.
¿Qué queréis?
Ojos invisibles, grandes, atacan.
Púas incandescentes se hunden en los tabiques.
Ruedan pupilas muertas,
sábanas.
Un rey es un erizo de pestañas.


87
2
También,
también los oídos invisibles de las alcobas,
contra un rey en tinieblas.
Ya sabéis que mi boca es un pozo de nombres
de números y letras difuntos.
Que los ecos se hastían sin mis palabras
y lo que jamás dije desprecia y odia al viento.
Nada tenéis que oír.
¡Dejadme!
Pero oídos se agrandan contra el pecho.
De escayola, fríos,
bajan a la garganta,
a los sótanos lentos de la sangre,
a los tubos de los huesos.
Un rey es un erizo sin secreto.
Como yo, como todos.
Y nadie espera ya la llegada del expreso,
la visita oficial de la luz a los mares necesitados,
la resurrección de las voces en los ecos que se
/calcinan.


88
LUNA MÍA DE AYER, HOY DE MI OLVIDO
Luna mía de ayer, hoy de mi olvido,
Ven esta noche a mí, baja a la tierra,
Y en vez de ser hoy luna de la guerra,
Sélo tan sólo de mi amor dormido.
Dale en tu luz el reno perseguido
Que por los yelos de tus ojos yerra,
Y dile, si tu lumbre lo destierra,
Que será lana su destierro y nido.
Tiempos de horror en que la sangre habita
Obligatoriamente separada
De la linde natal de su terreno.
¡Ay luna de mi olvido, tu visita
no me despierte el labio de la espada,
sí el de mi amor, guardado por tu seno!


89
MADRIGAL AL BILLETE DE TRANVÍA
Adonde el viento, impávido, subleva
torres de luz contra la sangre mía,
tú, billete, flor nueva,
cortada en los balcones del tranvía.
Huyes, directa, rectamente liso,
en tu pétalo un nombre y un encuentro
latentes, a ese centro
cerrado y por cortar del compromiso.
Y no arde en ti la rosa ni en ti priva
el finado clavel, sí la violeta
contemporánea, viva,
del libro que viaja en la chaqueta.


90
MALVA-LUNA DE YELO
Las floridas espaldas ya en la nieve,
y los cabellos de marfil al viento.
Agua muerta en la sien, el pensamiento
color halo de luna cuando llueve.
¡Oh, qué clamor bajo del seno breve,
qué palma al aire el solitario aliento!
¡Qué témpano, cogido al firmamento,
el pie descalzo que a morir se atreve!
Brazos de mar, en cruz, sobre la helada
bandeja de la noche; senos fríos,
de donde surge, yerta, la alborada;
¡oh piernas como dos celestes ríos,
Malva-luna-de-yelo, amortajada
bajo los mares de los ojos míos!


91
ME DIGO Y ME RETEDIGO
Me digo y me retedigo.
¡Qué tonto!
Ya te lo has tirado todo.
Y ya no tienes amigo,
por tonto. Que aquel amigo
tan sólo iba contigo
porque eres tonto.
¡Qué tonto!
Y ya nadie te hace caso,
ni tu novia, ni tu hermano,
ni la hermana de tu amigo,
porque eres tonto.
¡Qué tonto!
Me digo y me lo redigo...


92
MI CORZA
Mi corza, buen amigo,
mi corza blanca.
Los lobos la mataron
al pie del agua.
Los lobos, buen amigo,
que huyeron por el río.
Los lobos la mataron dentro del agua.
En Ávila, mis ojos...
SIGLO XV



93
MI LIRA
Cuando no tengas, mi lira,
lecho donde descansar,
mira, aquí tienes la mar
alegre, fresquita y buena,
mi lira.
¡Sábana azul, con embozo
de espumas blancas y amenas;
mira, almohadas de arena
alegre, fresquita y buena,
mi lira!
—¿Y quién me desnudará
al pie del agua zafira?
—La reina de las sirenas
y el hijo del rey del mar,
mi lira.


94
MITO
¡Jee, compañero, jee, jee!
¡Un toro azul por el agua!
¡Ya apenas si se le ve!
—¿Quééé?
—¡Un toro por el mar, jee!


95
MUERTE Y JUICIO
1
(MUERTE)
A un niño, a un solo niño que iba para piedra
/nocturna,
para ángel indiferente de una escala sin cielo...
Mirad. Conteneos la sangre, los ojos.
A sus pies, él mismo, sin vida.
No aliento de farol moribundo,
ni jadeada amarillez de noche agonizante,
sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica,
clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola.
Èl, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente,
juzgándose.
2
(JUICIO)
Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis
/pies, tizo yacente.
Carbunclo hueco, negro, desprendido de un ángel que
/iba para piedra nocturna,
para límite entre la muerte y la nada.



96
Tú: yo: niño.
Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al
/mundo
a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos,
al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres.
Niño.
Una cuna de llamas de norte a sur,
de frialdad de tiza amortajada en los yelos,
a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía;
una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los
/llantos.
Niño.
Las primeras palabras abiertas en las penumbras de
/los sueños sin nadie,
en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los
/jardines,
devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin
/viento.
Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio
/frío de una escalera.
Niño.
Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles,
de su espoleo continuo al corazón volante de las
/nieves y los pájaros,
desangradas en un aburrimiento de cartillas y
/pizarrines.
4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J.
Niño.
En un trastorno de ciudades marítimas sin
/escrúpulos,
de mapas confundidos y desiertos barajados,
atended a unos ojos que preguntan por los afluentes
/del cielo,
a una memoria extraviada entre nombres y fechas.



97
Niño.
Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y
/precipitados azules,
entre el suceso de la sangre, los escombros y las
/coronas caídas,
cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca,
en el rubor tardío de las azoteas
voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida
/de tu alma.
Niño.
Y como descendiste al fondo de las mareas,
a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro
/pretenden ser humanos,
tener honores de vida,
a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo.
Niño.
Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus
/bolsillos,
derribada en tu corazón y sola su primera silla,
no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto
/de tus brazos.
ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob
/al de Julio Verne.
Niño.
Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni
/postura.



98
NOCTURNO
Deja ese sueño.
Envuélvete
desnuda y blanca, en tu sábana.
Te esperan en el jardín
tras las tapias.
Tus padres mueren, dormidos.
Deja ese sueño.
Anda.
Tras las tapias,
te esperan con un cuchillo.
Vuelve de prisa a tu casa.
Deja ese sueño.
Anda.
En la alcoba de tus padres
entra desnuda, en silencio.
Corre de prisa a las tapias.
Deja ese sueño.


99
Sáltalas.
Vente.
¿Qué rubí hierve en tus manos
y quema, negro, tu sábana?
Deja ese sueño.
Anda.
... Duérmete.


100
NOCTURNO
Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven son palabras.
Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!
Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar que no puede por imposible, y calla.
Siento esta noche heridas de muerte las palabras.



101
PAMPLINAS
De lona y níquel, peces de las nubes,
bajan al mar periódicos y cartas.
(Los carteros no creen en las sirenas
ni en el vals de las olas, sí en la muerte.
Y aún hay calvas marchitas a la luna
y llorosos cabellos en los libros.
Un polisón de nieve, blanqueando
las sombras, se suicida en los jardines.
¿Qué será de mi alma, que hace tiempo
bate el récord continuo de la ausencia?
¿Qué de mi corazón, que ya ni brinca,
picado ante el azar y el accidente?
Exploradme los ojos, y, perdidos,
os herirán las ansias de los náufragos,
la balumba de nortes ya difuntos,
el solo bamboleo de los mares.


102
Cascos de chispa y pólvora, jinetes
sin alma y sin montura entre los trigos;
basílicas de escombros, levantadas
trombas de fuego, sangre, cal, ceniza.
Pero también, un sol en cada brazo,
el alba aviadora, pez de oro,
sobre la frente un número, una letra,
y en el pico una carta azul, sin sello.
Nuncio —la voz, eléctrica, y la cola—
del aceleramiento de los astros,
del confín del amor, del estampido
de la rosa mecánica del mundo.
Sabed de mí, que dije por teléfono
mi madrigal dinámico a los hombres:
¿Quién eres tú, de acero, estaño y plomo?
—Un relámpago más, la nueva vida.


103
PARAÍSO PERDIDO
35
Silencio. Más silencio.
Inmóviles los pulsos
del sinfín de la noche.
45
¡Oh boquete de sombras!
¡Hervidero del mundo!
¡Qué confusión de siglos!
5
Sola,
sin muebles y sin alcobas,
deshabitada.
9
Alma en pena:
el resplandor sin vida,
tu derrota.
Haiku


104
11
Ángeles buenos o malos,
que no sé,
te arrojaron a mi alma.
16
¡Paraíso perdido!
Perdido por buscarte,
yo, sin luz para siempre.
25
A través de los siglos,
por la nada del mundo,
yo, sin sueño, buscándote.
10
Ciudades sin respuesta,
ríos sin habla, cumbres
sin ecos, mares mudos.


105
PEÑARANDA DE DUERO
¿Por qué me miras tan serio,
carretero?
Tienes cuatro mulas tordas,
un caballo delantero,
un carro de ruedas verdes,
y la carretera toda
para ti,
carretero.
¿Qué más quieres?


106
PIRATA
Pirata de mar y cielo,
si no fui ya, lo seré.
Si no robé la aurora de los mares,
si no la robé,
ya la robaré.
Pirata de cielo y mar,
sobre un cazatorpederos,
con seis fuertes marineros,
alternos, de tres en tres.
Si no robé la aurora de los cielos,
si no la robé,
ya la robaré.


107
POR ALLÍ, HONDO, UNA HUMEDAD ARDIENTE
Por allí, hondo, una humedad ardiente;
blando, un calor oscuro el que allí hervía;
sofocado anhelar el que se hundía,
doblándose y muriendo largamente.
Labios en labios que no ataca diente;
Lengua en garganta que se corta, umbría;
Áspero alrededor, fiera porfía
Por morder lo imposible de la fuente.
Fiera porfía, ya que ni a la hembra
Más hembra ni al varón más varón dieron
Otra cumbre que ser sembrado y siembra.
Pues lo demás, ¡oh cuerpos desvelados!,
Son fulgores que al alba se perdieron
En un súbito arder, desesperados.


108
POR AMIGA
Por amiga, por amiga.
Sólo por amiga.
Por amante, por querida.
Sólo por querida.
Por esposa, no.
Sólo por amiga.


109
PREGÓN
¡Vendo nubes de colores:
las redondas, coloradas,
para endulzar los calores!
¡Vendo los cirros morados
y rosas, las alboradas,
los crepúsculos dorados!
¡El amarillo lucero,
cogido a la verde rama
del celeste duraznero!
¡Vendo la nieve, la llama
y el canto del pregonero!


110
RETORNOS DEL AMOR ANTE LAS ANTIGUAS DEIDADES
Soñarte, amor, soñarte como entonces,
ante aquellas dianas desceñidas,
aquellas diosas de robustos pechos
y el viento impune entre las libres piernas.
Tú eras lo mismo, amor. Todas las Gracias.
igual que tres veranos encendidos,
el levantado hervor de las bacantes,
la carrera bullente de las ninfas,
esa maciza flor de la belleza
redonda y clara, poderosamente
en ti se abría, en ti también se alzaba.
Soñarte como entonces, sí, soñarte
ante aquellas fundidas alamedas,
jardín de Amor en donde la ancha Venus,
muslos dorados, vientre pensativo,
se baña en el concierto de la tarde.


111
Soñarte, amor, soñarte, oh, sí, soñarte
la idéntica de entonces, la surgida,
del mar y aquellos bosques, reviviendo
en ti el amor henchido, sano y fuerte
de las antiguas diosas terrenales.


112
RETORNOS DEL AMOR EN LA NOCHE TRISTE
Ven, amor mío, ven, en esta noche
sola y triste de Italia. Son tus hombros
fuertes y bellos los que necesito.
Son tus preciosos brazos, la largura
maciza de tus muslos y ese arranque
de pierna, esa compacta
línea que te rodea y te suspende,
dichoso mar, abierta playa mía.
¿Cómo decirte, amor, en esta noche
solitaria de Génova, escuchando
el corazón azul del oleaje,
que eres tú la que vienes por la espuma?
Bésame, amor, en esta noche triste.
Te diré las palabras que mis labios,
de tanto amor, mi amor, no se atrevieron.
Amor mío, amor mío, es tu cabeza
de oro tendido junto a mí, su ardiente
bosque largo de otoño quien me escucha.
Óyeme, que te llamo. Vida mía,
sí, vida mía, vida mía sola.


113
¿De quién más, de quién más si solamente
puedo ser yo quien cante a tus oídos:
vida, vida, mi vida, vida mía?
¿Qué soy sin ti, mi amor? Dime qué fuera
sin ese fuerte y dulce muro blando
que me da luz cuando me da la sombra,
sueño, cuando se escapa de mis ojos.
Yo no puedo dormir. ¡Cuántas auroras,
oscuras, braceando en las tinieblas,
sin encontrarte, amor! ¡Cuántos amargos
golpes de sal, sin ti, contra mi boca!
¿Dónde estás? ¿Dónde estás? Dime, amor mío.
¿Me escuchas? ¿No me sientes
llegar como una lágrima llamándote,
por encima del mar, en esta noche?


114
RETORNOS DEL AMOR EN LAS ARENAS
Esta mañana, amor, tenemos veinte años.
Van voluntariamente lentas, entrelazándose
nuestras sombras descalzas camino de los huertos
que enfrentan los azules de mar con sus verdores.
Tú todavía eres casi la aparecida,
la llegada una tarde sin luz entre dos luces,
cuando el joven sin rumbo de la ciudad prolonga,
pensativo, a sabiendas el regreso a su casa.
Tú todavía eres aquella que a mi lado
vas buscando el declive secreto de las dunas,
la ladera recóndita de la arena, el oculto
cañaveral que pone
cortinas a los ojos marineros del viento.
Allí estás, allí estoy contra ti, comprobando
la alta temperatura de las odas felices,
el corazón del mar ciegamente ascendido,
muriéndose en pedazos de dulce sal y espumas.
Todo nos mira alegre, después, por las orillas.


115
Los castillos caídos sus almenas levantan,
las algas nos ofrecen coronas y las velas,
tendido el vuelo, quieren cantar sobre las torres.
Esta mañana, amor, tenemos veinte años.


116
RETORNOS DE AMOR EN LOS VÍVIDOS PAISAJES
Creemos, amor mío, que aquellos paisajes
se quedaron dormidos o muertos con nosotros
en la edad, en el día en que los habitamos;
que los árboles pierden la memoria
y las noches se van, dando al olvido
lo que las hizo hermosas y tal vez inmortales.
Pero basta el más leve palpitar de una hoja,
una estrella borrada que respira de pronto
para vernos los mismos alegres que llenamos
los lugares que juntos nos tuvieron.
Y así despiertas hoy, mi amor, a mi costado,
entre los groselleros y las fresas ocultas
al amparo del firme corazón de los bosques.
Allí está la caricia mojada de rocío,
las briznas delicadas que refrescan tu lecho,
los silfos encantados de ornar tu cabellera
y las altas ardillas misteriosas que llueven
sobre tu sueño el verde menudo de las ramas.


117
Sé feliz, hoja, siempre: nunca tengas otoño,
hoja que me has traído
con tu temblor pequeño
el aroma de tanta ciega edad luminosa.
Y tú, mínima estrella perdida que me abres
las íntimas ventanas de mis noches más jóvenes,
nunca cierres tu lumbre
sobre tantas alcobas que al alba nos durmieron
y aquella biblioteca con la luna
y los libros aquellos dulcemente caídos
y los montes afuera desvelados cantándonos.



118
RETORNOS DEL AMOR EN UNA AZOTEA
Poblado estoy de muchas azoteas.
Sobre la mar se tienden las más blancas,
dispuestas a zarpar al sol, llevando
como velas las sábanas tendidas.
Otras dan a los campos, pero hay una
que solo da al amor, cara a los montes.
Y es la que siempre vuelve.
Allí el amor peinaba sus geranios,
conducía las rosas y jazmines
por las barandas y en la ardiente noche
se deshacía en una fresca lluvia.
Lejos, las cumbres, soportando el peso
de las grandes estrellas, lo velaban.
¿Cuándo el amor vivió más venturoso
ni cuándo entre las flores
recién regadas fuera
con más alma en la sangre poseído?
Subía el silbo de los trenes. Tiemblos
de farolillos de verbena y músicas
de los quioscos y encendidos árboles


119
remontaban y súbitos diluvios
de cometas veloces que vertían
en sus ojos fugaces resplandores.
Fue la más bella edad del corazón. Retorna
hoy tan distante en que la estoy soñando
sobre este viejo tronco, en un camino
que no me lleva ya a ninguna parte.


120
RETORNOS DEL AMOR EN UNA NOCHE DE VERANO
A tientas el amor, a ciegas en lo oscuro
tal vez entre las ramas, madura, alguna estrella,
vuelvo a sentirlo, vuelvo,
mojado de la escarcha caliente de la noche,
contra el hoyo de mentas tronchadas y tomillos.
Es él, único, solo, lo mismo que mi mano
la piel desparramada de mi cuerpo, la sombra
de mi recién salido corazón, los umbrosos
centros más subterráneos de mi ser lo querían.
Vuelve único, vuelve
como forma tocada nada más, como llena
palpitación tendida cubierta de cabellos,
como sangre enredada en mi sangre, un latido
dentro de otro latido solamente.
Más las palabras, ¿dónde?
Las palabras no llegan. No tuvieron espacio
en aquel agostado nocturno, no tuvieron
ese mínimo aire que media entre dos bocas
antes de reducirse a un clavel silencioso.



121
Pero un aroma oculto se desliza , resbala,
me quema un desvelado olor a oscura orilla.
Alguien está prendiendo por la yerba un murmullo.
Es que siempre en la noche del amor pasa un río.



122
RETORNOS DEL AMOR RECIÉN APARECIDO
Cuando tu apareciste,
penaba yo en la entraña más profunda
de una cueva sin aire y sin salida.
Braceaba en lo oscuro, agonizando,
oyendo un estertor que aleteaba
como el latir de un ave imperceptible.
Sobre mí derramaste tus cabellos
y ascendí al sol y vi que eran la aurora
cubriendo un alto mas en primavera.
Fue como si llegara al más hermoso
puerto del mediodía. Se anegaban
en ti los más lucidos paisajes:
claros, agudos montes coronados
de nieve rosa, fuentes escondidas
en el rizado umbroso de los bosques.
Yo aprendí a descansar sobre sus hombros
y a descender por ríos y laderas,
a entrelazarme en las tendidas ramas
y a hacer del sueño mi más dulce muerte.


123
Arcos me abriste y mis floridos años
recién subidos a la luz, yacieron
bajo el amor de tu apretada sombra,
sacando el corazón al viento libre
y ajustándolo al verde son del tuyo.
Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo
que no penaba en una cueva oscura,
braceando sin aire y sin salida.
Porque habías al fin aparecido.


124
RETORNOS DEL AMOR TAL COMO ERA
Eras en aquel tiempo rubia y grande,
sólida espuma ardiente y levantada.
Parecías un cuerpo desprendido
de los centros del sol, abandonado
por un golpe de mar en las arenas.
Todo era fuego en aquel tiempo. Ardía
la playa en tu contorno. A rutilantes
vidrios de voz quedaban reducidos
las algas, los moluscos y las piedras
que el oleaje contra ti mandaba.
Todo era fuego, exhalación, latido
de onda caliente en ti. Si era una mano
la atrevida o los labios, ciegas ascuas,
voladoras, silbaban por el aire.
Tiempo abrasado, sueño consumido.
Yo me volqué en tu espuma en aquel tiempo.


125
RETORNOS DEL ÁNGEL DE SOMBRA
A veces, amor mío, soy tu ángel de sombra.
Me levanto de no sé qué guaridas,
fulmíneo, entre los dientes
una espada de filos amargos, una triste
espada que tú bien, mi pobre amor, conoces.
Son los días oscuros de la furia, las horas
del despiadado despertar, queriéndote
en medio de las lágrimas subidas
del más injusto y dulce desconsuelo.
Yo sé, mi amor, de dónde esas tinieblas
vienen a mí, ciñéndote, apretándome
hasta hacerlas caer sobre tus hombros
y doblarlos, deshechos como un río.
¿Qué quieres tú, si a veces, amor mío, así soy,
cuando en las imborrables piedras pasadas, ciego,
me destrozo y batallo por romperlas,
por verte libre y sola en la luz mía?


124
RETORNOS DEL AMOR TAL COMO ERA
Eras en aquel tiempo rubia y grande,
sólida espuma ardiente y levantada.
Parecías un cuerpo desprendido
de los centros del sol, abandonado
por un golpe de mar en las arenas.
Todo era fuego en aquel tiempo. Ardía
la playa en tu contorno. A rutilantes
vidrios de voz quedaban reducidos
las algas, los moluscos y las piedras
que el oleaje contra ti mandaba.
Todo era fuego, exhalación, latido
de onda caliente en ti. Si era una mano
la atrevida o los labios, ciegas ascuas,
voladoras, silbaban por el aire.
Tiempo abrasado, sueño consumido.
Yo me volqué en tu espuma en aquel tiempo.



125
RETORNOS DEL ÁNGEL DE SOMBRA
A veces, amor mío, soy tu ángel de sombra.
Me levanto de no sé qué guaridas,
fulmíneo, entre los dientes
una espada de filos amargos, una triste
espada que tú bien, mi pobre amor, conoces.
Son los días oscuros de la furia, las horas
del despiadado despertar, queriéndote
en medio de las lágrimas subidas
del más injusto y dulce desconsuelo.
Yo sé, mi amor, de dónde esas tinieblas
vienen a mí, ciñéndote, apretándome
hasta hacerlas caer sobre tus hombros
y doblarlos, deshechos como un río.
¿Qué quieres tú, si a veces, amor mío, así soy,
cuando en las imborrables piedras pasadas, ciego,
me destrozo y batallo por romperlas,
por verte libre y sola en la luz mía?


126
Vencido siempre, aniquilado siempre,
vuelvo a la calma, amor, a la serena
felicidad, hasta ese oscuro instante
en que de nuevo bajo a mis guaridas
para erguirme otra vez tu ángel de sombra.


127
RETORNOS DEL OTOÑO
Nos dicen: Sed alegres.
Que no escuchen los hombres rodar en vuestros cantos
ni el más leve ruido de una lágrima.
Está bien. Yo quisiera, diariamente lo quiero,
mas hay horas, hay días, hasta meses y años
en que se carga el alma de una justa tristeza
y por tantos motivos que luchan silenciosos
rompe a llorar, abiertas las llaves de los ríos.
Miro el otoño, escucho sus aguas melancólicas
de dobladas umbrías que pronto van a irse.
Me miro a mí, me escucho esta mañana
y perdido ese miedo
que me atenaza a veces hasta dejarme mudo,
me repito: Confiesa
grita valientemente que quisieras morirte.
Di también: Tienes frío.
Di también: Estás solo, aunque otros te acompañen.
¿Qué sería de ti si al cabo no volvieras?
Tus amigos, tu niña, tu mujer, todos esos
que parecen quererte de verdad, ¿qué dirían?


128
Sonreíd. Sed alegres. Cantad la vida nueva.
Pero yo sin vivirla, ¡cuántas veces la canto!
¡Cuántas veces animo ciegamente a los tristes,
diciéndoles: Sed fuertes, porque vuestra es el alba!
Perdonadme que hoy sienta pena y la diga.
No me culpéis. Ha sido
la vuelta del otoño.


129
SABES TANTO DE MÍ
Sabes tanto de mí, que yo mismo quisiera
repetir con tus labios mi propia poesía,
elegir un pasaje de mi vida primera:
un cometa en la playa, peinado por Sofía.
No tengo que esperar ni que decirte espera
a ver en la memoria de la melancolía,
los pinares de Ibiza, la escondida trinchera,
el lento amanecer sin que llegara el día.
Y luego amor, y luego, ver que la vida avanza
plena de abiertos años y plena de colores,
sin final, no cerrada al sol por ningún muro.
Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza,
que los años en mí no son hojas, son flores,
que nunca soy pasado, sino siempre futuro.


130
SALAS DE LOS INFANTES (PREGÓN DEL AMANECER)
¡Arriba, trabajadores
madrugadores!
¡En una mulita parda
baja la aurora a la plaza
el aura de los clamores,
trabajadores!
¡Toquen el cuerno los cazadores;
hinquen el hacha los leñadores;
a los pinares el ganadico,
pastores!



131
SAN RAFAEL (SIERRA DE GUADARRAMA)
Zarza florida
Rosal sin vida.
Salí de mi casa, amante,
por ir al campo a buscarte.
Y en una zarza florida
hallé la cinta prendida,
de tu delantal, mi vida.
Hallé tu cinta prendida,
y más allá, mi querida,
te encontré muy mal herida
bajo del rosal, mi vida.
Zarza florida
Rosal sin vida.
Bajo del rosal sin vida.



132
SE DESPERTÓ UNA MAÑANA
Se despertó una mañana.
Soy la yerba,
llena de agua.
Me llamo yerba. Si crezco,
puedo llamarme cabello.
Me llamo yerba. Si salto,
puedo ser rumor de árbol.
Si grito, puedo ser pájaro.
Si vuelo...
(Hubo temblores de yerba
aquella noche en el cielo.)


133
SI GARCILASO VOLVIERA
Si Garcilaso volviera,
yo sería su escudero;
que buen caballero era.
Mi traje de marinero
se trocaría en guerrera
ante el brillar de su acero;
que buen caballero era.
¡Qué dulce oírle, guerrero,
al borde de su estribera!
En la mano, mi sombrero;
que buen caballero era.


134
SI MI VOZ MURIERA EN TIERRA
Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento una vela!



135
SI YO NACÍ CAMPESINO
Si yo nací campesino,
si yo nací marinero,
¿por qué me tenéis aquí,
si este aquí yo no lo quiero?
El mejor día, ciudad
a quien jamás he querido,
el mejor día —¡silencio!—
habré desaparecido.



136
SIXTINA
Tú mi vida, esta noche me has borrado
del corazón y hasta del pensamiento,
y tal vez, sin saberlo, me has negado
dándome por perdido ya en el viento.
Más luego, vida, vi cómo llorabas,
entre mis brazos y que me besabas.


137
SONETO
Oh tú mi amor, la de subidos senos
en punta de rubíes levantados
los más firmes, pulidos, deseados,
llenos de luz y de penumbra llenos.
Hermosos, dulces, mágicos, serenos
o en la batalla erguidos, agitados,
o ya en juegos de puro amor besados,
gráciles corzas de dormir morenos.
Oh tú mi amor, el esmerado estilo
de tu gran hermosura que en sigilo
casi muriendo alabo a toda hora.
Oh tú mi amor, yo canto la armonía
de tus perfectos senos la alegría
al ver que se me abren cada aurora.


138
TAL VEZ, OH MAR...
Tal vez, oh mar, mi voz ya esté cansada
y le empiece a faltar aquella transparencia,
aquel arranque igual al tuyo, aquello
que era tan parecido a tu oleaje.
Han pasado los años por mí, sus duras olas
han mordido la piedra de mi vida,
y al viento de este ocaso playero ya la miro
doblándose en las húmedas arenas.
Tú, no; tú sigues joven, con esa voz de siempre
y esos ojos azules renovados
que ven hundirse, insomnes, las edades.


139
TE DIGO ADIOS, AMOR
Te digo adiós, amor, y no estoy triste.
Gracias, mi amor, por lo que ya me has dado,
un solo beso lento y prolongado
que se truncó en dolor cuando partiste.
No supiste entender, no comprendiste
que era un amor final, desesperado,
ni intentaste arrancarme de tu lado
cuando con duro corazón me heriste.
Lloré tanto aquel día que no quiero
pensar que el mismo sufrimiento espero
cada vez que en tu vida reaparece
ese amor que al negarlo te ilumina.
Tu luz es él cuando mi luz decrece,
tu solo amor cuando mi amor declina.


140
TIRTEO
¿Qué tienes, dime, Musa de mis cuarenta años?
—Nostalgias de la tierra, de la mar y del colegio...



141
TRES RECUERDOS DEL CIELO
PRÓLOGO
No habían cumplido años ni la rosa ni el arcángel.
Todo, anterior al balido y al llanto.
Cuando la luz ignoraba todavía
si el mar nacería niño o niña.
Cuando el viento soñaba melenas que peinar
y claveles el fuego que encender y mejillas
y el agua unos labios parados donde beber.
Todo, anterior al cuerpo, al nombre y al tiempo.
Entonces, yo recuerdo que, una vez, en el cielo...
PRIMER RECUERDO
...una azucena tronchada...
G.A. BÉCQUER
Paseaba con un dejo de azucena que piensa,
casi de pájaro que sabe ha de nacer.
Homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer



142
Mirándose sin verse a una luna que le hacía espejo el
sueño
y a un silencio de nieve, que le elevaba los pies.
A un silencio asomada.
Era anterior al arpa, a la lluvia y a las palabras.
No sabía.
Blanca alumna del aire,
temblaba con las estrellas, con la flor y los árboles.
Su tallo, su verde talle.
Con las estrellas mías
que, ignorantes de todo,
por cavar dos lagunas en sus ojos
la ahogaron en dos mares.
Y recuerdo...
Nada más: muerta, alejarse.
SEGUNDO RECUERDO
...rumor de besos y batir de alas...
G.A. BÉCQUER
También antes,
mucho antes de la rebelión de las sombras,
de que al mundo cayeran plumas incendiadas
y un pájaro pudiera ser muerto por un lirio.
Antes, antes que tú me preguntaras
el número y el sitio de mi cuerpo.
Mucho antes del cuerpo.
En la época del alma.
Cuando tú abriste en la frente sin corona, del cielo,
la primera dinastía del sueño.


143
Cuando tú, al mirarme en la nada,
inventaste la primera palabra.
Entonces, nuestro encuentro.
TERCER RECUERDO
... detrás del abanico de plumas de oro...
G.A. BÉCQUER
Aún los valses del cielo no habían desposado al jazmín
/y la nieve,
ni los aires pensado en la posible música de tus
cabellos,
ni decretado el rey que la violeta se enterrara en un
/libro.
No.
Era la era en que la golondrina viajaba
sin nuestras iniciales en el pico.
En que las campanillas y las enredaderas
morían sin balcones que escalar y estrellas.
La era
en que al hombro de un ave no había flor que apoyara
/la cabeza.
Entonces, detrás de tu abanico, nuestra luna primera.



144
UN PAPEL DESVELADO EN SU BLANCURA
Un papel desvelado en su blancura.
La hoja blanca de un álamo intachable.
El revés de un jazmín insobornable.
Una azucena virgen de escritura.
El albo viso de una córnea pura.
La piel del agua impúber e impecable.
El dorso de una estrella invulnerable
Sobre lo opuesto a una paloma oscura.
Lo blanco a lo más blanco desafía.
Se asesinan de cal los carmesíes
Y el pelo rubio de la luz es cano.
Nada se atreve a desdecir el día.
Mas todo se me mancha de alhelíes
Por la movida nieve de una mano.



145
VAIVÉN
Por la tarde, ya al subir;
por la noche, ya al bajar;
yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.
¿Es azul, tarde delante?
¿Es lila, noche detrás?
Yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.
Si el pájaro serio canta
que es azul su azulear;
yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.
Si el mirlo liliburlero,
que es lila su lilear;
yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.


146
Ya nieve azul a la ida,
nieve lila al retornar;
yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.



147
VEN
Ven, mi amor, en la tarde de Aniene
y siéntate conmigo a ver el viento.
Aunque no estés, mi solo pensamiento
es ver contigo el viento que va y viene.
Tú no te vas, porque mi amor te tiene.
Yo no me iré, pues junto a ti me siento
más vida de mi sangre, más tu aliento,
más luz del corazón que me sostiene.
Tú no te irás, mi amor, aunque lo quieras.
Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
aún yéndote, mi amor, jamás te irías.
Es tuya mi canción, en ella estoy.
Y en ese viento que va y viene voy,
y en ese viento siempre me verías.



148
VUELA LA NOCHE ANTIGUA DE ERECCIONES
Vuela la noche antigua de erecciones,
Muertas, como las manos, a la aurora.
Un clavel prolongado desmejora,
Hasta empalidecerlos, los limones.
Contra lo oscuro cimbran esquilones,
Y émbolos de una azul desnatadora
Mueven entre la sangre batidora
Un vertido rodar de cangilones.
Cuando el cielo se arranca su armadura
Y en un errante nido de basura
Le grita un ojo al sol recién abierto.
Futuro en las entrañas sueña el trigo,
Llamando al hombre para ser testigo...
Mas ya el hombre a su lado duerme muerto.

POESÍA DE RAFAEL ALBERTI--ANTOLOGÍA POÉTICA--

Rafael Alberti
Antología
poética


RAFAEL ALBERTI
ANTOLOGÍA POÉTICA


Rafael Alberti
Antología poética


ÍNDICE
A Federico García Lorca ........................................... 9
A galopar .................................................................... 10
A la acuarela............................................................... 12
A Luis Cernuda, aire del Sur buscado en
Inglaterra ................................................................... 13
A Miss X, enterrada en el viento del Oeste ...........15
A Rosa de Alberti, que tocaba, pensativa, el arpa
(siglo XIX) .................................................................. 18
A un capitán de navío ................................................ 19
Al claroscuro .............................................................. 20
Al color ........................................................................ 21
Alguien......................................................................... 22
Amaranta .................................................................... 24
Asombro de la estrella ante el destello ................. 25
Campo de batalla ....................................................... 26
Can de llamas ............................................................. 27
Canción 8 .................................................................... 29
Canción a Altair ......................................................... 30
Canción de amor ........................................................ 31
Canto río con tus aguas ............................................. 32


6

Corrida de toros ........................................................ 34
Cuba dentro de un piano ...........................................36
Cúbreme, amor, el cielo de la boca .........................38
Desahucio ................................................................... 39
Diálogo entre Venus y Príapo ..................................40
Dime que sí ................................................................. 50
El aburrimiento .......................................................... 52
El alba denominadora ................................................ 54
El ángel ángel................................................................ 55
El ángel avaro .............................................................. 56
El ángel bueno...............................................................58
El ángel de los números ............................................ .59
El ángel del carbón ..................................................... 61
El ángel desconocido ................................................. .63
El cuerpo deshabitado............................................... .64
El farolero y su novia ................................................. 65
El mar. La mar ........................................................... .66
El niño de la palma (Chuflillas) ............................... 67
El tonto de Rafael ...................................................... 69
Elegía a Garcilaso ...................................................... 71
En el día de su muerte a mano armada ..................73
Gimiendo por ver el mar ......................................... 75
Grumete...................................................................... 76
Guerra a la guerra por la guerra .............................77
Huele a sangre mezclada con espliego ...................78
Invitación al aire ........................................................79
La niña rosa, sentada ................................................80
La paloma ...................................................................81
Lloraba recio, golpeando, oscuro .......................... 82
Lo que dejé por ti ......................................................83
Los ángeles muertos .................................................84
Los ángeles sonámbulos ..........................................86
Luna mía de ayer, hoy de mi olvido .......................88
Madrigal al billete de tranvía...................................89


7

Malva-luna de yelo .................................................... 90
Me digo y me retedigo .............................................. 91
Mi corza ...................................................................... 92
Mi lira ......................................................................... 93
Mito ............................................................................. 94
Muerte y juicio ...........................................................95
Nocturno .....................................................................98
Nocturno ...................................................................100
Pamplinas .................................................................101
Paraíso perdido ...................................................... 103
Peñaranda de Duero............................................... 105
Pirata ........................................................................106
Por allí, hondo, una humedad ardiente ...............107
Por amiga ................................................................ 108
Pregón .......................................................................109
Retornos del amor ante las antiguas deidades ...110
Retornos del amor en la noche triste ...................112
Retornos del amor en las arenas............................114
Retornos de amor en los vívidos paisajes ............116
Retornos del amor en una azotea ......................... 118
Retornos del amor en una noche de verano ....... 120
Retornos del amor recién aparecido ................... 122
Retornos del amor tal como era .......................... 124
Retornos del ángel de sombra ...............................125
Retornos del otoño ................................................. 127
Sabes tanto de mí .....................................................129
Salas de los infantes (pregón del amanecer) .......130
San Rafael (Sierra de Guadarrama) ......................131
Se despertó una mañana ........................................ 132
Si Garcilaso volviera ............................................... 133
Si mi voz muriera en tierra ....................................134
Si yo nací campesino................................................135
Sixtina ...................................................................... 136
Soneto ...................................................................... 137


8

Tal vez, oh mar... ........................................................ ..138
Te digo adios, amor ..................................................... 139
Tirteo ........................................................................... ..140
Tres recuerdos del cielo ............................................ .141
Un papel desvelado en su blancura .......................... 144
Vaivén ......................................................................... ...145
Ven ................................................................................. 147
Vuela la noche antigua de erecciones ....................... 148



9

A FEDERICO GARCÍA LORCA

Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
en largo ciervo de agua convertido,
hacia el mar de las albas claridades,
del martín-pescador mecido nido;
que yo saldré a esperarte, amortecido,
hecho junco, a las altas soledades,
herido por el aire y requerido
por tu voz, sola entre las tempestades.
Deja que escriba, débil junco frío,
mi nombre en esas aguas corredoras,
que el viento llama, solitario, río.
Disuelto ya en tu nieve el nombre mío,
vuélvete a tus montañas trepadoras,
ciervo de espuma, rey del monterío.


10

A GALOPAR

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.



11
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.
¡A galopar,
a galopar,

hasta enterrarlos en el mar!




12

A LA ACUARELA

A ti, límpida, inmácula, expandida,
jubilosa, mojada, transparente.
Para el papel, su abrevadora frente
agua primaveral, lluvia florida.
A ti, instántanea rosa sumergida,
líquido espejo de mirar corriente.
Para el pincel, su cabellera ardiente,
fresca y mitigadora luz bebida.
A ti, ninfa de acequias y atanores,
alivio de la sed de los colores,
alma ligera, cuerpo de premura.
Llorada de tus ojos, corres, creces,
feliz te agotas, cantas, amaneces.
A ti, río hacia el mar de la Pintura.


13

A LUIS CERNUDA, AIRE DEL SUR BUSCADO EN

INGLATERRA

Si el aire se dijera un día:
—Estoy cansado,
rendido de mi nombre... Ya no quiero
ni mi inicial para firmar el bucle
del clavel, el rizado de la rosa,
el pliegecillo fino del arroyo,
el gracioso volante de la mar y el hoyuelo
que ríe en la mejilla de la vela...
Desorientado, subo de las blandas,
dormidas superficies
que dan casa a mi sueño.
Fluyo de las paradas enredaderas, calo
los ciegos ajimeces de las torres;
tuerzo, ya pura delgadez, las calles
de afiladas esquinas, penetrando,
roto y herido de los quicios, hondos
zaguanes que se van a verdes patios
donde el agua elevada me recuerda,
dulce y desesperada, mi deseo...


14

Busco y busco llamarme
¿con qué nueva palabra, de qué modo?
¿No hay soplo, no hay aliento,
respiración capaz de poner alas
a esa desconocida voz que me denomine?
Desalentado, busco y busco un signo,
un algo o alguien que me sustituya
que sea como yo y en la memoria
fresca de todo aquello, susceptible
de tenue cuna y cálido susurro,
perdure con el mismo
temblor, el mismo hálito
que tuve la primera
mañana en que al nacer, la luz me dijo:
—Vuela. Tú eres el aire.
Si el aire se dijera un día eso...



15

A MISS X, ENTERRADA EN EL VIENTO DEL OESTE


¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!
Blusas en las ventanas,
los peluqueros
lloran sin tu melena
—fuego rubio cortado—.
¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero,
alba sin colorete,
sola,
tan libre,
tú,
en el viento!
No llevabas pendientes.
Las modistas, de blanco, en los balcones,
perdidas por el cielo.
—¡A ver!
¡Al fin!
¿Qué?
¡No!
Sólo era un pájaro,
no tú,


16

Miss X niña.
El barman, ¡oh, qué triste!
(Cerveza.
Limonada.
Whisky.
Cocktail de ginebra.)
Ha pintado de negro las botellas.
Y las banderas,
alegrías del bar,
de negro, a media asta.
¡Y el cielo sin girar tu radiograma!
Treinta barcos,
cuarenta hidroaviones
y un velero cargado de naranjas,
gritando por el mar y por las nubes.
Nada.
¡Ah, Miss X! ¿Adónde?
S. M. el Rey de tu país no come.
No duerme el Rey.
Fuma.
Se muere por la costa en automóvil.
Ministerios,
Bancos del oro,
Consulados,
Casinos,
Tiendas,
Parques,
cerrados.
Y, mientras, tú, en el viento
—¿te aprietan los zapatos?—,
Miss X, de los mares
—di, ¿te lastima el aire?—.
¡Ah, Miss X, Miss X, qué fastidio!
Bostezo.


17

Adiós...
Good bye...
(Ya nadie piensa en ti. Las mariposas
de acero,
con las alas tronchadas,
incendiando los aires,
fijas sobre las dalias
movibles de los vientos.
Sol electrocutado.
Luna carbonizada.
Temor al oso blanco del invierno.
Veda.
Prohibida la caza
marítima, celeste,
por orden del Gobierno.
Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.)


18

A ROSA DE ALBERTI, QUE TOCABA, PENSATIVA, EL ARPA

(SIGLO XIX)

Rosa de Alberti allá en el rodapié
del mirador del cielo se entreabría,
pulsadora del aire y prima mía,
al cuello un lazo blanco de moaré.
El barandal del arpa, desde el pie
hasta el bucle en la nieve, la cubría.
Enredando sus cuerdas, verdecía,
alga en hilos, la mano que se fue.
Llena de suavidades y carmines,
fanal de ensueño, vaga y voladora,
voló hacia los más altos miradores.
¡Miradla querubín de querubines,
del vergel de los aires pulsadora.
Pensativa de Alberti entre las flores!


19

A UN CAPITÁN DE NAVÍO

Sobre tu nave —un plinto verde de algas marinas,
de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar,
capitán de los vientos y de las golondrinas—,
fuiste condecorado por un golpe de mar.
Por ti los litorales de frentes serpentinas
desenrollan, al paso de tu arado, un cantar:
—Marinero, hombre libre que los mares declinas,
dinos los radiogramas de tu estrella Polar.
Buen marinero, hijo de los llantos del norte,
limón del mediodía, bandera de la corte
espumosa del agua, cazador de sirenas;
todos los litorales amarrados del mundo
pedimos que nos lleves en el surco profundo
de tu nave, a la mar, rotas nuestras cadenas.
Homme libre, toujours
tu chériras la mer.

C. BAUDELAIRE



20

AL CLAROSCURO

A ti, nocturno, por la luz herido,
luz por la sombra herida de repente;
arrebatado, oscuro combatiente,
claro ofensor de súbito ofendido.
A ti, acosado, envuelto, interrumpido,
pero de pie, desesperadamente.
Si el día tiembla, tú, noche valiente;
si la noche, tú, día enardecido.
A ti, contrario en busca de un contrario,
adverso que al morder a su adversario
clava la sombra en una luz segura.
Tu duro batallar es el más duro:
claro en la noche y por el día oscuro.
A ti, Rembrandt febril de la Pintura.


21

AL COLOR

A ti, sonoro, puro, quieto, blando,
incalculable al mar de la paleta,
por quien la neta luz, la sombra neta
en su transmutación pasan soñando.
A ti, por quien la vida combinando
color y color busca ser concreta;
metamorfosis de la forma, meta
del paisaje tranquilo o caminando.
A tí, armónica lengua, cielo abierto,
descompasado dios, orden, concierto,
raudo relieve, lisa investidura.
Los posibles en ti nunca se acaban.
Las materias sin términos te alaban.
A ti, gloria y pasión de la Pintura.



22

ALGUIEN

Alguien barre
y canta
y barre
(zuecos en la madrugada).
Alguien
dispara las puertas.
¡Qué miedo,
madre!
(¡Ay, los que en andas del viento,
en un velero a estas horas
vayan arando los mares!)
Alguien barre
y canta
y barre.
Algún caballo, alejándose,
imprime su pie en el eco
de la calle.
¡Qué miedo,
madre!



23

¡Si alguien llamara a la puerta!
¡Si se apareciera padre
con su túnica talar
chorreando!...
¡Qué horror,
madre!
Alguien barre
y canta
y barre.



24

AMARANTA

Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados
pórticos de limones desviados
por el canal que asciende a tu garganta.
Rojo, un puente de rizos se adelanta
e incendia tus marfiles ondulados.
Muerde, heridor, tus dientes desangrados,
y corvo, en vilo, al viento te levanta.
La soledad, dormida en la espesura
calza su pie de céfiro y desciende
del olmo alto al mar de la llanura.
Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende,
y gladiadora, como un ascua impura
entre Amaranta y su amador se tiende.



25

ASOMBRO DE LA ESTRELLA ANTE EL DESTELLO

Asombro de la estrella ante el destello
de su cardada lumbre en alborozo.
Sueña el melocotón en que su bozo
Al aire pueda amanecer cabello.
Atónito el limón y agriado el cuello,
Sufre en la greña del membrillo mozo,
Y no hay para la rosa mayor gozo
Que ver sus piernas de espinado vello.
Ensombrecida entre las lajas, triste
De sufrirlas tan duras y tan solas,
Lisas para el desnudo de sus manos,
Ante el crinado mar que las embiste,
Mira la adolescente por las olas
Poblársele las ingles de vilanos.



25

ASOMBRO DE LA ESTRELLA ANTE EL DESTELLO

Asombro de la estrella ante el destello
de su cardada lumbre en alborozo.
Sueña el melocotón en que su bozo
Al aire pueda amanecer cabello.
Atónito el limón y agriado el cuello,
Sufre en la greña del membrillo mozo,
Y no hay para la rosa mayor gozo
Que ver sus piernas de espinado vello.
Ensombrecida entre las lajas, triste
De sufrirlas tan duras y tan solas,
Lisas para el desnudo de sus manos,
Ante el crinado mar que las embiste,
Mira la adolescente por las olas
Poblársele las ingles de vilanos.


27

CAN DE LLAMAS

Sur.
Campo metálico, seco.
Plano, sin alma, mi cuerpo.
Centro.
Grande, tapándolo todo,
la sombra fija del perro.
Norte.
Espiral sola mi alma,
jaula buscando a su sueño.
¡Salta sobre los dos! ¡Hiérelos!
¡Sombra del can, fija, salta!
¡Únelos, sombra del perro!
Riegan los aires aullidos
dentados de agudos fuegos.



28

¡Norte!
Se agiganta el viento norte...
Y huye el alma.
¡Sur!
Se agiganta el viento sur...
Y huye el cuerpo.
¡Centro!
Y huye, centro,
candente, intensa, infinita,
la sombra inmóvil del perro.
Su sombra fija.
Campo metálico, seco.
Sin nadie.
Seco.



29

CANCIÓN 8

Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!
Se le llenó de caballos
la sombra que proyectaba.
Yo, a caballo, por su sombra
busqué mi pueblo y mi casa.
Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme agua.



30

CANCIÓN A ALTAIR

Cuando abre sus piernas Altair
en la mitad del cielo,
fulge en su centro la más bella noche
concentrada de estrellas
que palpitan lloviéndose en mis labios,
mientras aquí en la tierra,
una lejana, ardiente
pupila sola, anuncia la llegada
de una nueva; dichosa,
ciega constelación desconocida.
Altair:
Oh, soñar con tus siempre apetecidas
altas colinas dulces y apretadas,
y con tus manos juntas resbaladas,
en el monte de Venus escondidas...



31

CANCIÓN DE AMOR

Amor, deja que me vaya,
déjame morir, amor.
Tú eres el mar y la playa.
Amor.
Amor, déjame la vida,
no dejes que muera, amor.
Tú eres mi luz escondida.
Amor.
Amor, déjame quererte.
Abre las fuentes, amor.
Mis labios quieren beberte.
Amor.
Amor, está anocheciendo.
Duermen las flores, amor,
y tú estás amaneciendo.
Amor.



32

CANTO RÍO CON TUS AGUAS

Canto, río, con tus aguas:
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no lloran.
Yo nunca seré de piedra.
Lloraré cuando haga falta.
Lloraré cuando haga falta.
Lloraré cuando haga falta.
Canto, río, con tus aguas:
De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan.
Yo nunca seré de piedra.
Gritaré cuando haga falta.


33

Reiré cuando haga falta.
Cantaré cuando haga falta.
Canto, río, con tus aguas:
Espada, como tú, rio.
Como tú también, espada.
También, como tú, yo, espada.
Espada, como tú, río,
blandiendo al son de tus aguas:
De piedra, los que no lloran.
De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan.



34

CORRIDA DE TOROS

De sombra, sol y muerte, volandera
grana zumbando, el ruedo gira herido
por un clarín de sangre azul torera.
Abanicos de aplausos, en bandadas,
descienden, giradores, del tendido,
la ronda a coronar de los espadas.
Se hace añicos el aire, y violento,
un mar por media luna gris mandado
prende fuego a un farol que apaga el viento.
¡Buen caballito de los toros, vuela,
sin más jinete de oro y plata, al prado
de tu gloria de azúcar y canela!
Cinco picas al monte, y cinco olas
sus lomos empinados convirtiendo
en verbena de sangre y banderolas.
Carrusel de claveles y mantillas
de luna macarena y sol, bebiendo,
de naranja y limón, las banderillas.



35

Blonda negra, partida por dos bandas,
de amor injerto en oro la cintura,
presidenta del cielo y las barandas,
rosa en el palco de la muerte aún viva,
libre y por fuera sanguinaria y dura,
pero de corza el corazón, cautiva.
Brindis, cristiana mora, a ti, volando,
cuervo mudo y sin ojos, la montera
del áureo espada que en el sol lidiando
y en la sombra, vendido, de puntillas,
da su junco a la media luna fiera,
y a la muerte su gracia, de rodillas.
Veloz, rayo de plata en campo de oro
nacido de la arena y suspendido,
por un estambre, de la gloria, al toro,
mar sangriento de picas coronado,
en dolorosa grana convertido,
centrar el ruedo manda, traspasado.
Feria de cascabel y percalina,
muerta la media luna gladiadora,
de limón y naranja, remolina
de la muerte, girando, y los toreros,
bajo una alegoría voladora
de palmas, abanicos y sombreros.



36

CUBA DENTRO DE UN PIANO

Cuando mi madre llevaba un sorbete de fresa por
sombrero
y el humo de los barcos aun era humo de habanero.
Mulata vuelta bajera.
Cádiz se adormecía entre fandangos y habaneras
y un lorito al piano quería hacer de tenor.
Dime dónde está la flor que el hombre tanto venera.
Mi tío Antonio volvía con su aire de insurrecto.
La Cabaña y el Príncipe sonaban por los patios del
Puerto.
(Ya no brilla la Perla azul del mar de las Antillas.
Ya se apagó, se nos ha muerto).
Me encontré con la bella Trinidad.
Cuba se había perdido y ahora era verdad.
Era verdad, no era mentira.
Un cañonero huido llegó cantándolo en guajiras.
La Habana ya se perdió. Tuvo la culpa el
dinero...



37

Calló, cayó el cañonero.
Pero después, pero ¡ah! después...
fue cuando al SÍ lo hicieron YES.


38

CÚBREME, AMOR, EL CIELO DE LA BOCA

Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.
Alóquemelo, amor, su sal, aloca
Tu lancinante aguda flor suprema,
Doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que la desboca.
¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,
para mirar cómo tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!



39

DESAHUCIO

Ángeles malos o buenos,
que no sé,
te arrojaron en mi alma.
Sola,
sin muebles y sin alcobas,
deshabitada.
De rondón, el viento hiere
las paredes,
las más finas, vítreas láminas.
Humedad. Cadenas. Gritos.
Ráfagas.
Te pregunto:
¿cuándo abandonas la casa,
dime,
qué ángeles malos, crueles,
quieren de nuevo alquilarla?
Dímelo.



40

DIÁLOGO ENTRE VENUS Y PRÍAPO

Príapo:
...Despierta, sí, cerrada
caverna de coral. Voy por tus breñas,
cabeceante, ciego, perseguido.
Ábrete a mi llamada,
al mismo sueño que en tu gruta sueñas.
Tus rojas furias sueltas me han mordido.
¿Me escuchas en lo oscuro?
sediento, he jadeado las colinas
y descendido al valle donde empieza
el caminar más duro,
pues todo, aunque cabellos, son espinas,
montes allí rizados de maleza.
¿Duermes aún? ¿No sientes
cómo mi flor, brillante y ruborosa
la piel, extensa y alta se desnuda,
y con labios calientes
—coral los tuyos y los míos rosa—
besa la noche de tus labios muda?



41

¡Despierta!...
Venus:
¿Quién me nombra?
¿quién persigue mis óleos seminales,
quién mi gruta de sombra
y navegar oculto mis canales?
Príapo:
Quien solamente puede y se desvela,
levantado por ti, de noche y día,
se atiranta en candela
y no se dobla hasta que el mar lo enfría
¡Deja que te contemple!
Venus:
Que te mire
déjame a mí también. ¡Siempre eres bello!
Príapo:
¡Déjame que en tus selvas te respire!
Venus:
¡Que me despeine en tu robusto cuello!
Príapo:
¿Por qué dormías?
Venus:
Todo era fingido.
Mi dormir no era más que desearte.
Tú alzas mi sueño cuando estás dormido.
Nací tan sólo para levantarte.


42

Príapo:
¡Oh noche clara!
Venus:
¡Oh clara luna llena!
¡Rayo directo que me inundas!
Príapo:
Eres taza de espuma azul,
concha marina,
alga abierta en la arena,
paraíso de sal de las mujeres
secreto erizo que en la mar trasmina.
Golfo nocturno, ábrete a mí, bañadas
del más cálido aliento tus riberas.
Sabes a mosto submarino, a olas
en vivientes moluscos despeñadas,
a tajamares, soles de escolleras
ya rumor de perdidas caracolas.
Sabes también...
Venus:
Repósate un momento...
Príapo:
El reposar es mi mayor tristeza.
Venus:
También yo quiero repetir al viento
toda mi admiración por tu grandeza.
Príapo:
Hincho las velas. Habla.


43

Venus:
Eres trinquete,
palo mesana, torre indagadora
y, ardido del más rojo gallardete,
cresta de gallo al despuntar la aurora.
Sales de un bosque, lanza o jabalina.
Redondos aramboles, de espejuelos
te alumbran cuando cazas.
Pende en los dos la gloria masculina.
Llenas las nubes, los cargados cielos
rebosan de sus tazas.
Príapo:
¡Oh, ven más cerca! ¡Ven!
Venus:
¡No! No me riegues,
amor, de blancos copos todavía.
Guarda, mi bien, esas nevadas flores
hasta que al fin me llegues
a lo más hondo de mi cueva umbría
con tus largos y ocultos surtidores.
Príapo:
¿Qué quieres más?
Venus:
Anhelo que me cantes
cosas que faltan. Mis alrededores
prometen sima al sur y al norte cumbres.
Príapo:
Hacia ellas van mis rayos penetrantes,
su flor certera, sus certeras lumbres.



44

Venus:
¿Qué ves, qué me iluminas?
Príapo:
¡Oh precipicio, oh noche bordeada
de oscuridad también! ¡Despeñadero
que hacia las sombras sólo me encaminas!
Te miro y más se hunde mi mirada.
si la dicha es redonda, está en tu cero.
Venus:
Pasa a los altos, sube a los alcores...
¿qué ves ahora, dime?
Príapo:
Un baluarte
de clavel y de nieve a cada lado.
¡Oh fortalezas! ¡Claros miradores
para clavar en ellos mi estandarte
y descender al bosque enamorado!
Venus:
Dime si escondes para mi ventura
cosas que acaso yo no sepa.
Príapo:
Escondo,
también allá en lo hondo
de una caverna oscura,
de blancas y mordientes
almenas vigiladas,
una muy dulce y de humedad mojada
cautiva...



45

Venus:
Yo prosigo. Son los dientes
los que fijos la rondan y dan vela.
También yo otra cautiva
como la tuya aguardo. ¿No la sientes?
A navegar sobre su propia estela
mírala aquí dispuesta, siempre viva.
Príapo:
¡Oh encendido alhelí, flor rumorosa!
Deja que tu saliva
de miel, que tu graciosa
corola lanceolada de rubíes
mojen mi lengua, ansiosa
de en la tuya mojar mis carmesíes.
Venus:
¡Flor contra flor!
Príapo:
¡Qué blandos oleajes
ya por mis flancos tu alhelí resbala!
Venus:
Gira la noche...
Príapo:
Cantan los cordajes...
Venus:
Cambia el viento... Dan vuelta los paisajes...



46

Príapo:
Y hace en tus labios mi navío escala,
mientras tu fuente oculta, prisionera
de mi boca, entreabriendo
su dócil ya y sumisa enredadera,
dulce y quejosamente va fluyendo.
Venus:
¡Oh bonanza!
Príapo:
¡Oh tranquilo
descanso ahora! ¡Calmas, aunque plenas,
nuncios ya de los hondos y más duros
combates!
Venus:
¡Desflecadas, hilo a hilo,
tus espumas descienden mis almenas.
Príapo:
Tus arroyos y peces más oscuros
me corren por los labios todavía.
Venus:
Un sabor a jazmín me permanece
ya tallo donde nada antes crecía.
Príapo:
A tallo que por ti de nuevo crece.
Venus:
¡Oh asombro! ¡Prodigiosa,
mágica fuerza!



47

Príapo:
¡Abismo que me atrae!
Venus:
¡Oh cima misteriosa!
Príapo:
¡Cima que sólo en ese abismo cae!
Venus:
Qué mármol jaspeado!
¡Pálida, arquitectónica belleza!
¡Qué alto fuste estriado
de azules ríos! ¡Capitel armado
para elevar el mundo en su cabeza!
Príapo:
Avanzo ya.
Venus:
La noche abrasa.
Príapo:
Gotas
de esperma verde tiemblan los luceros.
Venus:
Las dehesas remotas
de la luna, sus albos ventisqueros
se llenan de bramidos.
Del cielo penden signos genitales.
La Vía Láctea rueda sus henchidos
torrentes de amorosos sementales


48

Príapo:
Gruta sagrada, toco tus orillas.
Abre tus labios ya, siénteme dentro.
Venus:
¡Oh maravilla de las maravillas!
¡Luz que me quema el más profundo centro!
Príapo:
Se confunden los bosques, las lianas
se juntan y conmueven.
en el pomar revientan las manzanas
y en el jardín copos de nardos llueven.
Venus:
¡Qué bien cubres mis ámbitos! Sus muros
¡cómo me los ensanchas y los llenas!
¡Qué pleamar, qué viento acompasados!
Príapo:
Jaca y jinete, unísonos, seguros,
galopan de corales y de arenas
y de espumas bañados.
Venus:
Detente, amor. No infundas ese aliento
tan rápido a las brisas. Aminora
un poco el paso. Da a tu movimiento
un ritmo nuevo ahora.
Príapo:
Pondré en mis alas un volar más lento.



49

Venus:
¡Dulce vaivén! rezuman mis paredes
las más blandas esencias.
Príapo:
Desasidas de sus más hondas redes,
ya mis médulas saltan encendidas.
Venus:
Ten más el freno.
Príapo:
¿El freno? Querencioso,
mi caballo se pierde a la carrera.
Venus:
Sigo también su galopar furioso,
antes que derramado en mí se muera.
Príapo:
¡Amor!
Venus:
¡Amor! La noche se desvae.
Nos baña el mar. ¡Oh luz! El mundo canta.
Cae la luna... El viento...
Príapo:
Todo cae
cuando el gallo del hombre se levanta.



50

DIME QUE SÍ

Dime que sí,
compañera,
marinera,
dime que sí.
Dime que he de ver la mar,
que en la mar he de quererte;
compañera,
dime que sí.
Dime que he de ser el viento,
que en el viento he de quererte;
marinera,
dime que sí.
Dime que sí,
compañera,
dime,
dime que sí.


51

Del barco que yo tuviera,
serías tú la costurera.
Las jarcias, de seda fina;
de fina holanda, la vela.
—¿Y el hilo, marinerito?
—Un cabello de tus trenzas.


52

EL ABURRIMIENTO

Me aburro.
Me aburro.
Me aburro.
¡Cómo en Roma me aburro!
Más que nunca me aburro.
Estoy muy aburrido.
¡Qué aburrido estoy!
Quiero decir de todas las maneras
lo aburrido que estoy.
Todos ven en mi cara mi gran aburrimiento.
Innegable, señor.
Es indisimulable.
¿Está usted aburrido?
Me parece que está usted aburrido.
Dígame, ¿adónde va tan aburrido?
¿Que usted va a las iglesias con ese aburrimiento?
No es posible, señor; que vaya a las iglesias
con ese aburrimiento.



53

¿Que a los museos —dice— siendo tan aburrido?
¿Quién no siente en mi andar lo aburrido que estoy?
¡Qué aire de aburrimiento!
A la legua se ve su gran aburrimiento.
Mi gran aburrimiento.
Lo aburrido que estoy.
Y sin embargo... ¡Oooh!
He pisado una caca...
Acabo de pisar —¡Santo Dios!— una caca...
Dicen que trae suerte el pisar una caca...
Que trae mucha suerte el pisar una caca...
¿Suerte, señores, suerte?
¿La suerte... la... la suerte?
Estoy pegado al suelo.
No puedo caminar.
Ahora sí que ya nunca volveré a caminar.
Me aburro, ay, me aburro.
Más que nunca me aburro.
Muero de aburrimiento.
No hablo más...
Me morí.



54

EL ALBA DENOMINADORA

A embestidas suaves y rosas,
la madrugada te iba poniendo nombres:
Sueño equivocado,
Ángel sin salida,
Mentira de lluvia en bosque.
Al lindero de mi alma,
que recuerda los ríos,
indecisa, dudó, inmóvil:
¿Vertida estrella,
Confusa luz en llanto,
Cristal sin voces?
No.
Error de nieve en agua, tu nombre.



55

EL ÁNGEL ÁNGEL

Y el mar fue y le dio un nombre
y un apellido el viento
y las nubes un cuerpo
y un alma el fuego.
La tierra, nada.
Ese reino movible,
colgado de las águilas,
no la conoce.
Nunca escribió su sombra
la figura de un hombre.



56

EL ÁNGEL AVARO

Gentes de las esquinas
de pueblos y naciones que no están en el mapa
comentaban.
—Ese hombre está muerto
y no lo sabe.
Quiere asaltar la banca,
robar nubes, estrellas, cometas de oro,
comprar lo más difícil:
el cielo:
Y ese hombre está muerto.
Temblores subterráneos le sacuden la frente.
Tumbos de tierra desprendida,
ecos desvariados,
sones confusos de piquetas y azadas,
los oídos.
Los ojos,
luces de acetileno,
húmedas, áureas galerías.



57

El corazón,
explosiones de piedras, júbilos, dinamita.
Sueña con las minas.



58

EL ÁNGEL BUENO

Un año, ya dormido,
alguien quien no esperaba
se paró en mi ventana.
—¡Levántate Y mis ojos
vieron plumas y espadas.
Atrás, montes y mares,
nubes, picos y alas,
los ocasos, las albas.
—¡Mírala ahí! Su sueño,
pendiente de la nada.
—¡Oh anhelo, fijo mármol,
fija luz, fijas aguas
movibles de mi alma!
Alguien dijo: ¡Levántate!
Y me encontré en tu estancia.



59

EL ÁNGEL DE LOS NÚMEROS

Vírgenes con escuadras
y compases, velando
las celestes pizarras.
Y el ángel de los números,
pensativo, volando,
del 1 al 2, del 2
al 3, del 3 al 4.
Tizas frías y esponjas
rayaban y borraban
la luz de los espacios.
Ni sol, luna, ni estrellas,
ni el repentino verde



60

del rayo y el relámpago,
ni el aire. Sólo nieblas.
Vírgenes sin escuadras,
sin compases, llorando.
Y en las muertas pizarras,
el ángel de los números,
sin vida, amortajado
sobre el 1 y el 2,
sobre el 3, sobre el 4...



61

EL ÁNGEL DEL CARBÓN

Feo, de hollín y fango.
¡No verte!
Antes, de nieve, áureo,
en trineo por mi alma.
Cuajados pinos. Pendientes.
Y ahora por las cocheras,
de carbón, sucio.
¡Te lleven!
Por los desvanes de los sueños rotos.
Telarañas. Polillas. Polvo.
¡Te condenen!
Tiznados por tus manos,
mis muebles, mis paredes.



62

En todo,
tu estampado recuerdo
de tinta negra y barro.
¡Te quemen!
Amor, pulpo de sombra,
malo.



63

EL ÁNGEL DESCONOCIDO

¡Nostalgia de los arcángeles!
Yo era...
Miradme.
Vestido como en el mundo,
ya no se me ven las alas.
Nadie sabe cómo fui.
No me conocen.
Por las calles, ¿quién se acuerda?
Zapatos son mis sandalias.
Mi túnica, pantalones
y chaqueta inglesa.
Dime quién soy.
Y, sin embargo, yo era...
Miradme.



64

EL CUERPO DESHABITADO

Yo te arrojé de mi cuerpo,
yo, con un carbón ardiendo.
—Vete.
Madrugada.
La luz, muerta en las esquinas
y en las casas.
Los hombres y las mujeres
ya no estaban.
—Vete.
Quedó mi cuerpo vacío,
negro saco, a la ventana.
Se fue.
Se fue, doblando las calles.
Mi cuerpo anduvo, sin nadie.


65

EL FAROLERO Y SU NOVIA

—Bien puedes amarme aquí,
que la luna yo encendí,
tú, por ti, sí, tú, por ti.
—Sí, por mí.
—Bien puedes besarme aquí,
faro, farol farolera,
la más álgida que vi.
—Bueno, sí.
—Bien puedes matarme aquí,
gélida novia lunera
del faro farolerí.
—Ten. ¿Te di?


66

EL MAR. LA MAR

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?



67

EL NIÑO DE LA PALMA (CHUFLILLAS)

¡Qué revuelo!
¡Aire, que al toro torillo
le pica el pájaro pillo
que no pone el pie en el suelo!
¡Qué revuelo!
Ángeles con cascabeles
arman la marimorena,
plumas nevando en la arena
rubí de los redondeles.
La Virgen de los caireles
baja una palma del cielo.
¡Qué revuelo!
—Vengas o no en busca mía,
torillo mala persona,
dos cirios y una corona
tendrás en la enfermería.
¡Qué alegría!
¡Cógeme, torillo fiero!
¡Qué salero!



68

De la gloria a tus pitones,
bajé, gorrión de oro,
a jugar contigo al toro,
no a pedirte explicaciones.
¡A ver si te las compones
y vuelves vivo al chiquero!
¡Qué salero!
¡Cógeme, torillo fiero!
Alas en las zapatillas,
céfiros en las hombreras,
canario de las barreras,
vuelas con las banderillas.
Campanillas
te nacen en las chorreras.
¡Qué salero!
¡Cógeme, torillo fiero!
Te digo y te lo repito,
para no comprometerte,
que tenga cuernos la muerte
a mí se me importa un pito.
Da, toro torillo, un grito
y ¡a la gloria en angarillas!
¡Qué salero!
¡Que te arrastran las mulillas!
¡Cógeme, torillo fiero!


69

EL TONTO DE RAFAEL

Por las calles, ¿quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tonto llovido del cielo,
del limbo, sin un ochavo.
Mal pollito colipavo,
sin plumas, digo, sin pelo.
¡Pío-pic!, pica, y al vuelo
todos le pican a él.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tan campante, sin carrera,
no imperial, sí tomatero,
grillo tomatero, pero
sin tomate en la grillera.
Canario de la fresquera,
no de alcoba o mirabel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Tontaina tonto del higo,
rodando por las esquinas
Autorretrato burlesco



70

bolas, bolindres, pamplinas
y pimientos que no digo.
Mas nunca falta un amigo
que le mendigue un clavel.
¿Quién aquél?
¡El tonto de Rafael!
Patos con gafas, en fila,
lo raptarán tontamente
en la berlina inconsciente
de San Jinojito el lila.
¿Qué runrún, qué retahíla
sube el cretino eco fiel?
¡Oh, oh, pero si es aquél
el tonto de Rafael!


71

ELEGÍA A GARCILASO

Hubierais visto llorar a las yedras
cuando el agua más triste
se pasó toda una noche
velando a un yelmo ya sin alma,
a un yelmo moribundo sobre una rosa
nacida en el vaho que duerme
los espejos de los castillos
a esa hora en que los nardos más secos
se acuerdan de su vida
al ver que las violetas difuntas
abandonan sus cajas
y los laúdes se ahogan
por arrollarse a sí mismos.
Es verdad que los fosos inventaron el sueño
y los fantasmas.
Yo no sé lo que mira en las almenas
esa inmóvil armarnadura vacía.
¿Cómo hay luces que decretan
tan pronto la agonía de las espadas
si piensan en que un lirio es vigilado
...antes de tiempo y casi en flor cortada.
GARCILASO DE LA VEGA



72

por hojas que duran mucho más tiempo?
Vivir poco y llorando es el sino
de la nieve que equivoca su ruta.
En el sur siempre es cortada
casi en flor el ave fría.



73

EN EL DÍA DE SU MUERTE A MANO ARMADA

Decidme de una vez si no fue alegre todo aquello
5 x 5 entonces no eran todavía 25
ni el alba había pensado en la negra existencia de los
/malos cuchillos.
Yo te juro a la luna no ser cocinero,
tú me juras a la luna no ser cocinera,
él nos jura a la luna no ser siquiera humo de tan
/tristísima cocina.
¿Quién ha muerto?
La oca está arrepentida de ser pato,
el gorrión de ser profesor de lengua china,
el gallo de ser hombre,


74

yo de tener talento y admirar lo desgraciada
que suele ser en el invierno la suela de un zapato.
A una reina se le ha perdido su corona,
a un presidente de república su sombrero,
a mí...
Creo que a mí no se me ha perdido nada,
que a mí nunca se me ha perdido nada,
que a mí...
¿Qué quiere decir buenos días?



75

GIMIENDO POR VER EL MAR

Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera!
Siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera.



76

GRUMETE

¡No pruebes tú los licores!
¡Tú no bebas!
¡Marineros, bebedores,
los de las obras del puerto,
que él no beba!
¡Qué él no beba, pescadores!
¡Siempre sus ojos despiertos,
siempre sus labios abiertos
a la mar, no a los licores!
¡Que él no beba!



77

GUERRA A LA GUERRA POR LA GUERRA

Guerra a la guerra por la guerra. Vente.
Vuelve la espalda. El mar. Abre la boca.
Contra una mina una sirena choca
Y un arcángel se hunde, indiferente.
Tiempo de fuego. Adiós. Urgentemente.
Cierra los ojos. Es el monte. Toca.
Saltan las cumbres salpicando roca
Y un arcángel se hunde, indiferente.
¿Dinamita a la luna también? Vamos.
Muerte a la muerte por la muerte: guerra.
En verdad, piensa el toro, el mundo es bello
Encendidos están, amor, los ramos.
Abre la boca. (El mar. El monte.) Cierra
Los ojos y desátate el cabello.



78

HUELE A SANGRE MEZCLADA CON ESPLIEGO

Huele a sangre mezclada con espliego,
Venida entre un olor de resplandores.
A sangre huelen las quemadas flores
Y a súbito ciprés de sangre el fuego.
Del aire baja un repentino riego
De astro y sangre resueltos en olores,
Y un tornado de aromas y colores
Al mundo deja por la sangre ciego.
Fría y enferma y sin dormir y aullando,
Desatada la fiebre va saltando,
Como un temblor, por las terrazas solas.
Coagulada la luna en la cornisa,
Mira la adolescente sin camisa
Poblársele las ingles de amapolas.



79

INVITACIÓN AL AIRE

Te invito, sombra, al aire.
Sombra de veinte siglos,
a la verdad del aire,
del aire, aire, aire.
Sombra que nunca sales
de tu cueva, y al mundo
no devolviste el silbo
que al nacer te dio el aire,
del aire, aire, aire.
Sombra sin luz, minera
por las profundidades
de veinte tumbas, veinte
siglos huecos sin aire,
del aire, aire, aire.
¡Sombra, a los picos, sombra,
de la verdad del aire,
del aire, aire, aire!



80

LA NIÑA ROSA, SENTADA

La niña rosa, sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
abierto, un atlas.
¡Cómo la miraba yo
viajar, desde mi balcón!
Su dedo, blanco velero,
desde las islas Canarias
iba a morir al mar Negro.
¡Cómo la miraba yo
morir, desde mi balcón!.
La niña, rosa sentada.
Sobre su falda,
como una flor,
cerrado, un atlas.
Por el mar de la tarde
van las nubes llorando
rojas islas de sangre.


81

LA PALOMA

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al Norte, fue al Sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.
Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.
Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.
Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.




82

LLORABA RECIO, GOLPEANDO, OSCURO

Lloraba recio, golpeando, oscuro,
las humanas paredes sin salida.
Para marcarlo de una sacudida,
Lo esperaba la luz fuera del muro.
Grito en la entraña que lo hincó, futuro,
Desventuradamente y resistida
Por la misma cerrada, abierta herida
Que ha de exponerlo al primer golpe duro.
¡Qué desconsolación y qué ventura!
Monstruo batido en sangre, descuajado
De la cueva carnal del sufrimiento.
Mama la luz y agótala, criatura,
Tabícala en tu ser iluminado,
Que mamas con la leche el pensamiento.




83

LO QUE DEJÉ POR TI

Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.
Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.
Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.
Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.


84


LOS ÁNGELES MUERTOS

Buscad, buscadlos:
en el insomnio de las cañerías olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las
basuras.
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,
unos ojos perdidos,
una sortija rota
o una estrella pisoteada.
Porque yo los he visto:
en esos escombros momentáneos que aparecen en las
neblinas.
Porque yo los he tocado:
en el destierro de un ladrillo difunto,
venido a la nada desde una torre o un carro.
Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los
/zapatos.
En todo esto.
Mas en esas astillas vagabundas que se consumen sin
/fuego,


85


en esas ausencias hundidas que sufren los muebles
desvencijados,
no a mucha distancia de los nombres y signos que se
enfrían en las paredes.
Buscad, buscadlos:
debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un
/libro
o la firma de uno de esos rincones de cartas
que trae rodando el polvo.
Cerca del casco perdido de una botella,
de una suela extraviada en la nieve,
de una navaja de afeitar abandonada al borde de un
/precipicio.



86


LOS ÁNGELES SONÁMBULOS



l

Pensad en aquella hora:
cuando se rebelaron contra un rey en tinieblas
los ojos invisibles de las alcobas.
Lo sabéis, lo sabéis. ¡Dejadme!
Si a lo largo de mí se abren grietas de nieve,
tumbas de aguas paradas
nebulosas de sueños oxidados,
echad la llave para siempre a vuestros párpados.
¿Qué queréis?
Ojos invisibles, grandes, atacan.
Púas incandescentes se hunden en los tabiques.
Ruedan pupilas muertas,
sábanas.
Un rey es un erizo de pestañas.


87

2

También,
también los oídos invisibles de las alcobas,
contra un rey en tinieblas.
Ya sabéis que mi boca es un pozo de nombres
de números y letras difuntos.
Que los ecos se hastían sin mis palabras
y lo que jamás dije desprecia y odia al viento.
Nada tenéis que oír.
¡Dejadme!
Pero oídos se agrandan contra el pecho.
De escayola, fríos,
bajan a la garganta,
a los sótanos lentos de la sangre,
a los tubos de los huesos.
Un rey es un erizo sin secreto.
Como yo, como todos.
Y nadie espera ya la llegada del expreso,
la visita oficial de la luz a los mares necesitados,
la resurrección de las voces en los ecos que se
/calcinan.


88


LUNA MÍA DE AYER, HOY DE MI OLVIDO

Luna mía de ayer, hoy de mi olvido,
Ven esta noche a mí, baja a la tierra,
Y en vez de ser hoy luna de la guerra,
Sélo tan sólo de mi amor dormido.
Dale en tu luz el reno perseguido
Que por los yelos de tus ojos yerra,
Y dile, si tu lumbre lo destierra,
Que será lana su destierro y nido.
Tiempos de horror en que la sangre habita
Obligatoriamente separada
De la linde natal de su terreno.
¡Ay luna de mi olvido, tu visita
no me despierte el labio de la espada,
sí el de mi amor, guardado por tu seno!


89


MADRIGAL AL BILLETE DE TRANVÍA


Adonde el viento, impávido, subleva
torres de luz contra la sangre mía,
tú, billete, flor nueva,
cortada en los balcones del tranvía.
Huyes, directa, rectamente liso,
en tu pétalo un nombre y un encuentro
latentes, a ese centro
cerrado y por cortar del compromiso.
Y no arde en ti la rosa ni en ti priva
el finado clavel, sí la violeta
contemporánea, viva,
del libro que viaja en la chaqueta.


90


MALVA-LUNA DE YELO

Las floridas espaldas ya en la nieve,
y los cabellos de marfil al viento.
Agua muerta en la sien, el pensamiento
color halo de luna cuando llueve.
¡Oh, qué clamor bajo del seno breve,
qué palma al aire el solitario aliento!
¡Qué témpano, cogido al firmamento,
el pie descalzo que a morir se atreve!
Brazos de mar, en cruz, sobre la helada
bandeja de la noche; senos fríos,
de donde surge, yerta, la alborada;
¡oh piernas como dos celestes ríos,
Malva-luna-de-yelo, amortajada
bajo los mares de los ojos míos!


91

ME DIGO Y ME RETEDIGO

Me digo y me retedigo.
¡Qué tonto!
Ya te lo has tirado todo.
Y ya no tienes amigo,
por tonto. Que aquel amigo
tan sólo iba contigo
porque eres tonto.
¡Qué tonto!
Y ya nadie te hace caso,
ni tu novia, ni tu hermano,
ni la hermana de tu amigo,
porque eres tonto.
¡Qué tonto!
Me digo y me lo redigo...




92

MI CORZA


Mi corza, buen amigo,
mi corza blanca.
Los lobos la mataron
al pie del agua.
Los lobos, buen amigo,
que huyeron por el río.
Los lobos la mataron dentro del agua.
En Ávila, mis ojos...
SIGLO XV




93

MI LIRA

Cuando no tengas, mi lira,
lecho donde descansar,
mira, aquí tienes la mar
alegre, fresquita y buena,
mi lira.
¡Sábana azul, con embozo
de espumas blancas y amenas;
mira, almohadas de arena
alegre, fresquita y buena,
mi lira!
—¿Y quién me desnudará
al pie del agua zafira?
—La reina de las sirenas
y el hijo del rey del mar,
mi lira.


94

MITO

¡Jee, compañero, jee, jee!
¡Un toro azul por el agua!
¡Ya apenas si se le ve!
—¿Quééé?
—¡Un toro por el mar, jee!


95

MUERTE Y JUICIO


1
(MUERTE)
A un niño, a un solo niño que iba para piedra
/nocturna,
para ángel indiferente de una escala sin cielo...
Mirad. Conteneos la sangre, los ojos.
A sus pies, él mismo, sin vida.
No aliento de farol moribundo,
ni jadeada amarillez de noche agonizante,
sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica,
clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola.
Èl, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente,
juzgándose.



2

(JUICIO)

Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis
/pies, tizo yacente.
Carbunclo hueco, negro, desprendido de un ángel que
/iba para piedra nocturna,
para límite entre la muerte y la nada.



96

Tú: yo: niño.
Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al
/mundo
a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos,
al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres.
Niño.
Una cuna de llamas de norte a sur,
de frialdad de tiza amortajada en los yelos,
a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía;
una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los
/llantos.
Niño.
Las primeras palabras abiertas en las penumbras de
/los sueños sin nadie,
en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los
/jardines,
devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin
/viento.
Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio
/frío de una escalera.
Niño.
Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles,
de su espoleo continuo al corazón volante de las
/nieves y los pájaros,
desangradas en un aburrimiento de cartillas y
/pizarrines.
4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J.
Niño.
En un trastorno de ciudades marítimas sin
/escrúpulos,
de mapas confundidos y desiertos barajados,
atended a unos ojos que preguntan por los afluentes
/del cielo,
a una memoria extraviada entre nombres y fechas.



97


Niño.
Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y
/precipitados azules,
entre el suceso de la sangre, los escombros y las
/coronas caídas,
cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca,
en el rubor tardío de las azoteas
voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida
/de tu alma.
Niño.
Y como descendiste al fondo de las mareas,
a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro
/pretenden ser humanos,
tener honores de vida,
a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo.
Niño.
Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus
/bolsillos,
derribada en tu corazón y sola su primera silla,
no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto
/de tus brazos.
ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob
/al de Julio Verne.
Niño.
Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni
/postura.



98


NOCTURNO


Deja ese sueño.
Envuélvete
desnuda y blanca, en tu sábana.
Te esperan en el jardín
tras las tapias.
Tus padres mueren, dormidos.
Deja ese sueño.
Anda.
Tras las tapias,
te esperan con un cuchillo.
Vuelve de prisa a tu casa.
Deja ese sueño.
Anda.
En la alcoba de tus padres
entra desnuda, en silencio.
Corre de prisa a las tapias.
Deja ese sueño.


99


Sáltalas.
Vente.
¿Qué rubí hierve en tus manos
y quema, negro, tu sábana?
Deja ese sueño.
Anda.
... Duérmete.


100

NOCTURNO

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven son palabras.
Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!
Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar que no puede por imposible, y calla.
Siento esta noche heridas de muerte las palabras.



101

PAMPLINAS


De lona y níquel, peces de las nubes,
bajan al mar periódicos y cartas.
(Los carteros no creen en las sirenas
ni en el vals de las olas, sí en la muerte.
Y aún hay calvas marchitas a la luna
y llorosos cabellos en los libros.
Un polisón de nieve, blanqueando
las sombras, se suicida en los jardines.
¿Qué será de mi alma, que hace tiempo
bate el récord continuo de la ausencia?
¿Qué de mi corazón, que ya ni brinca,
picado ante el azar y el accidente?
Exploradme los ojos, y, perdidos,
os herirán las ansias de los náufragos,
la balumba de nortes ya difuntos,
el solo bamboleo de los mares.


102

Cascos de chispa y pólvora, jinetes
sin alma y sin montura entre los trigos;
basílicas de escombros, levantadas
trombas de fuego, sangre, cal, ceniza.
Pero también, un sol en cada brazo,
el alba aviadora, pez de oro,
sobre la frente un número, una letra,
y en el pico una carta azul, sin sello.
Nuncio —la voz, eléctrica, y la cola—
del aceleramiento de los astros,
del confín del amor, del estampido
de la rosa mecánica del mundo.
Sabed de mí, que dije por teléfono
mi madrigal dinámico a los hombres:
¿Quién eres tú, de acero, estaño y plomo?
—Un relámpago más, la nueva vida.


103

PARAÍSO PERDIDO

35

Silencio. Más silencio.
Inmóviles los pulsos
del sinfín de la noche.


45

¡Oh boquete de sombras!
¡Hervidero del mundo!
¡Qué confusión de siglos!


5


Sola,
sin muebles y sin alcobas,
deshabitada.


9

Alma en pena:
el resplandor sin vida,
tu derrota.
Haiku


104


11

Ángeles buenos o malos,
que no sé,
te arrojaron a mi alma.


16


¡Paraíso perdido!
Perdido por buscarte,
yo, sin luz para siempre.


25

A través de los siglos,
por la nada del mundo,
yo, sin sueño, buscándote.


10

Ciudades sin respuesta,
ríos sin habla, cumbres
sin ecos, mares mudos.


105

PEÑARANDA DE DUERO

¿Por qué me miras tan serio,
carretero?
Tienes cuatro mulas tordas,
un caballo delantero,
un carro de ruedas verdes,
y la carretera toda
para ti,
carretero.
¿Qué más quieres?


106

PIRATA

Pirata de mar y cielo,
si no fui ya, lo seré.
Si no robé la aurora de los mares,
si no la robé,
ya la robaré.
Pirata de cielo y mar,
sobre un cazatorpederos,
con seis fuertes marineros,
alternos, de tres en tres.
Si no robé la aurora de los cielos,
si no la robé,
ya la robaré.




107

POR ALLÍ, HONDO, UNA HUMEDAD ARDIENTE

Por allí, hondo, una humedad ardiente;
blando, un calor oscuro el que allí hervía;
sofocado anhelar el que se hundía,
doblándose y muriendo largamente.
Labios en labios que no ataca diente;
Lengua en garganta que se corta, umbría;
Áspero alrededor, fiera porfía
Por morder lo imposible de la fuente.
Fiera porfía, ya que ni a la hembra
Más hembra ni al varón más varón dieron
Otra cumbre que ser sembrado y siembra.
Pues lo demás, ¡oh cuerpos desvelados!,
Son fulgores que al alba se perdieron
En un súbito arder, desesperados.




108

POR AMIGA


Por amiga, por amiga.
Sólo por amiga.
Por amante, por querida.
Sólo por querida.
Por esposa, no.
Sólo por amiga.



109

PREGÓN

¡Vendo nubes de colores:
las redondas, coloradas,
para endulzar los calores!
¡Vendo los cirros morados
y rosas, las alboradas,
los crepúsculos dorados!
¡El amarillo lucero,
cogido a la verde rama
del celeste duraznero!
¡Vendo la nieve, la llama
y el canto del pregonero!



110

RETORNOS DEL AMOR ANTE LAS ANTIGUAS DEIDADES

Soñarte, amor, soñarte como entonces,
ante aquellas dianas desceñidas,
aquellas diosas de robustos pechos
y el viento impune entre las libres piernas.
Tú eras lo mismo, amor. Todas las Gracias.
igual que tres veranos encendidos,
el levantado hervor de las bacantes,
la carrera bullente de las ninfas,
esa maciza flor de la belleza
redonda y clara, poderosamente
en ti se abría, en ti también se alzaba.
Soñarte como entonces, sí, soñarte
ante aquellas fundidas alamedas,
jardín de Amor en donde la ancha Venus,
muslos dorados, vientre pensativo,
se baña en el concierto de la tarde.


111

Soñarte, amor, soñarte, oh, sí, soñarte
la idéntica de entonces, la surgida,
del mar y aquellos bosques, reviviendo
en ti el amor henchido, sano y fuerte
de las antiguas diosas terrenales.




112


RETORNOS DEL AMOR EN LA NOCHE TRISTE

Ven, amor mío, ven, en esta noche
sola y triste de Italia. Son tus hombros
fuertes y bellos los que necesito.
Son tus preciosos brazos, la largura
maciza de tus muslos y ese arranque
de pierna, esa compacta
línea que te rodea y te suspende,
dichoso mar, abierta playa mía.
¿Cómo decirte, amor, en esta noche
solitaria de Génova, escuchando
el corazón azul del oleaje,
que eres tú la que vienes por la espuma?
Bésame, amor, en esta noche triste.
Te diré las palabras que mis labios,
de tanto amor, mi amor, no se atrevieron.
Amor mío, amor mío, es tu cabeza
de oro tendido junto a mí, su ardiente
bosque largo de otoño quien me escucha.
Óyeme, que te llamo. Vida mía,
sí, vida mía, vida mía sola.




113


¿De quién más, de quién más si solamente
puedo ser yo quien cante a tus oídos:
vida, vida, mi vida, vida mía?
¿Qué soy sin ti, mi amor? Dime qué fuera
sin ese fuerte y dulce muro blando
que me da luz cuando me da la sombra,
sueño, cuando se escapa de mis ojos.
Yo no puedo dormir. ¡Cuántas auroras,
oscuras, braceando en las tinieblas,
sin encontrarte, amor! ¡Cuántos amargos
golpes de sal, sin ti, contra mi boca!
¿Dónde estás? ¿Dónde estás? Dime, amor mío.
¿Me escuchas? ¿No me sientes
llegar como una lágrima llamándote,
por encima del mar, en esta noche?


114

RETORNOS DEL AMOR EN LAS ARENAS

Esta mañana, amor, tenemos veinte años.
Van voluntariamente lentas, entrelazándose
nuestras sombras descalzas camino de los huertos
que enfrentan los azules de mar con sus verdores.
Tú todavía eres casi la aparecida,
la llegada una tarde sin luz entre dos luces,
cuando el joven sin rumbo de la ciudad prolonga,
pensativo, a sabiendas el regreso a su casa.
Tú todavía eres aquella que a mi lado
vas buscando el declive secreto de las dunas,
la ladera recóndita de la arena, el oculto
cañaveral que pone
cortinas a los ojos marineros del viento.
Allí estás, allí estoy contra ti, comprobando
la alta temperatura de las odas felices,
el corazón del mar ciegamente ascendido,
muriéndose en pedazos de dulce sal y espumas.
Todo nos mira alegre, después, por las orillas.



115

Los castillos caídos sus almenas levantan,
las algas nos ofrecen coronas y las velas,
tendido el vuelo, quieren cantar sobre las torres.
Esta mañana, amor, tenemos veinte años.


116

RETORNOS DE AMOR EN LOS VÍVIDOS PAISAJES


Creemos, amor mío, que aquellos paisajes
se quedaron dormidos o muertos con nosotros
en la edad, en el día en que los habitamos;
que los árboles pierden la memoria
y las noches se van, dando al olvido
lo que las hizo hermosas y tal vez inmortales.
Pero basta el más leve palpitar de una hoja,
una estrella borrada que respira de pronto
para vernos los mismos alegres que llenamos
los lugares que juntos nos tuvieron.
Y así despiertas hoy, mi amor, a mi costado,
entre los groselleros y las fresas ocultas
al amparo del firme corazón de los bosques.
Allí está la caricia mojada de rocío,
las briznas delicadas que refrescan tu lecho,
los silfos encantados de ornar tu cabellera
y las altas ardillas misteriosas que llueven
sobre tu sueño el verde menudo de las ramas.



117

Sé feliz, hoja, siempre: nunca tengas otoño,
hoja que me has traído
con tu temblor pequeño
el aroma de tanta ciega edad luminosa.
Y tú, mínima estrella perdida que me abres
las íntimas ventanas de mis noches más jóvenes,
nunca cierres tu lumbre
sobre tantas alcobas que al alba nos durmieron
y aquella biblioteca con la luna
y los libros aquellos dulcemente caídos
y los montes afuera desvelados cantándonos.




118

RETORNOS DEL AMOR EN UNA AZOTEA

Poblado estoy de muchas azoteas.
Sobre la mar se tienden las más blancas,
dispuestas a zarpar al sol, llevando
como velas las sábanas tendidas.
Otras dan a los campos, pero hay una
que solo da al amor, cara a los montes.
Y es la que siempre vuelve.
Allí el amor peinaba sus geranios,
conducía las rosas y jazmines
por las barandas y en la ardiente noche
se deshacía en una fresca lluvia.
Lejos, las cumbres, soportando el peso
de las grandes estrellas, lo velaban.
¿Cuándo el amor vivió más venturoso
ni cuándo entre las flores
recién regadas fuera
con más alma en la sangre poseído?
Subía el silbo de los trenes. Tiemblos
de farolillos de verbena y músicas
de los quioscos y encendidos árboles



119

remontaban y súbitos diluvios
de cometas veloces que vertían
en sus ojos fugaces resplandores.
Fue la más bella edad del corazón. Retorna
hoy tan distante en que la estoy soñando
sobre este viejo tronco, en un camino
que no me lleva ya a ninguna parte.



120


RETORNOS DEL AMOR EN UNA NOCHE DE VERANO

A tientas el amor, a ciegas en lo oscuro
tal vez entre las ramas, madura, alguna estrella,
vuelvo a sentirlo, vuelvo,
mojado de la escarcha caliente de la noche,
contra el hoyo de mentas tronchadas y tomillos.
Es él, único, solo, lo mismo que mi mano
la piel desparramada de mi cuerpo, la sombra
de mi recién salido corazón, los umbrosos
centros más subterráneos de mi ser lo querían.
Vuelve único, vuelve
como forma tocada nada más, como llena
palpitación tendida cubierta de cabellos,
como sangre enredada en mi sangre, un latido
dentro de otro latido solamente.
Más las palabras, ¿dónde?
Las palabras no llegan. No tuvieron espacio
en aquel agostado nocturno, no tuvieron
ese mínimo aire que media entre dos bocas
antes de reducirse a un clavel silencioso.



121

Pero un aroma oculto se desliza , resbala,
me quema un desvelado olor a oscura orilla.
Alguien está prendiendo por la yerba un murmullo.
Es que siempre en la noche del amor pasa un río.




122


RETORNOS DEL AMOR RECIÉN APARECIDO

Cuando tu apareciste,
penaba yo en la entraña más profunda
de una cueva sin aire y sin salida.
Braceaba en lo oscuro, agonizando,
oyendo un estertor que aleteaba
como el latir de un ave imperceptible.
Sobre mí derramaste tus cabellos
y ascendí al sol y vi que eran la aurora
cubriendo un alto mas en primavera.
Fue como si llegara al más hermoso
puerto del mediodía. Se anegaban
en ti los más lucidos paisajes:
claros, agudos montes coronados
de nieve rosa, fuentes escondidas
en el rizado umbroso de los bosques.
Yo aprendí a descansar sobre sus hombros
y a descender por ríos y laderas,
a entrelazarme en las tendidas ramas
y a hacer del sueño mi más dulce muerte.


123

Arcos me abriste y mis floridos años
recién subidos a la luz, yacieron
bajo el amor de tu apretada sombra,
sacando el corazón al viento libre
y ajustándolo al verde son del tuyo.
Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo
que no penaba en una cueva oscura,
braceando sin aire y sin salida.
Porque habías al fin aparecido.


124

RETORNOS DEL AMOR TAL COMO ERA

Eras en aquel tiempo rubia y grande,
sólida espuma ardiente y levantada.
Parecías un cuerpo desprendido
de los centros del sol, abandonado
por un golpe de mar en las arenas.
Todo era fuego en aquel tiempo. Ardía
la playa en tu contorno. A rutilantes
vidrios de voz quedaban reducidos
las algas, los moluscos y las piedras
que el oleaje contra ti mandaba.
Todo era fuego, exhalación, latido
de onda caliente en ti. Si era una mano
la atrevida o los labios, ciegas ascuas,
voladoras, silbaban por el aire.
Tiempo abrasado, sueño consumido.
Yo me volqué en tu espuma en aquel tiempo.



125


RETORNOS DEL ÁNGEL DE SOMBRA

A veces, amor mío, soy tu ángel de sombra.
Me levanto de no sé qué guaridas,
fulmíneo, entre los dientes
una espada de filos amargos, una triste
espada que tú bien, mi pobre amor, conoces.
Son los días oscuros de la furia, las horas
del despiadado despertar, queriéndote
en medio de las lágrimas subidas
del más injusto y dulce desconsuelo.
Yo sé, mi amor, de dónde esas tinieblas
vienen a mí, ciñéndote, apretándome
hasta hacerlas caer sobre tus hombros
y doblarlos, deshechos como un río.
¿Qué quieres tú, si a veces, amor mío, así soy,
cuando en las imborrables piedras pasadas, ciego,
me destrozo y batallo por romperlas,
por verte libre y sola en la luz mía?



124

RETORNOS DEL AMOR TAL COMO ERA

Eras en aquel tiempo rubia y grande,
sólida espuma ardiente y levantada.
Parecías un cuerpo desprendido
de los centros del sol, abandonado
por un golpe de mar en las arenas.
Todo era fuego en aquel tiempo. Ardía
la playa en tu contorno. A rutilantes
vidrios de voz quedaban reducidos
las algas, los moluscos y las piedras
que el oleaje contra ti mandaba.
Todo era fuego, exhalación, latido
de onda caliente en ti. Si era una mano
la atrevida o los labios, ciegas ascuas,
voladoras, silbaban por el aire.
Tiempo abrasado, sueño consumido.
Yo me volqué en tu espuma en aquel tiempo.



125

RETORNOS DEL ÁNGEL DE SOMBRA

A veces, amor mío, soy tu ángel de sombra.
Me levanto de no sé qué guaridas,
fulmíneo, entre los dientes
una espada de filos amargos, una triste
espada que tú bien, mi pobre amor, conoces.
Son los días oscuros de la furia, las horas
del despiadado despertar, queriéndote
en medio de las lágrimas subidas
del más injusto y dulce desconsuelo.
Yo sé, mi amor, de dónde esas tinieblas
vienen a mí, ciñéndote, apretándome
hasta hacerlas caer sobre tus hombros
y doblarlos, deshechos como un río.
¿Qué quieres tú, si a veces, amor mío, así soy,
cuando en las imborrables piedras pasadas, ciego,
me destrozo y batallo por romperlas,
por verte libre y sola en la luz mía?


126

Vencido siempre, aniquilado siempre,
vuelvo a la calma, amor, a la serena
felicidad, hasta ese oscuro instante
en que de nuevo bajo a mis guaridas
para erguirme otra vez tu ángel de sombra.



127

RETORNOS DEL OTOÑO

Nos dicen: Sed alegres.

Que no escuchen los hombres rodar en vuestros cantos
ni el más leve ruido de una lágrima.
Está bien. Yo quisiera, diariamente lo quiero,
mas hay horas, hay días, hasta meses y años
en que se carga el alma de una justa tristeza
y por tantos motivos que luchan silenciosos
rompe a llorar, abiertas las llaves de los ríos.
Miro el otoño, escucho sus aguas melancólicas
de dobladas umbrías que pronto van a irse.
Me miro a mí, me escucho esta mañana
y perdido ese miedo
que me atenaza a veces hasta dejarme mudo,
me repito: Confiesa
grita valientemente que quisieras morirte.
Di también: Tienes frío.
Di también: Estás solo, aunque otros te acompañen.
¿Qué sería de ti si al cabo no volvieras?
Tus amigos, tu niña, tu mujer, todos esos
que parecen quererte de verdad, ¿qué dirían?


128

Sonreíd. Sed alegres. Cantad la vida nueva.
Pero yo sin vivirla, ¡cuántas veces la canto!
¡Cuántas veces animo ciegamente a los tristes,
diciéndoles: Sed fuertes, porque vuestra es el alba!
Perdonadme que hoy sienta pena y la diga.
No me culpéis. Ha sido
la vuelta del otoño.


129

SABES TANTO DE MÍ

Sabes tanto de mí, que yo mismo quisiera
repetir con tus labios mi propia poesía,
elegir un pasaje de mi vida primera:
un cometa en la playa, peinado por Sofía.
No tengo que esperar ni que decirte espera
a ver en la memoria de la melancolía,
los pinares de Ibiza, la escondida trinchera,
el lento amanecer sin que llegara el día.
Y luego amor, y luego, ver que la vida avanza
plena de abiertos años y plena de colores,
sin final, no cerrada al sol por ningún muro.
Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza,
que los años en mí no son hojas, son flores,
que nunca soy pasado, sino siempre futuro.



130

SALAS DE LOS INFANTES (PREGÓN DEL AMANECER)

¡Arriba, trabajadores
madrugadores!
¡En una mulita parda
baja la aurora a la plaza
el aura de los clamores,
trabajadores!
¡Toquen el cuerno los cazadores;
hinquen el hacha los leñadores;
a los pinares el ganadico,
pastores!




131

SAN RAFAEL (SIERRA DE GUADARRAMA)

Zarza florida
Rosal sin vida.
Salí de mi casa, amante,
por ir al campo a buscarte.
Y en una zarza florida
hallé la cinta prendida,
de tu delantal, mi vida.
Hallé tu cinta prendida,
y más allá, mi querida,
te encontré muy mal herida
bajo del rosal, mi vida.
Zarza florida
Rosal sin vida.
Bajo del rosal sin vida.




132

SE DESPERTÓ UNA MAÑANA


Se despertó una mañana.
Soy la yerba,
llena de agua.
Me llamo yerba. Si crezco,
puedo llamarme cabello.
Me llamo yerba. Si salto,
puedo ser rumor de árbol.
Si grito, puedo ser pájaro.
Si vuelo...
(Hubo temblores de yerba
aquella noche en el cielo.)



133

SI GARCILASO VOLVIERA

Si Garcilaso volviera,
yo sería su escudero;
que buen caballero era.
Mi traje de marinero
se trocaría en guerrera
ante el brillar de su acero;
que buen caballero era.
¡Qué dulce oírle, guerrero,
al borde de su estribera!
En la mano, mi sombrero;
que buen caballero era.


134

SI MI VOZ MURIERA EN TIERRA

Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento una vela!




135

SI YO NACÍ CAMPESINO

Si yo nací campesino,
si yo nací marinero,
¿por qué me tenéis aquí,
si este aquí yo no lo quiero?
El mejor día, ciudad
a quien jamás he querido,
el mejor día —¡silencio!—
habré desaparecido.




136

SIXTINA

Tú mi vida, esta noche me has borrado
del corazón y hasta del pensamiento,
y tal vez, sin saberlo, me has negado
dándome por perdido ya en el viento.
Más luego, vida, vi cómo llorabas,
entre mis brazos y que me besabas.



137

SONETO

Oh tú mi amor, la de subidos senos
en punta de rubíes levantados
los más firmes, pulidos, deseados,
llenos de luz y de penumbra llenos.
Hermosos, dulces, mágicos, serenos
o en la batalla erguidos, agitados,
o ya en juegos de puro amor besados,
gráciles corzas de dormir morenos.
Oh tú mi amor, el esmerado estilo
de tu gran hermosura que en sigilo
casi muriendo alabo a toda hora.
Oh tú mi amor, yo canto la armonía
de tus perfectos senos la alegría
al ver que se me abren cada aurora.



138

TAL VEZ, OH MAR...

Tal vez, oh mar, mi voz ya esté cansada
y le empiece a faltar aquella transparencia,
aquel arranque igual al tuyo, aquello
que era tan parecido a tu oleaje.
Han pasado los años por mí, sus duras olas
han mordido la piedra de mi vida,
y al viento de este ocaso playero ya la miro
doblándose en las húmedas arenas.
Tú, no; tú sigues joven, con esa voz de siempre
y esos ojos azules renovados
que ven hundirse, insomnes, las edades.



139

TE DIGO ADIOS, AMOR

Te digo adiós, amor, y no estoy triste.
Gracias, mi amor, por lo que ya me has dado,
un solo beso lento y prolongado
que se truncó en dolor cuando partiste.
No supiste entender, no comprendiste
que era un amor final, desesperado,
ni intentaste arrancarme de tu lado
cuando con duro corazón me heriste.
Lloré tanto aquel día que no quiero
pensar que el mismo sufrimiento espero
cada vez que en tu vida reaparece
ese amor que al negarlo te ilumina.
Tu luz es él cuando mi luz decrece,
tu solo amor cuando mi amor declina.


140

TIRTEO

¿Qué tienes, dime, Musa de mis cuarenta años?
—Nostalgias de la tierra, de la mar y del colegio...



141

TRES RECUERDOS DEL CIELO

PRÓLOGO

No habían cumplido años ni la rosa ni el arcángel.
Todo, anterior al balido y al llanto.
Cuando la luz ignoraba todavía
si el mar nacería niño o niña.
Cuando el viento soñaba melenas que peinar
y claveles el fuego que encender y mejillas
y el agua unos labios parados donde beber.
Todo, anterior al cuerpo, al nombre y al tiempo.
Entonces, yo recuerdo que, una vez, en el cielo...
PRIMER RECUERDO
...una azucena tronchada...
G.A. BÉCQUER
Paseaba con un dejo de azucena que piensa,
casi de pájaro que sabe ha de nacer.
Homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer



142

Mirándose sin verse a una luna que le hacía espejo el
sueño
y a un silencio de nieve, que le elevaba los pies.
A un silencio asomada.
Era anterior al arpa, a la lluvia y a las palabras.
No sabía.
Blanca alumna del aire,
temblaba con las estrellas, con la flor y los árboles.
Su tallo, su verde talle.
Con las estrellas mías
que, ignorantes de todo,
por cavar dos lagunas en sus ojos
la ahogaron en dos mares.
Y recuerdo...
Nada más: muerta, alejarse.
SEGUNDO RECUERDO
...rumor de besos y batir de alas...
G.A. BÉCQUER
También antes,
mucho antes de la rebelión de las sombras,
de que al mundo cayeran plumas incendiadas
y un pájaro pudiera ser muerto por un lirio.
Antes, antes que tú me preguntaras
el número y el sitio de mi cuerpo.
Mucho antes del cuerpo.
En la época del alma.
Cuando tú abriste en la frente sin corona, del cielo,
la primera dinastía del sueño.


143

Cuando tú, al mirarme en la nada,
inventaste la primera palabra.
Entonces, nuestro encuentro.
TERCER RECUERDO
... detrás del abanico de plumas de oro...
G.A. BÉCQUER
Aún los valses del cielo no habían desposado al jazmín
/y la nieve,
ni los aires pensado en la posible música de tus
cabellos,
ni decretado el rey que la violeta se enterrara en un
/libro.
No.
Era la era en que la golondrina viajaba
sin nuestras iniciales en el pico.
En que las campanillas y las enredaderas
morían sin balcones que escalar y estrellas.
La era
en que al hombro de un ave no había flor que apoyara
/la cabeza.
Entonces, detrás de tu abanico, nuestra luna primera.



144

UN PAPEL DESVELADO EN SU BLANCURA

Un papel desvelado en su blancura.
La hoja blanca de un álamo intachable.
El revés de un jazmín insobornable.
Una azucena virgen de escritura.
El albo viso de una córnea pura.
La piel del agua impúber e impecable.
El dorso de una estrella invulnerable
Sobre lo opuesto a una paloma oscura.
Lo blanco a lo más blanco desafía.
Se asesinan de cal los carmesíes
Y el pelo rubio de la luz es cano.
Nada se atreve a desdecir el día.
Mas todo se me mancha de alhelíes
Por la movida nieve de una mano.



145

VAIVÉN

Por la tarde, ya al subir;
por la noche, ya al bajar;
yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.
¿Es azul, tarde delante?
¿Es lila, noche detrás?
Yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.
Si el pájaro serio canta
que es azul su azulear;
yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.
Si el mirlo liliburlero,
que es lila su lilear;
yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.


146

Ya nieve azul a la ida,
nieve lila al retornar;
yo quiero pisar la nieve
azul del jacarandá.



147

VEN

Ven, mi amor, en la tarde de Aniene
y siéntate conmigo a ver el viento.
Aunque no estés, mi solo pensamiento
es ver contigo el viento que va y viene.
Tú no te vas, porque mi amor te tiene.
Yo no me iré, pues junto a ti me siento
más vida de mi sangre, más tu aliento,
más luz del corazón que me sostiene.
Tú no te irás, mi amor, aunque lo quieras.
Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
aún yéndote, mi amor, jamás te irías.
Es tuya mi canción, en ella estoy.
Y en ese viento que va y viene voy,
y en ese viento siempre me verías.



148

VUELA LA NOCHE ANTIGUA DE ERECCIONES

Vuela la noche antigua de erecciones,
Muertas, como las manos, a la aurora.
Un clavel prolongado desmejora,
Hasta empalidecerlos, los limones.
Contra lo oscuro cimbran esquilones,
Y émbolos de una azul desnatadora
Mueven entre la sangre batidora
Un vertido rodar de cangilones.
Cuando el cielo se arranca su armadura
Y en un errante nido de basura
Le grita un ojo al sol recién abierto.
Futuro en las entrañas sueña el trigo,
Llamando al hombre para ser testigo...
Mas ya el hombre a su lado duerme muerto.

sábado 8 de noviembre de 2008

FRASES FAMOSOAS ANTONIO MACHADO

MACHADO, Antonio
Poeta español. Nació el 26 de julio de 1875 en Sevilla. Hijo de un eminente folcklorista recopilador de la poesía popular andaluza. A los ocho años se
marchó a Madrid, educándose en La Institución Libre de Enseñanza, donde recibe una educación laica y progresista. En 1893 publica sus primeros
trabajos en prosa en La Caricatura, revista que se publicó en Madrid en los años 1892 y 1893. Su primer viaje a Francia lo hace con su hermano
Manuel en 1899, trabajando como traductor de español para la Casa Garnier. Su estancia en París le pone en contacto con los poetas simbolistas
franceses, principalmente con Verlaine y con el poeta nicaragüense Rubén Darío. Fruto de todo ello es la publicación en 1903 de su primer poemario
"Soledades", que le da a conocer en el programa literario, y donde hace alarde de la estética modernista. En 1907 obtuvo la cátedra de Lengua
Francesa en un instituto de Soria, ciudad que marcará su vida y su obra. En la pensión donde vive conoce a Leonor Izquierdo Cuevas, hija de la
dueña. Se casan en 1909 y Leonor enferma y muere en menos de tres años después. Trabajaba en Campos de Castilla y colabora en los periódicos
de Soria, y en La Lectura de Madrid, publica poemas de Proverbios y Cantares. En 1910 con una beca de un año de duración para estudiar filología
francesa en París, y va a la Sorbona, a los cursos de Henry Bergson. En los años sucesivos vive en Segovia y Madrid, donde le nombran miembro de
la Real Madrid en 1927. De talante izquierdista y firme defensor de la república se ve obligado a abandonar Madrid tras la Guerra Civil, primero a
Valencia para más tarde vivir como exiliado en Francia, en Colliure, donde muere el 22 de febrero de 1939.
Frases del autor:
"¿Tu verdad? No, la Verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya, guárdatela."
"Tras el vivir y el soñar, esta lo que más importa: despertar."
"Los que están siempre de vuelta de todo son los que nunca han ido a ninguna parte."
"La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés."
"A las palabras de amor les sienta bien un poquito de exageración."
"El cine... ese invento del demonio."
"El ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve."
"Los conceptos son de todos y se nos imponen desde fuera; las intuiciones siempre son nuestras."
"Después de la verdad, nada hay tan bello como la ficción."
"Caminante no hay camino, se hace camino al andar."
"Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer."
"Para dialogar, preguntad primero: después... escuchad."
"Nadie sabe ya lo que se sabe, aunque sepamos todos que lo que de todo hay quien sepa."
"Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo despertar."
"Que dos y dos sean necesariamente cuatro, es una opinión que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente
piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada."
"Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis
una idea aproximada de vuestra estatura."
"La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido."
"Todo necio confunde valor y precio."
"Nadie debe asustarse de lo que piensa: porque todo ha de ser pensado por alguien, y el mayor desatino puede ser un
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punto de vista de lo real."
"¿Dijiste media verdad?. Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad."
"Hay dos clases de hombres: los que viven hablando de las virtudes y los que se limitan a tenerlas."
"En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad."
"Poned atención: un corazón solitario no es corazón."
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RAFAEL ALBERTI. RETORNOS DE UNA SOMBRA MALDITA

Rafael Alberti
Retornos de una sombra maldita
¿Será difícil, madre, volver a ti? Feroces somos tus hijos. Sabes que no te merecemos quizás, que hoy una sombra maldita nos desune, nos separa de tu agobiado corazón, cayendo atroz, dura, mortal, sobre sus telas, como un oscuro hachazo. No, no tenemos manos, ¿verdad?, no las tenemos, que no lo son, ay, ay, porque son garras, zarpas siempre dispuestas a romper esas fuentes que coagulan para ti sola en llanto.
No son dientes tampoco, que son puntas, fieras crestas limadas incapaces de comprender tus labios y mejillas. Han pasado desgracias, han sucedido, madre, verdaderas noches sin ojos, albas que no abrian sino para cerrarse en ciega muerte. Cosas que no acontecen, que alguien pensó más lejos, más allá de las lívidas fronteras del espanto, madre, han acontecido. Y todavía por si acaso hubieras, por si tal vez hubieras soñado en un momento que en el olvido puede calmar el mar sus olas, un incesante acoso un ceñido rodeote aprietan hasta hacerte subir vertida y sin final en sangre. Júntanos, madre. Acercaesa preciosa rama tuya, tan escondida, que anhelamos asir, estrechar todos, encendiéndonos en ella como un único fruto de sabor dulce, igual. Que en ese día,desnudos de esa amarga corteza, liberados de ese hueso de hiel que nos consume, alegres, rebosemos tu ya tranquilo corazón sin sombra.

QUERIDO RAFAEL ALBERTI DEL PUERTO DE SANTA MARÍA, CÁDIZ

RAFAEL, tu fuiste el que cercionaste los tímpanos helados/Tú cantaste a la verdad entera como a ninguno/RAFAEL, TÚ NUNCA MORIRÁS DEL TODO/Tú fuiste aquel maravilloso MARINERO EN TIERRA. /TU, Posted by PicasaRAFAEL, QUERIDO, voz potente y fuerte de todas las voces de los poetas. Fuiste únnico y maravilloso

MIGUEL DUBOIS

viernes 7 de noviembre de 2008

RAFAEL ALBERTI CANTA A FEDERICO GARCÍA LORCA

Rafael Alberti

A Federico García Lorca[LT1]

(VERANO)
Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
en largo ciervo de agua convertido,
hacia el mar de las albas claridades,
del martín-pescador mecido nido;
que yo saldré a esperarte amortecido,
hecho junco, a las altas soledades
herido por el aire y requerido
por tu voz, sola entre las tempestades.
Deja que escriba, débil junco frío,
mi nombre en esas aguas corredoras,
que el viento llama, solitario, río.
Disuelto ya en tu nieve el nombre mío,
vuélvete a tus montañas trepadoras
ciervo de espuma, rey del monterío.
(De «Marinero en tierra»)
Libros Tauro

POESÍA DE FEDERICO GARCÍA LOCA

LIBROdot.com

 

Federico García Lorca

LIBRO DE POEMAS

(1921)

                                                                                                                   A mi hermano

                                              Paquito

 

 

 

POÉTICA

   (De viva voz a G[erardo] D[iego].)

 

Pero, ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más. Com­prenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía.

Aquí está: mira. Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin litera­tura. Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos. No sé. Puede que algún día me guste la poesía mala muchísimo, como me gusta (nos gusta) hoy la música mala con locura. Quemaré el Partenón por la noche para em­pezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca.

En mis conferencias he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea un in­consciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios ‑o del demonio‑, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en abso­luto de lo que es un poema.

 

 

PALABRAS DE JUSTIFICACION

 

Ofrezco en este libro, todo ardor juvenil, tortura y ambición sin me­dida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud, esos días que enlazan el instante de hoy con mi infancia reciente.

En estas páginas desordenadas va el reflejo fiel de mi corazón y de mis ansias teñido del matiz que le prestara, al poseerlo, lc vida palpi­tante en torno, recién nacida para mi mirada.

Se hermana el nacimiento de cada una de estas poesías que tienes en tus manos, lector, al propio nacer de un brote nuevo del árbol músico de mi vida en flor. Ruindad fuera el menospreciar esta obra que tan enlazada está a mi propia vida.

Sobre su incorrección, sobre su limitación, segura, tendrá este libro la virtud, entre otras muchas que yo advierto, de recordarme en todo instante mi infancia apasionada correteando desnuda por las praderas de una vega, sobre un fondo de serranía.

 

                                                                                                                              (1921)

 

 

 

VELETA

Julio de 1920. (Füente Vaqueros, Granada.)

 

 

Viento del Sur,

moreno, ardiente,

llegas sobre mi carne,

tiayéndome semilla

de brillantes

miradas, empapado

de azahares.

 

Pones roja la luna

y sollozantes los álamos cautivos, pero vienes

¡demasiado tarde!

¡ya he enrollado la noche de mi cuento

en el estante!          

 

Sin ningún viento,

¡hazme caso!

gira, corazón;

gira, corazón.

 

Aire del Norte,

¡oso blanco del viento!

llegas sobre mi carne

tembloroso de auroras

boreales,

con tu capa de espectros

capitanes,

y riyéndote a gritos

del Dante,

¡oh pulidor de estrellas!

pero vienes demasiado tarde.

 

Mi almario está musgoso

y he perdido la llave.

 

Sin ningún viento,

¡hazme caso!

gira, corazón;

gira, corazón.

 

Brisas, gnomos y vientos

de ninguna parte.

Mosquitos de la rosa

de pétalos pirámides.

Alisios destetados

entre los rudos árboles,

flautas en la tormenta,

¡dejadme!

tiene recias cadenas

mi recuerdo,

y está cautiva el ave

que dibuja con trinos

la tarde.

 

Las cosas que se van no vuelven nunca

todo el mundo lo sabe,

y entre el claro gentío de los vientos

es inútil quejarse. ,

¿Verdad, chopo, maestro de la brisa?

¡es inútil quejarse!  

 

Sin ningún viento,

¡hazme caso!

gira, corazón;

gira, corazón.

 

 

 

LOS ENCUENTROS DE UN CARACOL AVENTURERO

Diciembre de 1918. (Granada.)

A Ramón P. Roda.

 

Hay dulzura infantil

en la mañana quieta.           

 

Los árboles extienden

sus brazos a la tierra.

 

 

Un vaho tembloroso

cubre las sementeras,

y las arañas tienden

sus caminos de seda

‑rayas al cristal limpio

del aire.‑

En la alameda

un manantial recita

su canto entre las hierbas.

Y el caracol, pacífico

burgués de la vereda,

ignorado y humilde,

el paisáje contempla..

La divina quietud

de la Naturaleza

le dio valor y fe,

y olvidando las penas

de su hogar, deseó

ver el fin de la senda.

 

Echó a andar a internóse

en un bosque de yedras

y de ortigas. En medio

había dos ranas viejas

que tomaban el sol,

aburridas y enfermas.

 

Esos cantos modernos,

murmuraba una de ellas,

son inútiles. Todos,

amiga, le contesta

la otra rana, que estaba

herida y casi ciega:

cuando joven creía

que si al fin Dios oyera

nuestro canto, tendría

compasión. Y mi ciencia,

pues ya he vivido mucho,

hace que no lo crea,

yo ya no canto más...

 

Las dos ranas se quejan

pidiendo una limosna

a una ranita nueva

que pasa presumida

apartando las hierbas.

 

Ante el bosque sombrío

el caracol se aterra.

Quiere gritar. No puede.

Las rams se le acercan.

 

¿Es una mariposa?,

dice la casi ciega.

Tiene dos cuernecitos,

la otra rana contesta.

Es el caracol. ¿Vienes,

caracol, de otras tierras?

 

Vengo de mi casa y quiero

volverme muy pronto a ella.

Es un bicho muy cobarde,

exclama la rana ciega.

¿No cantas nunca? No canto,

dice el caracol. ¿Ni rezas?

Tampoco: nunca aprendí.

¿Ni crees en la vida eterna?

¿Qué es eso?

Pues vivir siempre

en el agua más serena,

junto a una tierra florida

que a un rico manjar sustenta.

Cuando niño a mí me dijo,

un día, mi pobre abuela

que al morirme yo me iría

sobre las hojas más tiernas

de los árboles más altos.

 

Una hereje era tu abuela.

La verdad te la decimos

nosotras. Creerás en ella,

dicen las ranas furiosas.

 

¿Por qué quise ver la senda?

gime el caracol. Sí creo

por siempre en la vida eterna

que predicáis...

 

Las ranas,

muy pensativas, se alejan,

y el caracol, asustado,

se va perdiendo en la selva.

 

Las dos ranas mendigas

como esfinges se quedan.

Una de ellas pregunta:

¿Crees tú en la vida eterna?

Yo no, dice muy triste

la rana herida y ciega.

¿Por qué hemos dicho, entonces,

al caracol que crea?

Porque... No sé por qué,

dice la rana ciega.

Me lleno de emoción

al sentir la firmeza

con que llaman mis hijos

a Dios desde la acequia...

 

E1 pobre caracol

vuelve atrás. Ya en la senda

un silencio ondulado

mana de la alameda.

Con un grupo de hormigas

encarnadas se encuentra.

Van muy alborotadas,

arrastrando tras ellas

a otra hormiga que tiene

tronchadas las antenas.

El caracol exclama:

hormiguitas, paciencia.

¿Por qué así maltratáis

a vuestra compañera?

Contadme lo que ha hecho.

Yo juzgaré en conciencia.

Cuéntalo tú, hormiguita.

 

La hormiga medio muerta,

dice muy tristemente:

yo he visto las estrellas.

¿Qué son estrellas?, dicen

las hormigas inquietas.

Y el caracol pregunta

pensativo: ¿estrellas?

Sí, repite la hormiga,

he visto las estrellas.

Subí al árbol más alto

que tiene la alameda

y vi miles de ojos

dentro de mis tinieblas.

E1 caracol pregunta:

¿pero qué son estrellas?

Son luces que llevamos

sobre nuestra cabeza.

Nosotras no las vemos,

las hormigas comentan.

Y el caracol: mi vista

sólo alcanza a las hierbas.

 

Las hormigas exclaman

moviendo sus antenas:

te mataremos, eres

perezosa y perversa.

El trabajo es tu ley.

 

Yo he visto a las estrellas,

dice la hormiga herida.

Y el caracol sentencia:

dejadla que se vaya,

seguid vuestras faenas.

Es fácil que muy pronto

ya rendida se muera.

 

Por el aire dulzón

ha cruzado una abeja.

La hormiga agonizando

huele la tarde inmensa

y dice: es la que viene

a llevarme a una estrella.

 

Las demás hormiguitas

huyen al verla muerta.

 

E1 caracol suspira

y aturdido se aleja

lleno de confusión

por lo eterno. La senda

no tiene fin, exclama.

Acaso a las estrellas

se llegue por aquí.

Pero mi gran torpeza

me impedirá llegar.

No hay que pensar en ellas.

 

Todo estaba brumoso

de sol débil y niebla.

Campanarios lejanos

llaman gente a la iglesia.

Y el caracol, pacífico

burgués de la vereda,

aturdido a inquieto

el paisaje contempla.

 

 

 

CANCION OTOÑAL

Noviembre de 1918. (Granada.)

 

Hoy siento en el corazón

un vago temblor de estrellas,

pero mi senda se pierde

en el alma de la niebla.

La luz me troncha las alas

y el dolor de mi tristeza

 

va mojando los recuerdos

en la fuente de la idea.

 

Todas las rosas son blancas,

tan blancas como mi pena,

y no son las rosas blancas.

que ha nevado sobre ellas.

Antes tuvieron el iris.

También sobre el alma nieva.

La nieve del alma tiene

copos de besos y escenas

que se hundieron en la sombra

o en la luz del que las piensa.

 

La nieve cae de las rosas

pero la del alma queda,

y la garra de los años

hace un sudario con ellas.

 

¿Se deshelará la nieve

cuando la muerte nos lleva?

¿O después habrá otra nieve

y otras rosas más perfectas?

 

¿Será la paz con nosotros

como Cristo nos enseña?

¿O nunca será posible

la solución del problema?

 

¿Y si el amor nos engaña?

¿Quién la vida nos alienta

si el crepúsculo nos hunde

en la verdadera ciencia

del bien que quizá no exista

y del mal que late cerca?

 

¿Si la esperanza se apaga

y la Babel se comienza

qué antorcha iluminará

los caminos en la Tierra?

 

¿Si el azul es un ensueño

qué será de la inocencia?

¿Qué será del corazón

si el amor no tiene flechas?

 

¿Y si la muerte es la muerte

qué será de los poetas

y de las cosas dormidas

que ya nadie las recuerda?

¡Oh sol de las esperanzas!

¡Agua clara! ¡Luna nueva!

¡Corazones de los niños!

¡Almas rudas de las piedras!

Hoy siento en el corazón

un vago temblor de estrellas

y todas las rosas son

tan blancas como mi pena.

 

 

CANCION PRIMAVERAL

28 de marzo de 1919. (Granada.)

 

I

Salen los niños alegres

de la escuela,

poniendo en el aire tibio

del abril, canciones tiernas.

¡Qué alegría tiene el hondo

silencio de la calleja!

Un silencio hecho pedazos

por risas de plata nueva.

 

II

Voy camino de la tarde

entre flores de la huerta,

dejando sobre el camino

el agua de mi tristeza.

En el monte solitario,

un cementerio de aldea

parece un campo sembrado

con granos de calaveras.

Y han florecido cipreses

como gigantes cabezas

que con órbitas vacías

y verdosas cabelleras,

pensativos y dolientes

el horizonte contemplan.

 

¡Abril divino, que vienes

cargado de sol y esencias,

llena con nidos de oro

las floridas calaveras!

 

 

 

CANCIÓN MENOR

Diciembre de 1918. (Granada.)

 

Tienen gotas de rocío

las alas del ruiseñor,

gotas claras de la luna

cuajadas por su ilusión.

 

Tiene el mármol de la fuente

el beso del surtidor,

sueño de estrellas humildes.

 

Las niñas de los jardines

me dicen todas adiós

cuando paso. Las campanas

también me dicen adiós.

Y los árboles se besan

en el crepúsculo. Yo

voy llorando por la calle,

grotesco y sin solución,

con tristeza de Cyrano

y de Quijote, redentor

de imposibles infinitos

 

con el ritmo del reloj.

Y veo secarse los lirios

al contacto de mi voz

manchada de luz sangrienta,

y en mi lírica canción

llevo galas de payaso

empolvado. El amor

bello y lindo se ha escondido

bajo una araña. El sol

como otra araña me oculta

con sus patas de oro. No

conseguiré mi ventura,

pues soy como el mismo Amor,

cuyas flechas son de llanto,

y el carcaj el corazón.

 

Daré todo a los demás

y lloraré mi pasión

como niño abandonado

en cuento que se borró.

 

 

 

ELEGIA A DOÑA JUANA LA LOCA

Diciembre de 1918. (Granada.)

A Melchor Fernández Almagro.

 

Princesa enamorada sin ser correspondida.

Clavel rojo cn un valle profundo y desolado.

La tumba que te guarda rezuma tu tristeza

a través de los ojos que ha abierto sobre el mármol.

 

Eras una paloma con alma gigantesca

cuyo nido fue sangre del suelo castellano,

derramaste tu fuego sobre un cáliz de nieve

y al querer alentarlo tus alas se troncharon.

 

Soñabas que tu amor fuera como el infante

que te sigue sumiso recogiéndo tu manto.

Y en vez de flores, versos y collares de perlas,

te dio la Muerte rosas marchitas en un ramo.

 

Tenías en el pecho la formidable aurora

de Isabel de Segura. Melibea. Tu canto

como alondra que mira quebrarse el horizonte

se torna de repente monótono y amargo.

 

Y tu grito estremece los cimientos de Burgos

y oprime la salmodia del coro cartujano,

y choca con los ecos de las lentas campanas

perdiéndose en la sombra tembloroso y rasgado.

 

Tenías la pasión que da el cielo de España,

la pasión del puñal, de la ojera y el llanto.

¡Oh princesa divina de crepúsculo rojo

con la rueca de hierro y de acero lo hilado!

 

Nunca tuviste el nido, ni el madrigal doliente

ni el laúd juglaresco que solloza lejano.

Tu juglar fue un mancebo con escamas de plata

y un eco de trompeta su acento enamorado.

 

Y sin embargo, estabas para el amor formada,

hecha para el suspiro, el mimo y el desmayo,

para llorar tristezas sobre el pecho querido

deshojando una rosa de olor entre los labios.

 

Para mirar la luna bordada sobre el río

y sentir la nostalgia que en sí lleva el rebaño

y mirar los eternos jardines de la sombra,

¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

 

¿Tienes los ojos negros abiertos a la luz

o se enredan serpientes a tus senos exhaustos...?

¿Dónde fueron tus besos lanzados a los vientos?

¿Dónde fue la tristeza de tu amor desgraciado?

En el cofre de plomo, dentro de to esqueleto,

tendrás el corazón partido en mil pedazos.

 

Y Granada te guarda como santa reliquia,

¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

Eloísa y Julieta fueron dos margaritas

pero tú fuiste un rojo clavel ensangrentado

que vino de la tierra dorada de Castilla,

a dormir entre nieve y cipresales castos.

 

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,

los cipreses tus cirios, la sierra tu retablo.

Un retablo de nieve que mitigue tus ansias,

¡con el agua que pasa junto a ti! ¡La del Dauro!

 

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,

la de las torres viejas y del jardín callado,

la de la yedra muerta sobre los muros rojos,

la de la niebla azul y el arrayán romántico.

 

Princesa enamorada y mal correspondida.

Clavel rojo en un valle profundo y desolado.

La tumba que te guarda rezuma to tristeza

a través de los ojos que ha abierto sobre el mármol.

 

 

 

 

 

¡CIGARRA!

3 de agosto de 1918. (Fuente Vaqueros, Granada.)

A Maria Luisa.

 

¡Cigarra!

¡Dichosa tú!,

que sobre el lecho de tierra

mueres borracha de luz.

 

Tú sabes de las campiñas

el secreto de la vida,

y el cuento del hada vieja

que nacer hierba sentía

en ti quedóse guardado.

 

¡Cigarra!

¡Dichosa tú!,

pues mueres bajo la sangre

de un corazón todo azul.

La luz es Dios que desciende

y el sol

brecha por donde se filtra.

 

¡Cigarra!

¡Dichosa tú!,

pues sientes en la agonía

todo el peso del azul.

 

Todo lo vivo que pasa

por las puertas de la muerte

va con la cabeza baja

y un aire blanco durmiente.

Con habla de pensamiento.

Sin sonidos...

Tristemente,

cubierto con el silencio

que es el manto de la muerte

 

Mas tú, cigarra encantada,

derramando son te mueres

y quedas transfigurada

en sonido y luz celeste.

 

 

¡Cigarra!

¡Dichosa tú!,

pues te envuelve con su manto

el propio Espíritu Santo,

que es la luz.

 

¡Cigarra!

Estrella sonora

sobre los campos dormidos,

vieja amiga de las ranas

y de los oscuros grillos,

tienes sepulcros de oro

en los rayos tremolinos

del sol que dulce te hiere

en la fuerza del estío,

y el sol se lleva tu alma

para hacerla luz.

 

Sea mi corazón cigarra

sobre los campos divinos.

Que muera cantando lento

por el cielo azul herido

y cuando esté ya expirando

una mujer que adivino

lo derrame eon sus manos

por el polvo.

 

Y mi sangre sobre el campo

sea rosado y dulce limo

donde claven sus azadas

los cansados campesinos.

 

¡Cigarra!

¡Dichosa tú!,

pues te hieren las espadas invisibles

del azul

 

BALADA TRISTE

(PEQUEÑO POEMA

Abril de 1918. (Granada.)

 

¡Mi corazón es una mariposa,

niños buenos del prado!.

que presa por la araña gris del tiempo

tiene el polen fatal del desengaño.

De niño yo canté como vosotros,

niños buenos del prado,

solté mi gavilán con las temible;

cuatro uñas de gato,

Pasé por el jardín de Cartagena

la verbena invocando

y perdí la sortija de mi dicha

al pasar el arroyo imaginario.

 

Fui también caballero

una tarde fresquita de mayo.

Ella era entonces para mí el enigma,

Estrella azul sobre mi pecho intacto.

Cabalgué lentamente hacia los cielos,

era un domingo de pipirigallo,

y vi que en vez de rosas y claveles

ellá tronchaba lirios con sus manos.

 

Yo siempre fui intranquilo,

niños buenos del prado,

el ella del romance me sumía

en ensoñares claros:

¿Quién será la que coge los claveles

y las rosas de mayo?

¿Y por qué la verán sólo los niños

a lomos de Pegaso?

¿Será esa misma la que en los ron­dones

con tristeza llamamos

estrella, suplicándole que salga

a danzar por el campo?...

 

En abril de mi infancia yo cantaba,

niños buenos del prado,

la ella impenetrable del romance

donde sale Pegaso.

Yo decía en las noches la tristeza

de mi amor ignorado,

y la luna lunera ¡qué sonrisa

ponía entre sus labios!

¿Quién será la que corta los claveles

y las rosas de mayo?

Y de aquella chiquita, tan bonita,

que su madre ha casado,

¿en qué oculto rincón de cementerio

dormirá su fracaso?

 

Yo solo con mi amor desconocido,

sin corazón, sin llantos,

hacia el techo imposible de los cielos

con un gran sol por báculo.

 

¡Qué tristeza tan seria me da sombra!

­niños buenos del prado,

cómo recuerda dulce el corazón

los días ya lejanos...

¿Quién será la que corta los claveles

y las rosas de mayo?

 

 

 

MAÑANA

7 de agosto de 1918. (Fuente Vaqueros, Granada.)

A Fernando Marchesi.

 

Y la canción del agua

es una cosa eterna.

 

Es la savia entrañable

que madura los campos.

Es sangre de poetas

que dejaron sus almas

perderse en los senderos

de la Naturaleza.

 

¡Qué armonías derrama

al brotar de la peña!

Se abandona a los hombre

con sus dulces cadencias,

 

La mañana está clara.

Los hogares humean,

y son los humos brazos

que levanta la niebla.

Escuchad los romances

del agua en las choperas.

¡Son pájaros sin alas

perdidos entre hierbas!

 

Los árboles que cantan

se tronchan y se secan.

Y se tornan llanuras

las montañas serenas.

Mas la canción del agua

es una cosa eterna.

 

Ella es luz hecha canto

de ilusiones románticas.

Ella es firme y suave

llena de cielo y mansa.

Ella es niebla y es rosa

de la eterna mañana.

Miel de luna que fluye

de estrellas enterradas.

¿Qué es el santo bautismo,

sino Dios hecho agua

que nos unge las frentes

con su sangre de gracia?

Por algo Jesucristo

en ella confirmóse,

por algo las estrellas

en sus ondas descansan.

Por algo madre Venus

en su seno engendróse,

que amor de amor tomamos

cuando bebemos agua.

Es el amor que corre

todo manso y divino,

es la vida del mundo,

la historia de su alma.

 

Ella lleva secretos

de las bocas humanas,

pues todos la besamos

y la sed nos apaga.

Es un arca de besos

de bocas ya cerradas,

es eterna cautiva,

del corazón hermana.

 

Cristo debió decirnos:

“Confesaos con el agua

de todos los dolores,

de todas las infamias.

¿A quién mejor, hermanos,

entregar nuestras ansias

que a ella que sube al cielo

en envolturas blancas?”

 

No hay estado perfecto

como al tomar el agua,

nos volvemos más niños

y más buenos: y pasan

nuestras penas vestidas

con rosadas guirnaldas.

Y los ojos se pierden

en regiones doradas.

¡Oh fortuna divina

por ninguno ignorada!

Agua dulce en que tantos

sus espíritus lavan,

no hay nada comparable

con tus orillas santas

si una tristeza honda

nos ha dado sus alas.

 

 

 

 

LA SOMBRA DE MI ALMA

Diciembre de 1919. (Madrid.)

 

La sombra de mi alma

huye por un ocaso de alfabetos,

niebla de libros

y palabras.

 

¡La sombra de mi alma!

 

He llegado a la línea donde cesa

la nostalgia

y la gota de llanto se transforma

alabastro de espíritu.

 

(¡La sombra de mi alma!)

 

El copo del dolor

se acaba,

pero queda la razón y la sustancia

de mi viejo mediodía de labios,

de mi viejo mediodía

de miradas.

 

Un turbio laberinto

de estrellas ahumadas

enreda mi ilusión

casi marchita.

 

¡La sombra de mi alma!

 

Y una alucinación

Me ordeña las miradas.

Veo la palabra amor

desmoronada.

 

¡Ruiseñor mío!

¡Ruiseñor!

¿Aún cantas?

 

 

 

LLUVIA

Enero de 1919. (Granada.)

 

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,

algo de soñolencia resignada y amable.

Una música humilde se despierta con ella

que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

 

Es un besar azul que recibe la Tierra,

el mito primitivo que vuelve a realizarse.

El contacto ya frío de cielo y tierra viejos

con una mansedumbre de atardecer constante.

 

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores

y nos unge de espíritu santo de los mares.

La que derrama vida sobre las sementeras

y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

 

La nostalgia terrible de una vida perdida,

el fatal sentimiento de haber nacido tarde,

o la ilusión inquieta de un mañana imposible

con la inquietud cercana del dolor de la carne.

 

El amor se despierta en el gris de su ritmo,

nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,

pero nuestro optimismo se convierte en tristeza,

al contemplar las gotas muertas en los cristales.

 

Y son las gotas ojos de infinito que miran

al infinito blanco que les sirvió de madre.

 

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio

y le dejan divinas heridas de diamante.

Son poetas del agua que han visto y que meditan

lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

 

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,

lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,

lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,

la que amorosa y triste sobre las cosas caes!

 

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas

almas de fuentes claras y humildes manantiales!

Cuando sobre los campos desciendes lentamente

las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

 

El canto primitivo que dices al silencio

y la historia sonora que cuentas al ramaje

los comenta llorando mi corazón desierto

en un negro y profundo pentagrama sin clave.

 

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,

tristeza resignada de cosa irrealizable.

Tengo en el horizonte un lucero encendido

y el corazón me impide que corra a contemplarle.

 

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman

y eres sobre el piano dulzura emocionante.

Das al alma las mismas nieblas y resonancias

que pones en el alma dormida del paisaje!

 

 

 

SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR

10 de noviembre de 1919. (Granada.)

 

Yo pronuncio tu nombre

en las noches oscuras,

cuando vienen los astros

a beber en la luna

y duermen los ramajes

de las frondas ocultas.

Y yo me siento hueco

de pasión y de música.

Loco reloj que canta

muertas horas antiguas.

 

Yo pronuncio tu nombre,

en esta noche oscura,

y tu nombre me suena

más lejano que nunca.

Más lejano que todas las estrellas

y más doliente que la mansa lluvia

 

¿Te querré como entonces

alguna vez? ¿Qué culpa

tiene mi corazón?

Si la niebla se esfuma

¿qué otra pasión me espera?

¿será tranquila y pura?

¡¡si mis dedos pudieran

deshojar a la luna!!

 

 

 

 

EL CANTO DE LA MIEL

Noviembre de 1918. (Granada.)

 

La miel es la palabra de Cristo,

el oro derretido de su amor.

El más allá del néctar,

la momia de la luz del paraíso.

 

La colmena es una estrella casta,

pozo de ámbar que alimenta el ritmo

de las abejas. Seno de los campos

tembloroso de aromas y zumbidos.

 

La miel es la epopeya del amor,

la materialidad de lo infinito.

Alma y sangre doliente de las flores

condensada a través de otro espíritu.

 

(Así la miel del hombre es la poesía

que mana de su pecho dolorido,

de un panal con la cera del recuerdo

formado por la abeja de lo íntimo.)

 

La miel es la bucólica lejana

del pastor, la dulzaina y el olivo,

hermana de la leche y las bellotas,

reinas supremas del dorado siglo.

 

La miel es como el sol de la mañana,

tiene toda la gracia del estío

y la frescura vieja del otoño.

Es la hoja marchita y es el trigo.

 

¡Oh divino licor de la humildad,

sereno como un verso primitivo!

 

La armonía hecha carne tú eres

el resumen genial de lo lírico.

En ti duerme la melancolía,

el secreto del beso y del grito.

 

Dulcísima. Dulce. Éste es to adjetivo.

Dulce como los vientres de las hembras.

Dulce como los ojos de los niños.

Dulce como la sombra de la noche.

Dulce como una voz.

O como un lirio.

 

Para el que lleva la pena y la lira,

eres sol que ilumina el camino.

Equivales a todas las bellezas,

al color, a la luz, a los sonidos.

 

¡Oh! Divino licor de la esperanza,

donde la perfección del equilibrio

llegan alma y materia en unidad

como en la hostia cuerpo y luz de Cristo.

 

Y el alma superior es de las flores.

¡Oh licor que esas almas has unido!

El que to gusta no sabe que traga

 un resumen dorado del lirismo.

 

 

 

ELEGIA

Diciembre de 1918. (Granada.)

 

Como un incensario lleno de deseos,

pasas en la tarde luminosa y clara

con la carne oscura de nardo marchito

y el sexo potente sobre tu mirada.

 

Llevas en la boca to melancolía

de pureza muerta, y en la dionisíaca

copa de tu vientre la araña que teje

el velo infecundo que cubre la entraña

nunca florecida con las vivas rosas

fruto de los besos.

 

En tus manos blancas

llevas la madeja de tus ilusiones,

muertas para siempre, y sobre tu alma

la pasión hambrienta de besos de fuego

y tu amor de madre que sueña lejanas

visiones de cunas en ambientes quietos,

hilando en los labios lo azul de la nana.

 

Como Ceres dieras tus espigas de oro

si el amor dormido to cuerpo.tocara,

y como la virgen María pudieras

brotar de tus senos otra vía láctea.

 

Te marchitarás como la magnolia.

Nadie besará tus muslos de brasa.

Ni a tu cabellera llegarán los dedos

que la pulsen como las cuerdas de un arpa.

 

¡Oh mujer potente de ébano y de nardo!

cuyo aliento tiene blancor de biznagas.

Venus del mantón de Manila que sabe

del vino de Málaga y de la guitarra.

 

¡Oh cisne moreno!, cuyo lago tiene

lotos de saetas, olas de naranjas

y espumas de rojos claveles que aroman

los nidos marchitos que hay bajo sus alas.

 

Nadie te fecunda. Mártir andaluza,

tus besos debieron ser bajo una parra

plenos del silencio que tiene la noche

y del ritmo turbio del agua estancada.

 

Pero tus ojeras se van agrandando

y tu pelo negro va siendo de plata;

tus senos resbalan escanciando aromas

y empieza a curvarse tu espléndida espalda.

 

¡Oh mujer esbelta, maternal y ardiente!

Virgen dolorosa que tiene clavadas

todas las estrellas del cielo profundo

en su corazón ya sin esperanza.

 

Eres el espejo de una Andalucía

que sufre pasiones gigantes y calla,

pasiones mecidas por los abanicos

y por las mantillas sobre las gargantas

que tienen temblores de sangre, de nieve

y arañazos rojos hechos por miradas.

 

Te vas por la niebla del otoño, virgen

como Inés, Cecilia, y la dulce Clara,

siendo una bacante que hubiera danzado

de pámpanos verdes y vid coronada.

 

La tristeza inmensa que flota en tus ojos

nos dice tu vida rota y fracasada,

la monotonía de tu ambiente pobre

viendo pasar gente desde tu ventana,

oyendo la lluvia sobre la amargura

que tiene la vieja calle provinciana,

mientras que a to lejos suenan los clamores

turbios y confusos de unas campanadas.

 

Mas en vano escuchaste los acentos del aire.

Nunca llegó a tu oído la dulce serenata.

Detrás de tus cristales aún miras anhelante:

¡Qué tristeza tan honda tendrás dentro del alma

al sentir en el pecho ya cansado y exhausto

la pasión de una niña recién enamorada!

 

Tu cuerpo irá a la tumba intacto de emociones.

Sobre la oscura tierra brotará una alborada.

De tus ojos saldrán dos claveles sangrientos

y de tus senos rosas como la nieve blancas.

Pero tu gran tristeza se irá con las estrellas,

como otra estrella digna de herirlas y eclipsarlas.

 

 

SANTIAGO

(BALADA INGENUA)

25 de julio de 1918. (Fuente Vaqueros, Granada.)

 

I

Esta noche ha pasado Santiago

su camino de luz en el cielo.

Lo comentan los niños jugando

con el agua de un cauce sereno.

 

¿Dónde va el peregrino celeste

por el claro, infinito sendero?

Va a la aurora que brilla en el fondo

en caballo blanco como el hielo.

 

¡Niños chicos, cantad en el prado

horadando con risas el viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago

en tropel con doscientos guerreros.

Iban todos cubiertos de luces,

con guirnaldas de verdes luceros,

y el caballo que monta Santiago

era un astro de brillos intensos.

 

Dice el hombre que cuenta la historia

que en la noche dormida se oyeron

tremolar plateado de alas

que en sus ondas llevóse el silencio.

 

¿Qué sería que el río paróse?

Eran ángeles los caballeros.

 

¡Niños chicos, cantad en el prado

horadando con risas el viento!

 

Es la noche de luna menguante.

¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,

que los grillos refuerzan sus cuerdas

y dan voces los perros vegueros?

 

‑Madre abuela, ¿cuál es el camino,

madre abuela, que yo no to veo?

 

‑Mira bien y verás una cinta

de polvillo harinoso y espeso,

un borrón que parece de plata

o de nácar. ¿Lo ves?

‑Ya lo veo.

 

‑Madre abuela, ¿dónde está Santiago?

‑Por allí marcha, con su cortejo,

la cabeza llena de plumajes

y de perlas muy finas el cuerpo,

con la luna rendida a sus plantas,

con el sol escondido en el pecho.

 

Esta noche en la vega se escuchan

los relatos brumosos del cuento.

 

¡Niños chicos, cantad en el prado,

horadando con risas el viento!

 

II

Una vieja que vive muy pobre

en la parte más alta del pueblo,

que posee una rueca inservible,

una virgen y dos gatos negros,

mientras hace la ruda calceta

con sus secos y temblones dedos,

rodeada de buenas comadres,

y de sucios chiquillos traviesos,

en la paz de la noche tranquila,

con las sierras perdidas en negro,

va contando con ritmos tardíos

la visión que ella tuvo en sus tiempos.

 

Ella vio en una noche lejana

como ésta, sin ruidos ni vientos,

al apóstol Santiago en persona,

peregrino en la tierra del cielo.

 

‑Y comadre, ¿cómo iba vestido?-

­le preguntan dos voces a un tiempo.

 

‑Con bordón de esmeraldas y perlas

y una túnica de terciopelo.

 

Cuando hubo pasado la puerta,

mis palomas sus alas tendieron,

y mi perro, que estaba dormido,

fue tras él, sus pisadas lamiendo.

Era dulce el Apóstol divino,

más aún que la luna de enero.

A su paso dejó por la senda

un olor de azucena y de incienso.

 

‑Y comadre, ¿no le dijo nada?-

­le preguntan dos voces a un tiempo.

 

‑Al pasar me miró sonriente

y una estrella dejóme aquí dentro.

 

‑¿Dónde tienes guardada esa estrella?‑

le pregunta un chiquillo travieso.

 

‑¿Se ha apagado ‑dijéronle otros­-

como cosa de un encantamiento?

 

‑No, hijos míos, la estrella relumbra,

que en el alma clavada la llevo.

 

‑¿Cómo son las estrellas aquí?

‑Hijo mío, igual que en el cielo.

 

‑Siga, siga la vieja comadre.

¿Dónde iba el glorioso viajero?

 

‑Se perdió por aquellas montañas

con mis blancas palomas y el perro.

Pero llena dejóme la casa

de rosales y de jazmineros,

y las uvas verdes de l.a parra

maduraron, y mi troje lleno

encontré a la siguiente mañana.

Todo obra del Apóstol bueno.

 

‑¡Grande suerte que tuvo, comadre!-

sermonearon dos voces a un tiempo.

 

Los chiquillos están ya dormidos

y los campos en hondo silencio.

 

‑¡Niños chicos, pensad en Santiago

por los turbios caminos del sueño!

 

¡Noche clara, finales de julio!

¡Ha pasado Santiago en el cielo!

 

La tristeza que tiene mi alma,

por el blanco camino la dejo

para ver si la encuentran los niños

y en el agua la vayan hundiendo,

para ver si en la noche estrellada

a muy lejos la llevan los vientos.

 

 

 

EL DIAMANTE

Noviembre de 1920. (Granada.)

 

El diamante de una estrella

ha rayado el hondo cielo,

pájaro de luz que quiere

escapar del universo

y huye del enorme nido

donde estaba prisionero

sin saber que lleva atada

una cadena en el cuello.

 

Cazadores extrahumanos

están cazando luceros,

cisnes de plata maciza

en el agua del silencio.

Los chopos niños recitan

su cartilla; es el maestro

un chopo antiguo que mueve

tranquilo sus brazos muertos.

Ahora en el monte lejano

jugarán todos los muertos

a la baraja. ¡Es tan triste

la vida en el cementerio!

 

¡Rana, empieza tu cantar!

¡Grillo, sal de tu agujero!

Haced un bosque sonoro

con vuestras flautas. Yo vuelo

hacia mi casa intranquilo.

 

Se agitan en mi cerebro

dos palomas campesinas

y en el horizonte, ¡lejos!,

se hunde el arcaduz del día.

¡Terrible noria del tiempo!

 

 

 

MADRIGAL DE VERANO

Agosto de 1920. (Vega de Zujaira.)

 

Junta tu roja boca con la mía,

¡oh Estrella la gitana!

Bajo el oro solar del mediodía

morderé la manzana.

 

En el verde olivar de la colina,

hay una torre mora

del color de tu carne campesina

que sabe a miel y aurora.

 

Me ofreces en tu cuerpo requemado,

el divino alimento

que da flores al cauce sosegado

y luceros al viento.

 

¿Cómo a mí te entregaste, luz morena?

¿Por qué me diste llenos

de amor tu sexo de azucena

y el rumor de tus senos?

 

¿No fue por mi figura entristecida?

(¡Oh mis torpes andares!)

¿Te dio lástima acaso de mi vida,

marchita de cantares?

 

¿Cómo no has preferido a mis lamentos

los muslos sudorosos de un San Cristóbal campesino, lentos

en el amor y hermosos?

 

Danaide del placer eres conmigo.

Femenino Silvano.

Huelen tus besos como huele el trigo

reseco del verano.

 

Entúrbiame los ojos con tu canto.

Deja tu cabellera

extendida y solemne como un manto

de sombra en la pradera.

 

Píntame con tu boca ensangrentada

un cielo del amor,

en un fondo de carne la morada

Estrella de dolor.

 

Mi pegaso andaluz está cautivo

de tus ojos abiertos,

volará desolado y pensativo

cuando los vea muertos.

 

Y aunque no me quisieras te querría

por tu mirar sombrío

como quiere la alondra al nuevo día,

sólo por el rocío.

 

Junta tu roja boca con la mía,

¡oh Estrella la gitana!

Déjame bajo el claro mediodía

consumir la manzana.

 

 
CANTOS NUEVOS

Agosto de 1920. (Vega de Zujaira.)

 

Dice la tarde: “¡Tengo sed de sombra!”

Dice la luna: “Yo, sed de luceros.”

La fuente cristalina pide labios

y suspiros el viento.

 

Yo tengo sed de aromas y de risas,

sed de cantares nuevos

sin lunas y sin lirios,

y sin amores muertos.

 

Un cantar de mañana que estremezca

a los remansos quietos

del porvenir. Y llene de esperanza

sus ondas y sus cienos.

 

Un cantar luminoso y reposado

pleno de pensamiento,

virginal de tristezas y de angustias

y virginal de ensueños.

 

Cantar sin carne lírica que llene

de risas el silencio.

(Una bandada de palomas ciegas

lanzadas al misterio.)

 

Cantar que vaya al alma de las cosas

y al alma de los vientos

y que descanse al fin de la alegría

del corazón eterno.

 

 

ALBA

Abril de 1919. (Granada.)

 

Mi corazón oprimido .

siente junto a la alborada

el dolor de sus amores

y  el sueño de las distancias.

La luz de la aurora lleva

semilleros de nostalgias

y la tristeza sin ojos

de la médula del alma.

La gran tumba de la noche

su negro velo levanta

para ocultar con el día

la inmensa cumbre estrellada.

 

¡Qué haré yo sobre estos campos

cogiendo nidos y ramas,

rodeado de la aurora

y llena de noche el alma!

¡Qué haré si tienes tus ojos

muertos a las luces claras

y no ha de sentir mi carne

el calor de tus miradas!

¿Por qué te perdí por siempre

en aquella tarde clara?

Hoy mi pecho está reseco

como una estrella apagada.

 

 

 

EL PRESENTIMIENTO

Agosto de 1920. (Vega de Zujaira.)

 

El presentimiento

es la sonda del alma

en el misterio.

Nariz del corazón,

palo de ciego

que explora en la tiniebla

del tiempo.

 

Ayer es lo marchito,

el sentimiento

y el campo funeral

del recuerdo.

 

Anteayer

es lo muerto.

Madriguera de ideas moribundas,

de pegasos sin freno.

Malezas de memorias

y desiertos

perdidos en la niebla

de los sueños.

 

Nada turba los siglos

pasados.

No podemos

arrancar un suspiro

 

de lo viejo.

El pasado se pone

su coraza de hierro

y tapa sus oídos

con algodón del viento.

Nunca podrá arrancársele

un secreto.

 

Sus músculos de siglos

y su cerebro

de marchitas ideas

en feto

no darán el licor que necesita

el corazón sediento.

 

Pero el niño futuro

nos dirá algún secreto

cuando juegue en su cama

de luceros.

Y es fácil engañarle;

por eso,

démosle con dulzura

nuestro seno.

Que el topo silencioso

del presentimiento

nos traerá sus sonajas

cuando se esté durmiendo.

 

 

CANCIÓN PARA LA LUNA

Agosto de 1920.

 

Blanca tortuga,

luna dormida,

¡qué lentamente

caminas!

Cerrando un párpado

de sombra, miras

cual arqueológica

pupila.

Que quizá sea...

(Satán es tuerto)

una reliquia.

Viva lección

para anarquistas.

Jehová acostumbra

sembrar su finca

con ojos muertos

y cabecitas

de sus contrarias

milicias.

 

Gobierna rígido

la Faz divina

con su turbante

de niebla fría,

poniendo dulces

astros sin vida

al rubio cuervo

del día.

Por eso, luna,

¡luna dormida!

vas protestando

seca de brisas,

del gran abuso

la tiranía

de ese Jehová

que os encamina

por una senda

¡siempre la misma!

Mientras Él goza

en compañía

de Doña Muerte,

que es su querida..

 

Blanca tortuga,

luna dormida,

casta Verónica

del sol que limpias

en el ocaso

su faz rojiza.

Ten esperanza,

muerta pupila,

que el Gran Lenin

de tu campiña

será la Osa

Mayor, la arisca

fiera del cielo

que irá tranquila

a dar su abrazo

de despedida,

al viejo enorme

de los seis días.

 

Y entonces, luna

blanca, vendría

el puro reino

de la ceniza.

 

(Ya habréis notado

que soy nihilista.)

 

 

 

ELEGÍA DEL SILENCIO

Julio de 1320.

 

Silencio, ¿dónde llevas

tu cristal empañado

de risas, de palabras

y sollozos del árbol?

¿Cómo limpias, silencio,

el rocío del canto

y las manchas sonoras

que los mares lejanos

dejan sobre la albura

serena de tu manto?

¿Quién cierra tus heridas

cuando sobre los campos

alguna vieja noria

clava su lento dardo

en tu cristal inmenso?

¿Dónde vas si al ocaso

te hieren las campanas

y quiebran tu remanso

las bandadas de coplas

y el gran rumor dorado

que cae sobre los montes

azules sollozando?

 

El aire del invierno

hace su azul pedazos,

y troncha tus florestas

el lamentar callado

de alguna fuente fría.

Donde posas tus manos,

la espina de la risa

o el caluroso hachazo

de la pasión encuentras.

Si te vas a los astros,

el zumbido solemne

de los azules pájaros

quiebra el gran equilibrio

de tu escondido cráneo.

 

Huyendo del sonido

eres sonido mismo,

espectro de armonía,

humo de grito y canto.

Vienes para decirnos

en las noches oscuras

la palabra infinita

sin aliento y sin labios.

 

Taladrado de estrellas

y maduro de música,

¿dónde llevas, silencio,

tu dolor extrahumano,

dolor de estar cautivo

en la araña melódica,

ciego ya para siempre

tu manantial sagrado?

 

Hoy arrastran tus ondas

turbias de pensamiento

la ceniza sonora

y el dolor del antaño.

Los ecos de los gritos

que por siempre se fueron.

El estruendo remoto

del mar, momificado.

 

Si Jehová se ha dormido

sube al trono brillante,

quiébrale en su cabeza

un lucero apagado,

y acaba seriamente

con la música eterna,

la armonía sonora

de luz y mientras tanto,

vuelve a tu manantial,

donde en la noche eterna,

antes que Dios y el tiempo,

manabas sosegado.

 

 

 

BALADA DE UN DIA DE JULIO

Julio de 1919.

 

Esquilones de plata

llevan los bueyes.

 

‑¿Dónde vas, niña mía,

de sol y nieve?

 

‑Voy a las margaritas

del prado verde.

 

‑El prado está muy lejos

y miedo tienes.

 

‑Al airón y a la sombra

mi amor no teme.

 

‑Teme al sol, niña mía,

de sol y nieve.

 

‑Se fue de mis cabellos

ya para siempre.

 

‑¿Quién eres, blanca niña?

¿De dónde vienes?

 

‑Vengo de los amores

y de las fuentes.

 

Esquilones de plata

llevan los bueyes.

 

‑¿Qué llevas en la boca

que se to enciende?

 

‑La estrella de mi amante

que vive y muere.

 

‑¿Qué llevas en el pecho

tan fino y leve?

 

‑La espada de mi amante

que vive y muere.

 

‑¿Qué llevas en los ojos,

negro y solemne?

 

‑Mi pensamiento triste

que siempre hiere.

 

‑¿Por qué llevas un manto

negro de muerte?

 

‑¡Ay, yo soy la viudita

triste y sin bienes.

 

Del conde del Laurel

de los Laureles!

 

‑¿A quién buscas aquí

si a nadie quieres?

 

‑Busco el cuerpo del conde

de los Laureles.

 

‑¿Tú buscas el amor,

viudita aleve?

Tú buscas un amor

que ojalá encuentres.

 

‑Estrellitas del cielo

son mis quereres,

¿dónde hallaré a mi amante

que vive y muere?

 

‑Está muerto en el agua,

niña de nieve,

cubierto de nostalgias

y de claveles.

 

‑¡Ay! caballero errante

de los cipreses,

una noche. de luna

mi alma te ofrece.

 

‑¡Ah! Isis soñadora.

Niña sin mieles,

la que en bocas de niños

su cuento vierte.

 

Mi corazón te ofrezco,

corazón tenue,

herido por los ojos

de las mujeres.

 

‑Caballero galante,

con Dios te quedes.

Voy a buscar al conde

de los Laureles.

 

‑Adiós, mi doncellita,

rosa durmiente,

tú vas para el amor

y yo a la muerte.

Esquilones de plata

llevan los bueyes.

 

Mi corazón desangra

como una fuente.

 

 

 

IN MEMORIAM

Agosto de 1920.

 

Dulce chopo,

dulce chopo,

te has puesto

de oro.

Ayer estabas verde,

un verde loco

de pájaros gloriosos.

Hoy estás abatido

bajo el cielo de agosto

como yo bajó el cielo

de mi espíritu rojo.

La fragancia cautiva

de tu tronco

vendrá a mi corazón

piadoso,

¡rudo abuelo del prado!

Nosotros

nos hemos puesto

de oro.

 

 

SUEÑO

Mayo de 1919.

 

Mi corazón reposa junto a la fuente fría.

(Llénala con tus hilos,

araña del olvido.)

 

El agua de la fuente su cancióh le decía.

(Llénala con tus hilos,

araña del olvido.)

 

Mi corazón despierto sus amores decía.

(Araña del silencio,

téjele tu misterio.)

 

El agua de la fuente lo escuchaba sombría.

(Araña del silencio,

téjele to misterio.)

 

Mi corazón se vuelca sobre la fuente fría.

(Manos blancas, lejanas,

detened a las aguas.)

 

Y el agua se lo lleva cantando de alegría.

(¡Manos blancas, lejanas,

nada queda en las aguas!)

 

 

 

PAISAJE

Junio de 1920.

 

Las estrellas apagadas

llenan de ceniza el río

verdoso y frío.

 

La fuente no tiene trenzas.

Ya se han quemado los nidos

escondidos.

 

Las ranas hacen del cauce

una siringa encantada

desafinada.

 

Sale del monte la luna,

con su cara bonachona

de jamona.

 

Una estrella le hace burla

desde su casa de añil

infantil.

 

E1 débil color rosado

hace cursi el horizonte

del monte.

 

Y observo que el laurel tiene

cansancio de ser poético

y profético.

 

Como la hemos visto siempre

el agua se va durmlendo,

sonriyendo.

 

Todo llora por costumbre.

Todo el campo se lamenta

sin darse cuenta.

 

 

Yo, por no desafinar,

digo por educación:

"¡Mi corazón!"

 

Pero una grave tristeza

tiñe mis labios manchados

de pecados.

Yo voy lejos del paisaje.

Hay en mi pecho una hondura

de sepultura.

 

Un murciélago me avisa

que el sol se esconde doliente

en el poniente.

 

¡Pater noster por mi amor!

(Llanto de las alamedas

y arboledas.)

 

En el carbón de la tarde

miro mis ojos lejanos,

cual milanos.

 

Y despeino mi alma muerta

con arañas de miradas

olvidadas.

 

Ya es de noche, y las estrellas

clavan puñales al río

verdoso y frío.

 

 

NOVIEMBRE

Noviembre de 1920.

 

Todos los ojos

estaban         abiertos

frente a        la soledad

despintada por el llanto.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

 

Los verdes cipreses

guardaban su alma

arrugada por el viento,

y las palabras como guadañas

segaban almas de flores.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

 

El cielo         estaba marchito.

¡Oh tarde cautiva por las nubes,

esfinge sin ojos!

Obeliscoy chimeneas

hacían pompas de jabón.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

 

Los ritmos se curvaban

y se curvaba el aire,

guerreros de niebla

hacían de los árbolus

catapultas.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

 

¡Oh tarde,

tarde de mi otro beso!

Tema lejano de mi sombra,

¡sin rayo de oro!

Cascabel vacío.

Tarde desmoronada

sobre piras de silencio.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

 

 

PREGUNTAS

Mayo de 1918.

 

Un pleno de cigarras tiene el campo.

‑¿Qué dices, Marco Aurelio,

de estas viejas filósofas del llano?

¡Pobre es tu pensamiento!

 

Corre el agua del río mansamente.

‑¡Oh Sócrates! ¿Qué ves

en el agua que va a la amarga muerte?

¡Pobre y triste es tu fe!

 

Se deshojan las rosas en el lodo.

‑¡Oh, dulce Juan de Dios!

¿Qué ves en estos pétalos gloriosos?

¡Chico es tu corazón!

 

 

LA VELETA YACENTE

Diciembre de 1920. (Madrid.)

 

El duro corazón de la veleta

entre el libro del tiempo

(una hoja la tierra y otra hoja el cielo) .

Aplastóse doliente sobre letras

de tejados viejos.

Lírica flor de torre

y luna de los vientos,

abandona el estarribre de la cruz

y dispersa sus pétalos,

para caer sobre las losas frías

comida por la oruga

de los ecos.

 

Yaces bajo una acacia.

¡Memento!

No podías latir

porque eras de hierro...

mas poseíste la forma;

¡conténtate con eso!

y húndete bajo el verde

légamo,

en busca de tu gloria

de fuego,

aunque te llamen tristes

las torres desde lejos

y oigas en las veletas

chirriar tus compañeros.

Húndete bajo el paño

verdoso de tu lecho,

que ni la blanca monja,

ni el perro,

ni la luna menguante,

ni el lucero,

ni el turbio sacristán

del convento,

recordarán tus gritos

del invierno.

Húndete lentamente,

que si no, luego,

te llevarán los hombres

de los trapos viejos.

Y ojalá pudiera darte

por compañero...

este corazón mío

¡tan incierto!

 

 

 

CORAZON NUEVO

Junio de 1918. (Granada.)

 

Mi corazón, como una sierpe,

se ha desprendido de su piel,

y aquí la miro entre mis dedos

llena de heridas y de miel.

 

Los pensamientos que anidaron

en tus arrugas ¿dónde están?

¿dónde las rosas que aromaron

a Jesucristo y a Satán?

 

¡Pobre envoltura que ha oprimido

a mi fantástico lucero!

Gris pergamino dolorido

de lo que quise y ya no quiero.

 

Yo veo en ti fetos de ciencias,

momias de versos y esqueletos

de mis antiguas inocencias

y mis románticos secretos.

 

¿Te colgaré sobre los muros

de mi museo sentimental,

junto a los gélidos y oscuros

lirios durmientes de mi mal?

 

¿O te pondré sobre los pinos

‑libro doliente de mi amor-

­para que sepas de los trinos

que da a la aurora el ruiseñor?

 

 

 

 

SE HA PUESTO EL SOL

Agosto de 1920.

 

Se ha puesto el sol. Los árboles

meditan como estatuas.

Ya está el trigo segado.

¡Qué tristeza

de las norias paradas!

 

Un perro campesino

quiere comerse a Venus, y le ladra.

Brilla sobre su campo de pre‑beso,

como una gran manzana.

 

Los mosquitos ‑Pegasos del rocío­

vuelan, el aire en calma.

La Penélope inmensa de la luz

teje una noche clara.

 

Hijas mías, dormid, que viene el lobo,

las ovejitas balan.

¿Ha llegado el otoño, compañeras?

dice una flor ajada.

 

Ya vendrán los pastores con sus nidos

por la sierra lejana,

ya jugarán las niñas en la puerta

de la vieja posada,

y habrá coplas de amor

que ya se saben

de memoria las casas.

 

 

 

PAJARITA DE PAPEL

Julio de 1920.

 

¡Oh pajarita de papel!

águila de los niños.

Con las plumas de letras,

sin palomo y sin nido.

 

Las manos aún mojadas de misterio

te crean en un frío

anochecer de otoño, cuando mueren

los pájaros y el ruido

de la lluvia nos hace amar la lámpara,

el corazón y el libro.

 

Naces para vivir unos minutos

en el frágil castillo

de naipes que se eleva tembloroso

como el tallo de un lirio,

y meditas allí ciega y sin alas

que pudiste haber sido

el atleta grotesco que sonríe

ahorcado por un hilo,

el barco silencioso sin remeros ni velamen,

el lírico

buque fantasma del miedoso insecto,

o el triste borriquito

que escarnecen, haciéndolo Pegaso,

los soplos de los niños.

 

Pero en medio de tu meditación

van gotas de humorismo.

Hecha con la corteza de la ciencia

te ríes del destino,

y gritas: Blanca Flor no muere nunca,

ni se muere Luisito.

La mañana es eterna, es eterna

la fuente del rocío.

 

Y aunque no crees en nada dices esto,

no se enteren los niños

de que hay sombra detrás de las estrellas

y sombra en tu castillo.

 

En medio de la mesa, al derrumbarse

tu azul mansión, has visto

que el milano te mira ansiosamente:

Es un recién nacido,

una pompa de espuma sobre el agua

del sufrimiento vivo.

 

Y tú vas a sus labios luminosos

mientras ríen los niños,

y callan los papás, no se despierten

los dolores vecinos.

 

Así pájaro clown desapareces

para nacer en otro sitio,

así pájaro esfinge das tu alma

de ave fénix al limbo.

 

 

 

MADRIGAL

Octubre de 1920. (Madrid.)

 

Mi beso era una granada,

profunda y abierta;

tu boca era rosa

de papel.

 

El fondo un campo de nieve.

 

Mis manos eran hierros

para los yunques;

tu cuerpo era el ocaso

de una campanada.

 

El fondo un campo de nieve.

 

En la agujereada

calavera azul

hicieron estalactitas.

mis te quiero.

 

El fondo un campo de nieve.

 

Llenáronse de moho

mis sueños infantiles,

y taladró la luna

mi dolor salomónico.

 

El fondo un campo de nieve.

 

Ahora maestro grave

a la alta escuela,

a mi amor y a mis sueños

(caballitos sin ojos) .

 

Y el fondo es un campo de nieve.

 

 

UNA CAMPANA

Octubre de 1920.

 

Una campana serena

crucificada en su ritmo

define a la mañana

con peluca de niebla

y arroyos de lágrimas.

Mi viejo chopo

turbio de ruiseñores

esperaba

poner entre las hierbas

sus ramas

mucho antes que el otoño

lo dorara.